La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Febrero, 2011

Cogito, ergo sum

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Aunque resulte muy complejo mostrar la ontología cartesiana a través de una película, podemos probar con “The Matrix” (Warner Bros 1999) de los hermanos Larry y Andy Wachowski, de la que he seleccionado un par de clips. En el primero de ellos (que ya tuvimos ocasión de comentar al hablar de los filósofos griegos en “Parménides y la pastilla roja”, y que también nos fue útil para comprender el mito de la caverna de Platón), nos encontramos con la secuencia del constructor, cuando Neo descubre el engaño que supone Matrix y se pregunta “¿qué es real?Parménides había anticipando que “es lo mismo pensar que ser“, lo real es lo que puedo pensar, lo que mi cerebro “ve“, “interpreta“, porque lo “conoce“, lo “construye“. Esta idea enlaza directamente con el pensamiento racionalista de René Descartes. Al ejercitar su duda metódica, el autor elimina la totalidad del mundo real, que queda reducido a puro pensamiento: “cogito ergo sum” (“pienso, luego existo”), y esta es la única certeza que puedo sostener, una certeza a la que llego por una intuición intelectual (en la película, el propio Morfeo indica a Neo: “por desgracia, es imposible explicar qué es Matrix: has de verlo con tus propios ojos”, lo que debemos interpretar a la manera platónica: “ver” (“eideo”) con los “ojos de la mente”). Lo que, en definitiva, sostiene Descartes es que el sujeto precede al objeto, que no es otra cosa que el resultado de la acción del primero, que la realidad es fruto del pensamiento, del sujeto que piensa.

En la segunda escena seleccionada, cuando nuestro protagonista acude a ver al oráculo, se encuentra en la sala de espera con otros posibles “elegidos” como él, uno de los cuales es un niño con aspecto de monje budista que juega con una cuchara, doblándola una y otra vez a su antojo tan solo con el poder de su mente (un truco de magia muy extendido durante los años setenta). El niño convence a Neo de que lo que nos dicen nuestros ojos no es de fiar, pues la cuchara no se dobla; de hecho, es imposible intentar doblarla, y resulta mucho más fácil “comprender la verdad”: y la verdad es que “no hay cuchara” (que esta no existe como algo físico, sino que es el producto de nuestra imaginación). Algo tendría que decir al respecto nuestro viejo amigo Zenón de Elea, que llegó a demostrar la imposibilidad del movimiento con sus famosas “paradojas” (no es extraño, pues, comprobar la línea de pensamiento que une a Parménides y los eléatas, pasando por Platón, con el moderno Descartes, pues todos ellos eran filósofos que privilegiaban la razón como única vía de conocimiento frente al engaño permanente de los sentidos).

Llama poderosamente la atención la frase del niño: “you´ll better realize de truth” (“es mejor que intentes comprender la verdad”); un término muy hermoso este inglés “realize”, que se ha traducido por “comprender” pero que en realidad significa “darse cuenta de” o “caer en la cuenta”, y que aplicado a objetos también se puede traducir como “realizar”. Supongo que ahora entendéis por qué os he puesto la escena en original inglés. ¿No os recuerda el término “realize” a algún otro vocablo español que hemos trabajado últimamente, como por ejemplo “realidad”, que no es otra cosa que el conjunto de las (“res”) cosas? Efectivamente, la realidad “se construye” desde el sujeto, porque es el sujeto quien la “realiza”, quien la “hace real” o le “da realidad” (existencia) con su pensamiento. El niño concluye: “si comprendes que no hay cuchara, entonces no es la cuchara sino tu mismo el que se dobla”. Recordad esta lección, porque volveremos de nuevo a ella cuando hablemos de un filósofo llamado Immanuel Kant y de su famoso “giro copernicano en el conocimiento”. Podéis consultar algo más sobre la película que os sugerimos en estos dos enlaces, en los que se hace un análisis completo de la obra y se ofrecen algunas claves para su comprensión.

