La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Octubre 12th, 2010

El filósofo griego Parménides (515-440 a.C) nace en la ciudad de Elea, colonia griega del sur de la Magna Grecia (la actual Italia), donde llegará fundar una escuela y a tener importantes seguidores como Zenón de Elea y Meliso de Samos, y representa una línea de pensamiento novedosa respecto de los anteriores físicos jonios. Esta nueva perspectiva puede apreciarse tanto en su actitud política (pues participa activamente en el gobierno de su ciudad, llegando incluso a establecer leyes nuevas para sus compatriotas) como en la forma de enfocar su filosófica, que redacta en verso (concretamente en hexámetro, recuperando así la tradición de Homero y Hesíodo). De hecho, solo conservamos de él un poema de carácter épico didáctico conocido como “Poema de la naturaleza”, de tono enigmático y carácter histérico (referido a los “misterios órficos”), dividido en tres partes: un “proemio”, una primera parte o “vía del ser y de la verdad” y una segunda parte o “vía del no-ser o de la apariencia”. He aquí el poema:

Pues bien, yo diré, guarda tú la palabra después

de haberla oído,

cuales son las únicas vías de investigación

pensables:

la una es que es y no es no ser

es la vía de la Persuasión -pues sigue a la verdad-

la otra es que no es y es por necesidad no ser, te

digo que esta es una vía impracticable:

pues no conocerías lo no ente -ya que no es

posible- ni lo expresarías.

[…] pues es lo mismo pensar que ser“.

Parménides, Proemio (Poema de la naturaleza)

Parménides muestra una falsa disyunción, o un camino u otro, pero como el segundo no puede ser, sólo nos queda uno: el de que “es”. ¿Y qué es? Se trata de un problema lingüístico. “Ser” tiene dos funciones muy claras: una función verbal, como verbo copulativo, y una función nominal o existencial, en la que funciona como sujeto. Lo que nos revela el poema es que el verbo ser puede usarse en forma nominal, cosa que no se había hecho hasta entonces. Ahora ya podemos responder a la pregunta “¿qué es?”: “el ser es”. Pero las consecuencias no serán solo lingüísticas, sino lógicas, epistemológicas y, sobre todo, ontológicas. Pues la revelación de la diosa es una revelación tautológica: “el ser es, y el no-ser no es”. De este primer principio podemos partir para deducir todo lo demás: “lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son la misma cosas”. Lo que no es real (lógico) ni siquiera puede ser pensado, pues todo pensamiento es de algo.

La revelación resulta aparentemente inocente, pero desde el momento en que decimos que algo es, ya no podemos decir que fue o que será, porque eso sería tanto como decir que no es: “el ser y el no-ser son absolutos”. Y las consecuencias lógicas y ontológicas de este supuesto son terribles: “el devenir es imposible”. Si suponemos que las cosas devienen, estamos suponiendo que todavía no son, y que por tanto, llegarán a ser desde el no-ser, lo cual es imposible: el camino del ser y del verdadero pensamiento es el mismo, el otro camino es el de las apariencias, el de los sentidos, el del no-ser. Parménides niega a Heráclito, que mantenía la contradicción (los opuestos), por considerar su pensamiento totalmente ilógico (que le pasa por confiar en los sentidos): la idea del fluir constante es insostenible lógicamente, porque considerar que una cosa cambia es considerar que llega a ser lo que no es. “El movimiento es imposible”, por más que lo apreciemos por nuestros sentidos. Un ejemplo de lo que decimos lo podemos comprobar el este vídeo, en el que se expresan las conclusiones aportadas por el discípulo Zenón en sus famosas “paradojas contra el movimiento”).

Después de que el iniciado ha sido partícipe de la revelación, pide “señales”, pues se nos ha dicho que el ser es, pero no cómo es. Sus atributos habrán de deducirse lógicamente de la tautología inicial: es uno (no hay pluralidad, pues entre un ser y otro habría no-ser, lo cual es tan ilusorio como imposible), es eterno (inengendrado e imperecedero), es continuo e indivisible (contra lo que nos indican nuestros sentidos), es homogéneo (carece de grados. No hay más ser aquí que allí), es inmóvil (pues no existe el vacío y no lugar al que moverse), y curiosamente es finito y limitado (pues el ser es per-fecto, es decir, acabado). Y frente al ser, del no-ser solo se puede decir que no es (una nueva tautología). De hecho, la única manera de llegar a la vía del no-ser, que es una vía impracticable, es dialécticamente, es decir, negándola.

Un ejemplo muy interesante de la forma de entender la realidad según Parménides la encomtramos en la película en “The Matrix” (Warner Bros 1999), en la que los hermanos Larry y Andy Wachowski recrean el famoso poema del autor griego con una fidelidad increíble: llegados a la puerta, nos recibe una Diosa (en este caso un hombre, Morfeo) que nos interroga por los motivos de nuestra búsqueda (no hemos venido aquí traídos por el destino, sino porque nosotros lo hemos querido), nos muestra los dos caminos de conocimiento posibles (la “vía de la opinión“, de la creencia, frente a la “vía de la verdad“, del saber, del verdadero conocimiento) y nos invita a tomar una decisión. No es la única escena significativa de la película, como podemos ver en la secuencia del constructor, cuando Neo descubre el engaño y se pregunta: “¿qué es real?” De nuevo Parménides (anticipando el pensamiento de Platón) afirma: “es lo mismo pensar que ser“, lo real es lo que puedo pensar (“noein”, no tanto pensar como “ver”, “percatarse de algo”), lo que mi cerebro “ve“, “interpreta“, porque lo “conoce“, lo “construye“.

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