La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Enero 24th, 2011

De los muchos ejemplos que ha aportado el cine sobre la época medieval, sin duda uno de los más interesante es “El nombre de la rosa” (WB 1986) del francés Jean-Jacques Annaud, basado en la novela homónima del italiano Umberto Eco, un notable ejercicio de estilo de uno de los mayores especialistas en filosofía medieval del que se tiene noticia. El relato tiene lugar en una recóndita abadía del norte de Italia, hacia mediados del siglo XIV. Ya hemos visto en clase que es esta una época de renovación intelectual: la escolástica, como forma de educación cristiana integral, ha entrado definitivamente en crisis. La película cuenta la historia de Guillermo de Baskerville, trasunto de Guillermo de Ockham (1280-1349), con el que Eco quiere que comparta el nombre (y para dejarlo más claro, toma el apellido de la novela “El sabueso de los Baskerville” (1901) de Sir Arthur Conan Doyle, la primera obra en la que aparece el personaje de Sherlock Holmes, con el que nuestro Guillermo tiene notables similitudes, en especial en la utilización del método inductivo). El tal Guillermo es testigo de una serie de “hechos asombroso y terribles” que su inteligencia racional y empírica no puede evitar desentrañar.

Sólo por admirar el ambiente que rodea a la película, la autenticidad de los lugares, la dramatización de los personajes y el rigor histórico con que se muestra esta época convulsa y fascinante, merece la pena verla: fijémonos en la recreación de la abadía, con los distintos lugares de uso: la iglesia, el coro, el claustro, la biblioteca, la herboristería, la huerta, la cocina…; pero también en los modos y ademanes de los personajes: el abad, los escribanos, los novicios, la gente del pueblo que paga los diezmos…; además de los objetos, los vestidos, los libros… y por supuesto las conversaciones. Aunque el argumento central reposa en la resolución de una serie de enigmáticos crímenes (en torno a la posesión del libro II de “Poética (Ars Poetica) que Aristóteles dedica a la comedia, y del que no se tiene constancia), la película desarrolla una interesante polémica entre los monjes dominicos y los monjes franciscanos, orden esta última que predica la pobreza de Cristo y asume esa misma pobreza para la Iglesia (algo que los dominicos no están dispuestos a tolerar, por lo que llegarán a acusar a los seguidores de Francisco de Asís de herejes). Podéis echar un vistazo a los videos anexos para comprobar este ambiente con más detalle (en especial los titulados: “La risa” y “Escena del juicio”.

He aquí un vídeo verdaderamente curioso: su autor ha seleccionado seis cortes para tratar de explicarnos las relaciones entre la razón y la fe, tema este central para toda la filosofía escolástica. Recordemos que, mientras los averroístas se acogen a la teoría de la “doble verdad” (la verdad teológica o de fe y la verdad filosófica o de razón son dos principios irreconciliables), los tomistas afirman que es posible establecer una conexión entre ambas, a saber, los llamados “preambula fidei”, una suerte de verdades mixtas (como la inmortalidad del alma o la eternidad del universo) accesibles tanto a través de la fe como de la razón, con lo que se salva la polémica asegurando el conocimiento de Dios desde los dos puntos de vista. Como sabemos, Guillermo de Ockham y la tradición crítica del siglo XIV renegará de tales presupuestos tomistas, volviendo a asumir que fe y razón no pueden intersectar, al tratar de temas completamente diferentes. Prestad atención a cada uno de los cortes, en especial “Lógica vs profecía”, “Por qué una prueba vale más que 5000 confesiones” o “La comedia y sus peligros para el dogma”.

La película nos sirve como escusa perfecta para introducir el pensamiento de Tomás de Aquino (1225-1275), quizás el más representativo de los teólogos vinculados a la escolástica. Si bien Alberto Magno (1193-1280) fue el primer pensador medieval que distinguió entre el pensamiento teológico y el saber científico y filosófico (centrado en cuestiones mundanas y atento al mundo natural, según la teoría del conocimiento de Aristóteles), a Tomás le correspondió sistematizar este desafío griego. En “Summa Theologiae” vindica para la teología el carácter de ciencia, si bien en la medida en que sus premisas dependen de la revelación, se trata de una ciencia subordinada a la ciencia divina: la filosofía goza de autonomía, garantizada por la estructura de la mente humana, pero es capaz de alcanzar la verdad porque Dios lo quiere. En lo tocante a la demostración de la existencia de Dios, dividió las pruebas en tres grandes grupos: “a priori”, que van de la causa al efecto; “a simultaneo”, que van de un atributo de la esencia divina a otro; y “a posteriori”, que van del efecto a la causa y que Tomás sintetiza en las archiconocidas Cinco Vías (“Quinque viae”), que parten de cinco principios generales que rigen el orden de los fenómenos y, por prohibición de regreso al infinito, constatan la existencia de cinco entes: Primer motor inmóvil, Causa eficiente primera, Ser necesario, Causa de todas la perfecciones y Suprema inteligencia… y concluye: “y a esto todos le llaman Dios”.

Pero ya que hemos hablado de Guillermo de Ockham, convendría echar un vistazo a una de sus aportaciones más relevantes, la llamada “Navaja de Ockham”, también conocida como “principio de economía”, determinante para el desarrollo de la ciencia moderna, que dice así: “entia non sunt multiplicanda praeter necesitatis”, lo que dicho de otro modo significa que “dadas dos explicaciones para un mismo hecho, la más sencilla siempre es la correcta” (a tal efecto, consultar también los enlaces en los que Guillermo resuelve los crímenes de la abadía: “Primeras deducciones” y “Conclusiones”). La reciente “Contacto” (WB 1997) de Robert Zemeckis, a partir de un relato de ciencia ficción de Carl Sagan, trabaja sobre este presupuesto. La joven científica de la NASA protagonista de la película estudia el cielo en busca de una posible señal de vida inteligente fuera del sistema solar, cuando recibe una misiva extraterrestre en la que, en lenguaje matemático, se ofrecen los planos para la construcción de una nave espacial capaz de transportarla a otra galaxia. Construida la nave, ella viaja en el espacio durante “unas 18 horas”, pero al volver se entera de que la nave no se ha movido de su sitio. Por tanto: ¿qué es más sensato, pensar que ha viajado en el espacio, como ella cree, o que todo ha sido una ilusión, como creen todos los demás? El final de la película nos tiene reservada una pequeña sorpresa… que no os revelo para no estropearos su visión.

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