La casa de Elrond

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¡Una de romanos!

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

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Puesto que no tendremos mucho tiempo para repasar las aportaciones romanas al mundo de la filosofía (tanto en la República como en el Imperio), basten aquí unas líneas para sintetizar el pensamiento de la época de la mano de las escuelas más significativas y de sus autores más representativos. De entre las primeras, merecen especial mención la Escuela Neoplatónica, la Escuela Estoica y su continuadora, la Escuela estoica de Rodas, así como la famosísima Escuela de Alejandría, de la que tendremos ocasión de hablar en un futuro artículo. Entre los pensadores más insignes de este periodo, destacamos, por orden cronológico, a Posidonio (135-50 a.n.e), Cicerón (106-43), Lucrecio  (96-55), Filón de Alejandría (25 a.n.e.-50) y Lucio Anneo Séneca (4 a.n.e.-65) entre los primeros autores del imperio; Plinio el Viejo (23-79), Plutarco (45-125) y Epicteto (50-138) en el primer siglo de nuestra era; Marco Aurelio Antonino (121-180),  Apuleyo (125), Celso (170) y Sexto el Empírico (200) en la segunda centuria y a Diógenes Laercio (225-250), Plotino (205-270) y Orígenes el Neoplatónico (205-270) entre los autores de la tercera centuria. Como un repaso sistemático a todos ellos resultaría imposible, nos limitamos a señalar algunos aspectos esenciales de cinco de estos autores.

Cicerón (106-43 a.n.e.) filósofo y político romano, sintetizó la tradición griega y la reescribió en latín. Se le suele vincular con la nueva Academia platónica, si bien fue discípulo del epicúreo Fedro, del académico Filón y de los escépticos Zenón y Posidonio, entre muchos otros. Esta multiplicidad de maestros hizo que Cicerón aplicara distintas concepciones a los problemas filosóficos. Sus planteamientos relativos a la moral estaban cercanos al estoicismo, mientras que en gnoseología defendía un escepticismo moderado.

Filón de Alejandría (25 a.n.e.-50) sumó la filosofía griega, en especial las ideas platónicas y pitagóricas, a la religión judaica en un amplio sistema que anticipó el neoplatonismo y el misticismo judío, cristiano y musulmán. Insistió en la naturaleza transcendente de Dios, que supera el entendimiento y por lo tanto resulta indescriptible para los mortales; describió el mundo natural como una serie de etapas descendentes desde Dios y que terminan en la materia como origen del mal.

Plutarco (aprox. 45-125) político y filósofo neoplatónico, interpretó las doctrinas de Platón desde una perspectiva religiosa, practicando cierto eclecticismo en el que confluyen algunas de las doctrinas del estoicismo y del epicureísmo, aunque por lo general Plutarco discrepaba de estas corrientes por apartarse de la verdad religiosa y combatió a dichas escuelas en sus obras.

Celso (aprox. 170) platónico que defendió tesis semejantes a las de Ático, pero menos influenciado por epicúreos y estoicos. Como los neoplatónicos introdujo una demonología, pero en contra del cristianismo (y no afín como la de Plutarco), tal y como se muestra en su obra “Doctrina verdadera”, que en gran parte ha pervivido por las citas que los escritos de Orígenes contienen contra esta obra.

Diógenes Laercio (aprox. 225-250) escribió la obra “Vidas y opiniones de los filósofos”, formada por diez libros, cada uno de los cuales está dividido en varios capítulos dedicados a distintos filósofos, abarcando desde Tales de Mileto a Epicuro, y la obra en su conjunto constituye una de las fuentes más importantes para la historia de la filosofía antigua. Para la composición de esta obra, Diógenes utilizó como fuentes a Hermipo, Apolodoro de Atenas, Demetrio y Favorino.

Mención aparte merece la figura de Plotino (205-270) considerado sin duda el más eminente de los filósofos neoplatónicos. Discípulo de Amonio Sacas, fundador de esta corriente de pensamiento beligerante con el cristianismo en el siglo II, Plotino basó sus ideas en los escritos místicos y poéticos de Platón, los pensadores pitagóricos y Filón. El autor de las “Enéadas” sostiene que la principal razón de ser de la filosofía es educar a los individuos para la experiencia del éxtasis con Dios (o “lo Uno”), Dios que está más allá del entendimiento racional y es fuente originaria de toda realidad. El Universo emana de lo Uno por un proceso misterioso de comunicación de energía divina en planos sucesivos. Los niveles más altos forman lo Uno, el “logos”, que contiene las ideas platónicas, y el “alma cósmica”, que da lugar a las almas humanas y a las fuerzas de la naturaleza. Las demás cosas que emanan de lo Uno, según Plotino, cuanto más imperfectas y malas son, más cerca están del límite de la materia en su estado original. El fin más elevado de la vida es depurarse uno mismo de la dependencia de la conformidad física y, a través de la “meditación filosófica”, disponerse para una “reunión extática con lo Uno”.

Con posterioridad a Plotino, otros tres filósofos tratarán de dar al neoplatonismo una mayor unidad sistemática. Se trata de Porfirio (232-304), Jámblico (250-325) y Proclo (410-485). Pero el más sobresaliente de los sucesores de Plotino será Boecio (480-524), que es considerado por muchos “el último romano y el primer escolástico”, pues será quien transmita a la escolástica la terminología latina y el afán por la concordancia, además de poner las bases de lo que luego serán el “trivium” y el “quadrivium”. En su obra (“Sobre la Consolación por la filosofía”) plantea una terapia a partir de un diálogo ficticio con la doctora filosofía sobre el tema de la “providencia divina”: “es Dios quien ha creado y quien dirige el mundo, y también quien le proporciona su unidad”, por lo que el destino y el mal que operan en éste no son más que una desviación del centro divino; desde aquí, aventura la tesis de que el hombre debe basarse en su razón y tomar una actitud indiferente ante las cosas externas.

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