La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Octubre 29th, 2010

Vamos a intentar trabajar la famosa “alegoría de la caverna“, presente en el libro VII de “La República”, a través de la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), de los hermanos Larry y Andy Wachowski. Os recuerdo que existen muchas otras películas que nos permiten recrear la escena planteada por Platón, que ha sido siempre un referente fílmico importante en muchos autores modernos: así, por ejemplo, La rosa púrpura de El Cairo” (Orion 1985) del simpatiquísimo Woody Allen; The Truman Show” (Paramount 1998) del australiano Peter Weir; “THX-1138” (WB 1969), la primera y singular película de George Lucas,  o la más reciente “La Isla” (WB 2005) de Michael Bay). También podemos repasar el texto completo en “Webdianoia”, o dejarnos llevar por esta bonita simulación del diálogo realizada por el Doctor mostaza, comprobar su simbología en la interpretación que se nos ofrece en la web Torre de Babel, o bien echarle un vistazo a la explicación  gráfica colgada en el portal Youtube).

Aquí recreamos el momento en el que Neo despierta y se da cuenta del engaño al que ha estado sometido desde su nacimiento. La similitud con el mito es manifiesta: Neo está “encadenado” presa de un engaño perpetrado por las máquinas, y cuando rompe sus cadenas puede contemplar el mundo tal cual es, comenzar a “ascender en el conocimiento” en busca de las ideas. Una grúa le alza desde la cloaca hacia la luz, y lo primero que oye es la famosa frase que dio notoriedad a la película: “Bienvenido al mundo real“. Es llamativo también que le duelan los ojos ante la luz (puesto que los está utilizando por primera vez) y que, tras la escena en el “constructor” se niegue a aceptar la verdad: “No, esto no es verdad. No creo en vosotros. Dejadme en paz“. Merece la pena verlo para poder comprobar hasta que punto los hermanos Wachowski han seguido el texto de Platón con una fidelidad más que notable. Esta recreación nos permite un interesante análisis del mito, que se deja analizar fundamentalmente como un pluralismo gnoseológico.

Efectivamente, podemos comprobar que existen dos escenarios (el de la “doxa” u opinión y el de la “episteme” o inteligencia), cada uno de los cuales se haya a su vez dividido en dos espacios. En el momento que descubrimos el mecanismo de la producción de la “conjetura”,  que eran las sombras, necesitamos conocer la realidad misma, pues si nos quedáramos con las estatuas estaríamos en la “creencia” sobre como sería el mundo. Por eso se inicia una ascensión para salir de la cueva.

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Pero la realidad no puede ser captada a primera vista porque nos encontramos acostumbrados a las condiciones de luz de la caverna, y el primer contacto con la luz es doloroso, y es imposible mirar al sol directamente, por lo que deberemos mirar los objetos por la noche o reflejados en lagos o estanques, esto es, bajo hipótesis (“pensamiento”). Y solo cuando nuestros ojos se hayan acostumbrado, podremos mirar la realidad tal y como es (“inteligencia”).

La dialéctica se nos presenta ahora como un camino de ida cognitiva (“regressus”) y de vuelta práctica (“progressus”). El primero consiste en una destrucción de las evidencias sensibles (“eikasía”), que solo nos proporcionan sombras, y en una trituración de las opiniones y creencias (“pístis”), que el descubrimiento de las imágenes inanimadas, cuyas sombras vemos, nos provocan. Pero consiste también en remontar o superar a través del conocimiento discursivo (“dianoia”) las propias hipótesis en las que se fundan las ciencias de las que nos servimos para escalar la escarpada pendiente que conduce a la luz. Platón nos precisa las ciencias que jalonan este ascenso, a saber: “la aritmética y la ciencia del cálculo, que tienen por objeto el numero: la geometría plana y la estereometría o geometría de los cuerpos sólidos y la astronomía y la música”. Tras ella se consuma el momento teórico o cognoscitivo de la dialéctica, pues se está ya en disposición de ascender “solo mediante la razón hasta la esencia de las cosas”. Platón solo reconoce como verdadera ciencia el conocimiento dialéctico (“nóesis”) de la esencia, la forma o la idea.

El momento práctico del método dialéctico, el “progressus”, la vuelta a la caverna, a la vida política y moral, tiene como objetivo instaurar “una sociedad más justa y más feliz”. Es el trabajo que se encomienda a los filósofos: el retorno para enseñar a los demás que otro camino es posible para acceder a la verdad, y que es necesario renunciar a la apariencia para buscar la “verdadera realidad”, que son las “ideas”. Es también interesante ver el momento final de la película que hemos analizamos, cuando Neo, consciente de lo que ha llegado a conocer, se dirige a los demás hombres encadenados (es decir, a todos nosotros, que vivimos en la ignorancia) para decirles que otro mundo es posible, un mundo sin máquinas, esto es, sin engaños. Para trabajar un poco más esta temática convendría revisar además el artículo “El engaño, el progreso y el regreso” en este mismo blog (en la categoría de Filosofía y ciudadanía).

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