Análisis de “THE MATRIX” (primera parte)

Análisis de “THE MATRIX” (segunda parte)

Un repaso a la duda metódica

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Vamos a acometer el estudio del proceso deductivo de René Descartes partiendo de su conocida duda metódica (podéis consultar un interesante video en este enlace para introducir el problema), y para ello vamos a inspirarnos en tres escenas extraídas de otras tantas películas de las que ya hemos hablado en el aula. Recordemos que el método cartesiano consiste en el uso de la intuición y de la deducción: mediante la intuición conocemos aquellas verdades que son “evidentes por sí mismas” y que se dan de manera inmediata “a todo espíritu atento” (axiomas); con la deducción alcanzamos aquellas verdades que, sin ser inmediatamente evidentes, alcanzan una evidencia mediata gracias a que partimos de los axiomas y seguimos una cadena de razones, es decir, de pasos sucesivos que son evidentes (por análisis y síntesis). Una vez asentado esto, Descartes se esmera en suprimir todas las creencias con el fin de reconstruir el edificio del conocimiento desde su misma base. Para ello necesita un punto de partida, una verdad absolutamente cierta, de la que no sea posible dudar en absoluto Deberemos empezar por eliminar todos aquellos conocimientos y creencias en los que se encuentre el más mínimo motivo de duda. Estos motivos para dudar son fundamentalmente tres:

En primer lugar habremos de negar la validez de los datos sensoriales: los sentidos nos engañan y pueden conducirnos al error, por lo que debemos desconfiar de ellos. La película “Alatriste” (Universal 2006) de Agustín Díaz Yanes, según la novela “Las aventuras del capitán Alatriste” de Arturo Pérez-Reverte,  nos ofrece un buen ejemplo (que aquí os propongo por cortesía de mi buen amigo Juan Jesús Alonso). Al final de este enlace podemos ver al desgastado capitán español de los tercios viejo al lado de “El aguador de Sevilla”, cuadro con el que se presenta en la corte un joven pintor sevillano de nombre Diego Velázquez. Alatriste, tras una noche en vela y más de un sobresalto por culpa de unos cuantos maravedíes y una escaramuza callejera, se queda perplejo observando el cuadro, de un realismo sencillamente excepcional (una técnica pictórica conocida como “trampantojo”, que Velázquez dominaba a la perfección), hasta el punto de acercar su mano al cántaro que sostiene el aguador para intentar detener la gota que resbala por su costado (una mera ilusión, puesto que la gota está “pintada”, esto es, no es “real” en un sentido pleno, no es agua, sino pintura al oleo). Nos ha pasado a todos alguna vez, cuando vamos por una larga carretera y al final vemos un oasis de agua (aunque seamos conscientes de que no es más que un “espejismo”). Descartes diría que si los sentidos nos engañan una vez, nos pueden engañar siempre. Esta película, por cierto, es un buen ejemplo para entender la forma de vida en la Europa del siglo XVII. El propio Descartes fue, durante buena parte de su vida, soldado y mercenario que, como el capitán Alatriste en las guerras de Flandes, se vio obligado a ganarse el pan con la habilidad de su espada en más de una ocasión. No perdáis detalle del cuadro histórico que aquí se os muestra, pues es fascinante.

En segundo lugar cabría preguntarse si lo que nosotros consideramos real no es más que un sueño. Como nos dice Morfeo en la película “The Matrix” (Warner Bros 1999) de los hermanos Larry y Andy Wachowski: “¿Alguna vez has tenido un sueño que fuera muy real? ¿Cómo podríamos diferenciar entonces la vigilia del sueño?” En la película “12 monos” (Universal 1995) de Terry Gilliam nos encontramos un caso paradójico: la mayor parte de la humanidad ha sido aniquilada por un desastre biológico de proporciones globales, y el bueno de John Cole es enviado desde el futuro para intentar encontrar el virus en su mutación original, y así poder salvar a la especie humana de la destrucción total. Pero este argumento de ciencia ficción encierra un interesante análisis sobre la realidad. Cuando Cole cuenta lo que sabe, todos le toman por loco y le encierran en un hospital psiquiátrico, donde comparte encierro con una serie de enfermos mentales que tienen serias dificultades para diferenciar “lo que es real” de lo que no lo es. Uno de ellos afirma pertenecer a la elite intelectual de un lejano planeta: “aunque para mí esto es una verdad evidente, en realidad solo es producto de mi psique enferma: sufro una alteración de la conciencia que se conoce como pensamiento divergente”. Lo que ocurre a partir de aquí es que el propio Cole comienza a dudar de sus “certezas” y a suponer que realmente él es un enfermo y no un hombre del siglo XXI que ha venido a salvar a la humanidad. Incluso, cuando vuelve a su propio tiempo, desprecia a todos cuantos les rodean porque, afirma: “vosotros no sois reales, solo estáis en mi mente“. ¿Es esto un sueño? ¿Es real? ¿Cómo reconocer la diferencia?

