La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Diciembre 7th, 2010

Continuamos nuestro pequeño análisis de la metafísica por el camino de la ontología, es decir, la teoría acerca del ser, y nos centramos en la pregunta por la realidad. Hemos comentado en clase una posible definición negativa del término, tratando de oponer “realidad” a “apariencia”, por un lado, y a “posibilidad” por otro. Realidad sería todo aquello que “no es aparente”, y si bien la apariencia nos puede mostrar el ser real de las cosas (recordad el reciente artículo sobre la verdad metafísica), lo común es suponer que la apariencia esconde u oculta el ser real de las cosas, en cuyo caso la realidad estaría más allá de lo que las cosas parecen ser. Pero también hemos comentado que la apariencia puede ser el camino para descubrir al ser real de las cosas, como muestra el siguiente ejemplo. La película “Entrevista con el vampiro” (Geffen 1994) de Neil Jordan nos muestra a un grupo de vampiros dirigiendo un pintoresco teatro parisino en el que se representan historias de vampiros, y donde nuestros protagonistas “son vampiros que juegan a ser actores que juegan a ser vampiros“.

El concepto de realidad también se opone al de posibilidad: lo posible es lo que “aún no es real”, “lo que no existe”, pero que es algo que “podría llegar a ser”, porque actualmente se dan las condiciones para que sea real en el futuro. Casi cualquier película de ciencia ficción parte de este principio para mostrarnos una realidad posible, no actual sino ficticia. En buen ejemplo lo encontramos en la saga “The Terminator” (Pacific Western 1984) de James Cameron, especialmente en su segunda entrega, en la que un robot nos muestra como ser más humanos. La máquina cibernética que da título a la película sirve como perfecto ejemplo de lo que los filósofos llamamos “contrafáctico”: se trata de un objeto que no existe porque no se ha producido aún, por lo que pensar en él supone vulnerar la realidad, pensar “contra los hechos”. El terminator es un “ciborg” procedente del futuro, con una tecnología tan avanzada que es, literalmente, increíble. Pero el mismo robot que visita el presente es en realidad el principio de esa realidad futura, porque su tecnología inspira a los científicos a desarrollarla.

La definición positiva de realidad es mucho más difícil de alcanzar, toda vez que al término realidad habremos de añadirle siempre un adjetivo que lo clarifique: realidad necesaria, contingente, física, psíquica, virtual… Todas ellas nos ofrecen dificultades de interpretación, como mostramos a continuación en esta escena de la película “Doce monos” (Universal 1995) del director americano Terry Gilliam, uno de los seis gamberros que dieron origen a los Monty Python, el grupo de humor británico más irreverente del que se tiene noticia. Esta película juega permanentemente a alterar el sentido de la realidad, tanto física como psíquica. Os resumo la historia brevemente: John Cole es un enviado del futuro que regresa al año 1995 para recoger datos que permitan comprender el desastre biológico que ha asolado el planeta tras una pandemia o infección masiva de la practica totalidad de la población por culpa de la manipulación genética cometida por un grupo terrorista conocido como el “ejército de los 12 monos“.

Ni que decir tiene que, en cuanto él les cuenta esta historia a los atónitos policías de Baltimore, estos le encierran en un manicomio y le ponen inmediatamente a tratamiento médico. Lo que ocurre a partir de aquí es que el propio Cole comienza a dudar de sus certezas, y a suponer que realmente él es un enfermo y no un hombre del siglo XXI que ha venido a salvar a la humanidad. Incluso, cuando vuelve a su propio tiempo, desprecia a todos cuantos les rodean porque, afirma: “vosotros no sois reales, solo estáis en mi mente“. Fijaos en la secuencia en la que uno de los internos del hospital, un enfermo con “divergencia mental”, le plantea a Cole la duda esencial que se planteaba René Descartes: aunque para mí esto es una realidad “evidente“, lo cierto es que todo lo que yo conozco y doy por válido no es más que producto de mi mente enferma. Claro que podemos jugar a interpretar la escena desde la razón, o bien desde los sentidos (de David Hume), para así hacernos una idea de las distintas posibilidades del conocimiento: ¿idealismo o realismo? ¿O todo es fenomenológico? ¿O todo es hermenéutica, interpretación?

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