La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

El célebre pensador romano Marco Aurelio, que ha pasado a la historia como uno de los filósofo estoicos de mayor renombre antes que como Cesar del Imperio o como conquistador de Germania (sus “Meditaciones” son un texto muy recomendable, no solo para los amantes de la filosofía, sino para cualquiera que se encuentre un poco “depre” y quiera “levantarse el ánimo”), es una de las piezas claves para entender la película “Gladiator” (Universal 2000) del director Ridley Scott, que narra la historia del general hispano Maximo Decimo Meridio, mano derecha del Emperador, que asume la carga de sucederle y regresar a Roma con el fin de reinstaurar la República, aunque en el camino se cruce el hijo del emperador, Comodo, que usurpará su poder y le intentará dar muerte (a él y a toda su familia). Esclavizado, Maximo resurge adquiriendo fama como luchador en el circo y desafiando al nuevo y poderoso Cesar, ganándose el favor de las masas y enfrentándose a él en un combate sobre la arena del que sale victorioso, pues aunque este le cueste la vida, ha conseguido cumplir la palabra dada al difunto Marco Aurelio (escena recogida en este enlace, que está en italiano).

He seleccionado dos fragmentos muy interesantes: en el primero podemos ver a Maximo al frente de sus tropas en la impresionante batalla contra los germanos que abre la película, en la que el general hace gala de todas las excelencias que se esperan de un guerrero: arrojo, valor, furia, templanza… todas ellas se aprecian en el respeto que le tienen sus hombres, el miedo que le profesan sus enemigos y la devoción que le guarda Marco Aurelio, que ve en él al hombre adecuado para sucederle. El propio emperador enumera estas virtudes a su hijo Comodo: “sabiduría”, “justicia”, “fortaleza” y “templanza”, virtudes de las que aquel carece, y que le impulsan a desafiar a su padre dándole muerte (lo que es un error histórico, por otro lado) como única manera de saciar su ambición. El contraste entre ambos personajes nos obliga a decantarnos del lado de Maximo y a despreciar las “virtudes” del joven Comodo, incapaz de aceptar el orden natural de las cosas. Seguro que os estáis preguntando si la forma de actuar de Maximo se aproxima al ideal ético de los estoicos: durante la película, Maximo recibe muchos golpes, físicos y morales, y llora amargamente la muerte de sus familiares, pero poco a poco va aceptando ese destino, al tiempo que acepta también la misión para la que parece haber nacido, que no es otra que la que Marco Aurelio le ha encomendado, y que él acomete como un deber ineludible.

Marco Aurelio es uno de los representantes de la llamada “estoa tardía”, corriente de pensamiento que se inicia con Zenón de Citio, quien afirmaba en su obra “Sobre el logos” que había tres clases de discurso filosófico: el físico, el lógico y el ético. Será su discípulo Crisipo de Soli, quien establezca las subdivisiones de la ética: sobre el impulso, sobre los bienes y los males, sobre las pasiones (“pathé”) y afecciones, sobre el fin, sobre los deberes (“kathekón”). Afirma este autor que el primer impulso (movimiento hacia algo o movimiento de evitación de algo) del animal es el de cuidarse a sí mismo, pues el rasgo característico de cualquier animal es su propia constitución, y la conciencia de la misma. Pero la Naturaleza ha dotado además a ciertos animales con “logos”, que Crisipo define de forma muy plástica como una “artesanía” que permite modelar, elaborar, manipular, manufacturar, en definitiva, racionalizar los impulsos. De este modo, el “vivir bajo la razón” es para los estoicos “vivir conforme a la Naturaleza”, y esto es tanto como decir “vivir según la arethé”.

La desvinculación estoica entre la “arethé” y las emociones (vínculo evidente en la ética de Aristóteles, como vimos en artículos precedentes, pero que los estoicos niegan) les obliga a definirla exclusivamente desde el “logos”: las virtudes son sobre todo “conocimiento” (la prudencia es conocimiento de lo bueno y de lo malo; la valentía, de lo elegible y evitable… y así sucesivamente). Toda “arethé”, así entendida, es un “bien” (“agathón”), en el sentido de un “cierto fortalecimiento o beneficio” de la misma conforme a su naturaleza racional. Y de todos los bienes posibles (bienes respecto del alma, bienes respecto de las cosas externas, o bienes indiferentes), los primeros será las virtudes, y las acciones realizadas con arreglo a ellas, pues suponen un fortalecimiento y beneficio evidente: la “felicidad” (“eidaimonia”). En este sentido, el ideal ético de los estoicos consistirá en la “apatheia” o ausencia de todo deseo y pasión y en la imperturbabilidad ante los infortunios, pues la virtud consiste en la aceptación del orden cósmico predeterminado y en acomodar la propia vida a ese orden de la naturaleza.

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  1. Looc Said,

    Hola, me gusta tu blog y el modo en el que cuentas las cosas. Me gustaria que te pasases por mi blog en creación: www.elporquedetodaslascosas.blogspot.com

    Gracias por tus palabras, y por tu cordial invitación.
    Me pasaré por tu blog en cuanto me sea posible.
    Un saludo

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