En tercer lugar, incluso aunque los sentidos no nos engañen, incluso aunque supiésemos diferenciar la vigilia del sueño ¿cómo podemos estar seguros de que lo que vemos es real? Descartes fuerza el argumento al postular la posibilidad de la existencia de un “genio maligno” que nos engaña permanentemente, haciéndonos creer que es real aquello que no lo es. Esta hipótesis era muy común en la época de Descartes, al igual que lo era la idea de que todo era un sueño (recordemos “La vida es sueño” (1636) de Pedro Calderón de la Barca: “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”, o el “Macbeth” (1606) de William Shakespeare: “la vida es un relato contado por un idiota, llena de ruido y furia, que nada significa”). Respecto al genio maligno, quizá el ejemplo más claro podamos encontrarlo en nuestro libro más universal, “Don Quijote de la Mancha” (1605) de Miguel de Cervantes Saavedra, en la conocidísima escena en la que el pobre Alonso Quijano se enfrenta con los molinos de viento, y que aquí os ofrezco en la versión para televisión realizada por Manuel Gutiérrez Aragón (TVE 1992). La disputa entre Quijote y Sancho (“que si son molinos, que si son gigantes, que si tenga cuidado vuesa merced, que si ahora lo veredes…”), acaba con nuestro héroe por los suelos, herido en su cuerpo, pero también en su orgullo, clamando al cielo por el engaño “de aquel sabio Frestón que ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene”.

La razón busca un método

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Comenzamos el repaso a la filosofía moderna definiendo las características  del racionalismo de la mano de su autor más celebrado, René Descartes (1596-1650), y lo hacemos con el análisis de la que sin duda es su obra más significativa, el “Discurso del método” (1637). Previamente a la redacción de este texto (que recordémoslo, es el prólogo que acompaña a tres ensayos científicos: la “Dióptrica”, los “Meteoros” y la “Geometría”), Descartes pasó muchos años preocupado por las cuestiones que hoy llamaríamos “científicas”, y sólo por peticiones ajenas se decide finalmente a ensayar los fundamentos de su método, que expone primero en las “Regulale”, pero que además ejercita en el “Discurso”, ya que el autor tiene la certeza de que se trata de una cosa más práctica que teórica. Las cuatro reglas tienen una gran vaguedad (Gottfried Leibniz llegaría a decir que “no servían para nada”), y es que Descartes no pretende aportar nada, sino volver al sentido común, a los rudimentos de la razón: cuando se somete el método a crítica, lo que se está cuestionando en realidad es la razón misma.

La facultad humana que se usa para llegar a la verdad y a la inventiva la llama Descartes “ingenii”, entendida como la “capacidad intuitiva” (y no “intellectus”, concepto de tradición escolástica, entendido como capacidad de sacar conclusiones de premisas, al modo lógico formal). Esta intuición no debe entenderse en su forma técnica, sino en su significado normal en latín: “captación de una verdad intuitivamente”, algo que el método no puede enseñar, pues el ingenio es la operación más simple y primera, y es previa al método mismo, como condición posibilitadota de la razón humana y del propio método. Descartes empieza a aplicar el método a las matemáticas y ve la posibilidad de extenderlo: la contemplación de la verdad aparece cuando ingeniosamente establecemos los problemas en forma de “proporciones captables”. No se necesita que los términos de la proporción se puedan cuantificar para que exista, porque aunque puedan versar sobre cualidades, se basan en la “ratio”, en la proporción. Las cuatro reglas del método son estas:

Era el primero no aceptar cosa alguna como verdadera que no la conociese evidentemente como tal, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no admitir en mis juicios nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese ocasión alguna de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultases que examinase en tantas partes como fuera posible y como se requiriese para su mejor resolución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo incluso un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviese seguro de no omitir nada.”

