La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Diciembre 1st, 2010

Acabamos de concluir nuestro repaso a los conceptos de valor y norma tratando de establecer una relación entre ambos, al afirmar que una “norma moral” es en realidad un “valor moral” puesto en forma imperativa, en forma de mandato. Así por ejemplo, si mi valor consiste en “respetar la propiedad de los demás”, transformo este valor en una norma al convertirlo en un mandato del tipo: “respetaré la propiedad privada” (norma positiva) o bien “no me apropiaré de bienes ajenos” (norma negativa o prohibición). También hemos afirmado que las normas son normas morales cuando podemos asignarles o reconocerles al menos estas tres características, definidas aquí por la filósofa Adela Cortina: “autoobligación”, “incondicionalidad” y “universalidad”.

El primero de estos términos es verdaderamente interesante: se trata de una exigencia de obediencia que uno mismo se impone, sin provenir de ninguna autoridad y sin ninguna necesidad de que los demás se enteren o no de su cumplimiento, exigencia que no tiene que ver con el aplauso o condena por parte de la sociedad, sino con el “respeto a uno mismo”, a nuestra forma de valorar y sentir la realidad. He seleccionado un vídeo para ejemplificar esta idea: se trata de la película “Do the Right Thing” (40 Acres 1989) de Spike Lee, cuyo título es suficientemente elocuente, donde se reproduce una pequeña anécdota que ya fue contada hace años por Charles Laughton en la memorable “La noche del cazador” (Unitet Artist 1955) y que también podéis consultar en este enlace: la lucha entre el amor y el odio que se plantea en cada uno de nosotros a la hora de tomar una decisión, y que debemos saldar… “haciendo lo correcto”.

Las otras dos características nos permiten introducir el pensamiento del filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant, autor que supone un giro radical en la forma de entender la ética, afirmando que el contenido material de la acción no es importante, puesto que es la “forma” en que la “acción“ se ejecuta lo que debe preocuparnos. Kant niega una finalidad para la acción humana, puesto que no es la felicidad, ni el placer, ni la utilidad, lo que debe movernos a la acción, sino que debemos ser conscientes de que hay una serie de “mandatos” que debemos seguir, que nos obligan, que deben ser cumplidos (aunque seguirlos no nos haga felices o no nos produzca placer). A estos mandatos les da el nombre de “imperativos”, puesto que no solamente nos obligan, sino que además son incondicionales (como acabamos de ver) y universales (de aplicación para toda persona o ser racional en todo momento y lugar).

Casi cualquier película dirigida por Clint Eastwood centra parte de su atención en esta temática acerca del deber: así “Los puentes de Madison” (1995), “Million Dollar Baby” (2004), Cartas desde Iwo Jima” (2006),  o la más reciente “Gran Torino” (2008), pero os he seleccionado este pequeño momento de “Unforgiven” (WB 1992) de la que os ofrezco una extraordinaria escena que ejemplifica a la perfección el pensamiento kantiano. El director da muestras de eso que hemos llamado “principio de reciprocidad”, y que consiste en hacer a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti” (principio positivo) o bien “no hacer a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti” (principio negativo). Y a continuación se entera de que uno de sus amigos ha sido detenido, torturado y asesinado… a pesar de no haber cometido ningún delito o haber hecho daño a nadie. Evidentemente se trata de un western, con lo que el viejo ladrón se toma la justicia por su mano para devolver al maltratador el daño que este ha ocasionado.

eBlog | Login
Subscribe to La casa de Elrond