La casa de Elrond

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¡Hacer ciudad!

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

La filosofía griega en general, y la sofística en particular, solo pudieron haber surgido en la polis, por eso los “sophistai” harán sobre todo una filosofía de carácter “político” (en el sentido etimológico del término, es decir, una filosofía que sirve para “hacer ciudad”). Únicamente podemos entender este movimiento si antes entendemos cómo era la ciudad de aquel tiempo: “polis” en griego no significa simplemente ciudad, pues es la cuidad, pero también el Estado. La “ciudad-Estado” está habitada por tres tipos de personas: los “esclavos”, que no eran ciudadanos (de hecho, ni siquiera se los consideraba seres humanos) y por tanto no tienen derechos políticos; los “metecos”, que eran residentes libres extranjeros pero que carecían de derechos (no podían votar, ni heredar, ni tener posesiones a su nombre); y finalmente los “ciudadanos”, residentes libres nacidos en la ciudad (entre los que se excluye a las mujeres y a los menores), que eran los que participaban en el gobierno democrático y tenían todos los derechos de ciudadanía.

El régimen democrático ateniense era muy diferente del nuestro, pues éste es representativo, mientras que aquel era asambleario o directo. La sociedad griega se organizaba en “familias” que se agrupaban en “fratias” o “clanes”, y éstas a su vez en “tribus”; solamente si podías inscribirte en tu correspondiente distrito o “demo” podías hacer “politeia”, que es algo más que lo que hoy entendemos por hacer política, pues no era solo gobernar o administrar desde un cargo público, sino que era, sobre todo, participar en las instituciones, asistir a la asamblea y coger las armas para defender a la polis. Hasta el siglo V los ciudadanos están tan integrados en la ciudad que no tenía sentido para ellos vivir fuera. Hegel dice que en esta época se logró la libertad más bella que ha existido, pues la voluntad del individuo se identificaba con la colectiva. Pero el movimiento propiciado por los sofistas y por Sócrates rompe esta identificación y hace que surja el individualismo y la libertad subjetiva.

A partir de ahora la ciudad idónea para hacer filosofía es Atenas, no las colonias. Muy pocos sofistas eran atenienses (tan solo Antifonte y Critias) todos los demás eran extranjeros: El esplendor económico y cultural, las condiciones políticas de libertad e igualdad (“isonomía”, igualdad ante la ley, e “isegoría”, igualdad en el uso público de la palabra) demandan una filosofía diferente a la de las colonias tanto por su temática como por su método. Los sofistas vienen a satisfacer esta nueva demanda de formación, propia de Atenas más que de otras ciudades, centrada no en la especulación sobre la “physis” sino en algo mucho más práctico y urgente: los asuntos públicos. Se debe resaltar la importancia que tiene en este nuevo sistema el uso de la “palabra” y del “razonamiento” para la defensa de las propias posiciones e intereses a partir de la “argumentación pública”, y los sofistas declaran su capacidad para enseñar las habilidades necesarias para el triunfo social y político.

Es ya un tópico considerar este cambio de orientación con el nombre de “giro antropológico”: Si con los presocráticos el objeto de investigación era la “physis”, ahora, con los sofistas y Sócrates, la filosofía dirige su atención a temas de carácter político, ético y lingüístico. No obstante, Heráclito y Demócrito ya se habían ocupado de la ética y de la política, y los poetas, comediógrafos y trágicos ya se habían preocupado de los problemas humanísticos desde Homero y Hesíodo. Luego si es verdad que hay un giro, pero no un corte ni una discontinuidad entre un pensamiento y otro. Pero ¿cuáles son las causas de este giro? Algunos historiadores sostienen que la filosofía presocrática se había extraviado en multitud de teorías tan dispares y contradictorias que habrían hecho caer a los filósofos en el escepticismo. Pero es más probable que las causas de todo ello fueran de tipo material, social y político: el régimen democrático, la liga contra los persas que favorecía el intercambio de costumbres diferentes, las circunstancias económicas y comerciales, etc.

Existe, pues, una distinta preocupación temática, pero la diferencia entre unos y otros es de actitud. Para empezar, presentarse como “philósophos” es mucho más humilde, por cuanto éste es el que tiende al saber, mientras que el “sophistés” no parece buscar el conocimiento, parece haberlo encontrado ya, y su conocimiento lo muestra como algo tan útil, tan eficaz y tan necesario que lo vende muy caro a aquellos que lo puedan pagar. Los sofistas son esencialmente maestros de “paideia”: enseñan una “educación verdadera” (una formación integral del individuo,  próxima a lo que nosotros entendemos por educación general y que incluía la gimnasia, la gramática, la retórica, la poesía, las matemáticas y la filosofía). Pero sobre todo se declaraban “maestro de virtud” (“arethé”), enseñanza que acometen a partir de la diferenciación entre la “physis” (la ley natural) y el “nomos” (la norma social, moral y política, que no es natural sino convencional) y que les llevará a actitudes marcadamente relativistas, cuando no abiertamente escépticas.

Para un acercamiento más divertido a la Atenas democrática no está de más echar un vistazo al capítulo “El siglo de Pericles”, sexto episodio de la divertida “Érase una vez… el Hombre” (Profidis 1978), conocida serie de animación francesa creada para la televisión por Albert Barillé, en la cual podemos ver desfilar a un buen número de personajes célebres de la época, desde el mismísimo Pericles, padre de la democracia, a Protágoras, Gorgias o Sócrates, además de Fidias, Mirón, Sófocles, Aristófanes y Heródoto, que nos permitirán hacernos una idea del modo de vida griego de la época, y del increíble momento de ebullición que vivía la ciudad en el siglo V. Podéis consultar las tres partes en que se divide el episodio en los siguientes enlaces:

Érase una vez… el Hombre: “El siglo de Pericles” (1/3)

Érase una vez… el Hombre: “El siglo de Pericles” (2/3)

Érase una vez… el Hombre: “El siglo de Pericles” (3/3)

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