Rene Descartes, “Discurso del método” (Parte II: Principales reglas del método)

Descartes entiende por claro “aquello que es presente y manifiesto a un espíritu atento”, y por distinto “aquello que es preciso y diferente de todo lo demás”. La evidencia clara y distinta es algo intrínseco a las ideas, no se necesita ningún criterio extrínseco para alcanzarla, tiene carácter intuitivo y es inmediata, pues no hay reglas que nos digan lo que es claro y distinto. Estas verdades evidentes adquieren la forma de verdades cuantificables que nos permiten aplicar este criterio de  verdad a cuestiones no matemáticas que mantengan el mismo esquema de inteligibilidad. Uno ejercita la razón en las “analogías de proporcionalidad”, en lo que es intuible: el método no viene dado por la invasión de las matemáticas en las demás ciencias, sino que las matemáticas poseen verdad precisamente porque se encuentran en ellas los rudimentos de la verdad. En la segunda regla se concreta la deducción a partir de las evidencias y se propone un límite a la división de las dificultades: las “naturalezas simples”, que son los elementos que constituyen el último término del análisis y el principio de la síntesis, pues deducir no consiste en otra cosa que en “sintetizar algo”. La tercera regla confirma que la intuición primera no es irreductiblemente subjetiva, sino que la ven las demás conciencias también (pues funcionan todas de forma homogénea), con lo que se evita el solipsismo.

Vamos a tratar de ejemplificar esto con la película “El silencio de los corderos” (MGM 1990) de Jonathan Demme, a partir de un conocido relato del americano Thomas Harris. La historia se centra en la búsqueda de un asesino en serie conocido como Buffalo Bill por parte de la agente Clarice Starling, el verdadero protagonista del film no es otro que el archiconocido Dr. Hannibal Lecter, un remombrado médico psiquiatra de Baltimore, experto en conductas psicopáticas y todo un portento intelectual, que es capaz de resolver el crimen sin moverse siquiera de su celda (porque a los caníbales se les suele poner entre rejas para que no desarrollen sus apetencias). El doctor sugiere a la investigadora que para atrapar al asesino es necesario hacer uso del método demostrativo a partir de principios (”primeros principios, Clarise“) que nos permite avanzar hasta la intuición intelectual, que sigue a esos principios y que culmina conocimiento de los hechos (”codicia: ¿y qué codiciamos…?“). El método deductivo le permite sacar conclusiones necesarias a partir de unos pocos datos ya conocidos o premisas, llegando a “adivinar” el resultado a través del “ingenio”: “visualizando la solución” por una especie de iluminación, de “luz natural” que nos lleva directamente a la evidencia clara y distinta, a la primera idea a partir de la cual iniciar la búsqueda, y de ahí a la certeza.

El juego de la lógica

Posted by albertofilosofia under Filosofía y ciudadanía

Hemos comentado en el aula la figura del filósofo y lógico británico Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), más conocido por su seudónimo literario: Lewis Carroll, el creador de la inmortal “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas” (además de una serie de obras menos conocidas, pero igualmente interesantes, sobre el mundo de la lógica, en especial “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”). Recientemente, el director Tim Burton nos ha sorprendido con una peculiar adaptación del clásico infantil titulada igualmente “Alicia en el país de las maravillas” (Walt Disney 2010). Se trata de un interesante juego lógico plagado de acertijos y adivinanzas, en el que se utilizan las palabras de un modo peculiar para generar razonamientos extraños, a veces contradictorios, otras simplemente absurdos. Os dejo con el arranque de la película: la caída de Alicia por la madriguera del conejo y el encuentro con los gemelos Tweedledum y Tweedledee (tenéis ejemplos de sus “acertijos lógicos” en el libro de Raymond Smullyan titulado “¿Cómo se llama este libro?” que hemos comentado hace unos días). Una interesante cinta para pasar un rato divertido.

Una versión igualmente sorprendente de la historia de Alicia la podemos encontramos en la enigmática “El laberinto del fauno” (Coproducción 2006) de Guillermo del Toro. Si bien los personajes y la historia son diferentes, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: como reconocer la diferencia entre la realidad y la ficción cuando nos enfrentamos a personajes que nos proponen acertijos lógicos que debemos resolver. Nuestra protagonista se sumerge en un mundo de fantasía atraído por un misterioso fauno en el que nada es lo que parece. También ella se encuentra con seres extraños que nos sugieren enrevesadas proposiciones lógicas que nuestra protagonista debe desentrañar con la ayuda de la lógica informal. Se nos muestra aquí algunas interesantes “paradojas lógicas (enunciados aparentemente correctos que encierra una contradicción, al proponer un círculo vicioso que ataca nuestro sentido común). Aunque puedan parecer enredos o juegos de palabras sin importancia, en realidad las paradojas (al igual que la “aporías” y las “antinomias”) ponen en tela de juicio la consistencia del lenguaje y de los sistemas lógicos.

Para comprender mejor el sentido del uso del lenguaje, debemos primero aprender a detectar confusiones y errores, muy especialmente en la construcción de las “argumentaciones” (en la “forma” o “estructura” de las mismas). El filósofo y lógico Francisco Conde nos regala esta interesante tabla para hilar un “discurso vacío”: tomemos cualquier expresión de las casillas de la columna I y juntémosla con cualquier expresión de las casillas de las columnas II, III y IV sucesivamente. El resultado es un discurso no argumentativo, que parece dar razones de sus afirmaciones pero no lo hace. Se podría incluso repetir el ciclo de forma infinita, y el orador podría pasarse horas repitiendo frases que carecen por completo de referencia, o con una referencia tan vaga e imprecisa que justamente no se acaba de decir algo.

I

II

III

IV

Queridos colegas

la realización de los deberes del programa

nos obliga al análisis

de las condiciones financieras y administrativas existentes

Por otra parte

la complejidad de los estudios de los dirigentes

cumple un rol esencial en la formación

de las directivas de desarrollo para el futuro

Asimismo

el aumento constante en calidad y en extensión de nuestra actividad

exige la precisión y la determinación

del sistema de participación general

Sin embargo, no olvidemos que

la estructura actual de la organización

ayuda a la preparación y a la realización

de las actitudes de los miembros de las organizaciones hacia sus deberes

De igual manera

el nuevo modelo de la actividad de la organización

garantiza la participación de un grupo importante en la formación

de nuevas proposiciones

La práctica de la vida cotidiana prueba que

el desarrollo continuo de nuevas formas de actividad

cumple deberes importantes en la determinación

de las directrices educativas en el sentido del progreso

No es indispensable argumentar el peso y el significado de estos problemas, ya que

la garantía constante, nuestra actividad de información y de propaganda

facilita la creación

del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades

Las experiencias ricas y diversas

el reforzamiento y desarrollo de las estructuras

obstaculizan la apreciación de la importancia

de las condiciones de las actividades apropiadas

El afán de organización, pero sobre todo

la consulta de los numerosos militantes

ofrece un ensayo interesante de verificación

del modelo de desarrollo

Los principios superiores ideológicos, así como

el inicio de la acción general de formación de actitudes

implica el proceso de reestructuración y de modernización

de las formas de acción

Recordad que los “lenguajes naturales” permite la formación de discursos que presentan una referencia muy vaga, o que no pretende tener ninguna referencia en absoluto, con lo que el lenguaje se está usando para finalidades que no tienen nada que ver con establecer argumentaciones (buen ejemplo de ello es el “lenguaje poético”). Por ello se impone la necesidad de generar “lenguajes artificiales” con los que poder estudiar con claridad y comodidad la argumentación lógica (y a esto es a lo que llamamos “lenguaje formal”). Estos lenguajes se caracterizan por representar la “forma lógica”, esto es, la “estructura argumentativa” responsable de la formación de argumentaciones correctas, donde prevalece su carácter “sintáctico” (o nivel de formación de estructuras) y no su carácter “semántico” (o nivel de significado).

Y un último y divertido entretenimiento para cerrar el artículo: ya que hablamos de acertijos lógicos, nada mejor que echarle un vistazo al conocidísimo juego lógico propuesto por Albert Einstein (1879-1955) a principios del pasado siglo. Recordad que el propio autor predijo que el 98 por ciento de la población mundial sería incapaz de resolver este acertijo en menos de una hora de tiempo. El acertijo dice así:

Existen cinco casas pintadas de diferentes colores y en cada una de ellas vive una persona con una diferente nacionalidad. Los cinco dueños beben una determinada bebida, fuman una determinada marca de cigarrillos y tienen una determinada mascota. Ningún dueño tiene la misma mascota, fuma la misma marca de cigarrillos o bebe la misma bebida.”

La pregunta es: ¿quién tiene el pez?

1. El británico vive en la casa roja.

2. El sueco tiene como mascota un perro.

3. El danés toma te.

4. La casa verde está a la izquierda de la casa blanca.

5. El dueño de la casa verde toma café.

6. La persona que fuma “Pall Mall” tiene un pájaro.

7. El dueño de la casa amarilla fuma “Dunhill”.

8. El que vive en la casa del centro toma leche.

9. El noruego vive en la primera casa.

10. La persona que fuma “Blends” vive junto a la que tiene un gato.

11. La persona que tiene un caballo vive junto a la que fuma “Dunhill”.

12. El que fuma “Blue Master” bebe cerveza.

13. El alemán fuma “Prince”.

14. El noruego vive junto a la casa azul.

15. El que fuma “Blends” tiene un vecino que toma agua.

Os prometí un nuevo artículo sobre lógica, con lo difícil que es ilustrar este tipo de contenidos, pero se me ha ocurrido que tal vez os sea útil el arranque de la película “Los crímenes de Oxford”  (2008) del español Álex de la Iglesia, basada en la novela del escritor argentino Guillermo Martínez titulada “Crímenes imperceptibles, un más que interesante repaso a la historia de las matemáticas (entre crimen y crimen, dicho sea de paso, porque solo matemáticas hubiera sido un poco aburrido). El arranque de la película muestra a un viejo profesor oxoniense que parece un trasunto de nuestro conocido Bertrand Russell (el autor que desarrollo la llamada lógica simbólica, que tan ocupados nos ha tenido estas últimas semanas), que nos alecciona acerca de la verdad, o de su búsqueda, que siempre es más interesante. De paso, nos expone una tesis bien conocida en el mundo de la filosofía, la presentada a principios de siglo por el filósofo Ludwig Wittgenstein en su famoso “Tractatus logico-philosophicus”, que compara la filosofía con una escalera, muy útil para hacernos llegar a la parte de arriba de cualquier sitio, pero completamente inútil una vez ha sido usada, porque no se incluía en ella ni una sola verdad. Echadle un vistazo al video, y ya me contaréis.

Para conocer un poco mejor el pensamiento de este autor, nada mejor que acercarnos a la película que sobre él hizo el creativo y desconcertante director  Derek Jarman bajo el título “Wittgenstein” (BFI 1993), y que nos permitirá introducir el tema de la lógica informal. Tras la publicación del “Tractatus”, Wittgenstein rompe con todo lo dicho con anterioridad (hasta el punto de que se suele hablar de un primer y un segundo Wittgenstein), y en su libro más celebrado de esta segunda etapa (“Investigaciones filosóficas”) insiste el filósofo austriaco en que lo fundamental del lenguaje no es tanto la búsqueda del “sentido” (el “referente” o “significado” de cada palabra) sino que lo que de verdad importa es su uso. Será precisamente este “uso del lenguaje”, que él entiende como un juego (de ahí su famosa expresión ”juegos de lenguaje”), el que nos permite comprender lo que se dice o escribe en base a su validez o invalidez lógica. Para hacer esto es necesario renunciar a la componente simbólica del lenguaje, por lo que esta forma de intentar comprenderlo se denomina lógica informal (por oposición a la lógica formal o simbólica).

Hemos visto varios ejemplos de lo que denominamos “argumentos erróneos. Para completar este ejercicio, nada mejor que una pequeña muestra de lógica informal. He recogido en el segundo video algunos de los mejores momentos que nos dejó el último debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Ya que estamos debatiendo sobre lógica, dejaremos a un lado cualquier contenido político y nos centraremos en el uso de los razonamientos y, si las hubiese, en las falacias o argumentos incorrectos de los que hacen uso los dos (por entonces) candidatos a la presidencia del gobierno: y os garantizo que hay unos cuantos. Tratad de buscar un argumento “circular”, “ad hominen”, “ad baculum”… Lo bueno de la lógica es que, no sólo nos enseña a razonar correctamente, sino que nos permite jugar con el lenguaje y divertirnos un rato.

Y una última recomendación para completar nuestros conocimientos sobre lógica: la lectura del texto “¿Cómo se llama este libro?” de Raymond Smullyan, que me he permitido descargar en formato pdf para que todos tengáis acceso a él. Vosotros mismos podéis acceder a la descarga a través del enlace que os sugiero a continuación, o bien buscar el material en el espacio de albertofilosofia en scribd.com. Y para animaros a leer, os muestro un ejemplo de lo que os encontraréis en el libro, que es un conjunto de adivinanzas y pasatiempos lógicos. En la reciente adaptación de la obra teatral “El mercader de Venecia” (Spice Factory 2004) de Michael Radford, sobre el texto original del inmortal William Shakespeare, se plantea un dilema lógico que se conoce como “Los cofres de Porcia”, en el que un bravo pretendiente deberá mostrar su valía en el arte del razonamiento para conseguir la mano de la joven y ansiada Porcia (a la que, por cierto, le gusta la idea de que su futuro marido sea un tipo inteligente).

Smullyan,R: ¿CÓMO SE LLAMA ESTE LIBRO? (descarga pdf)

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