La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Acabamos de ver la película “Alejandro Magno” (Tripictures 2005) de Oliver Stone, para ejemplificar el pensamiento ético de Aristóteles. Pocas veces una película nos muestra directamente al filósofo que estamos estudiando, pero aquí tenemos al viejo Aristóteles en persona impartiendo clases al joven Alejandro Magno. Comienza la escena con una lección de geografía, para avanzar poco a poco hacia el estudio de la virtud (en este caso, el conocimiento del amor). Las palabras del Filósofo son significativas: Aristóteles desacredita a la tradición, “niega los mitos y ensalza la razón“, y su uso en la búsqueda de la virtud o excelencia. Convendría echar un vistazo al arranque y al final de la película (que podéis consultar en este enlace y en el siguiente, que está en inglés), un breve relato de la vida del conquistador de la mano de uno de sus generales, Ptolomeo I Sóter, que pasaría a la historia como fundador, en el siglo III a.C. de la célebre Biblioteca de Alejandría, y que se esmera en contarnos las virtudes del gran Alejandro, que fue quien mejor supo entender el pensamiento ético de Aristóteles, y de llevarlo a la práctica.

Hay también un ligero toque de Sócrates en el uso del diálogo: la lección de geografía es un monólogo del maestro, pero sobre virtud es mejor razonar a través de preguntas y respuestas. La virtud o excelencia (”arethé“) no es un “don” propio de los nobles (los “aristós“, los mejores en virtud y sabiduría) sino una cualidad propia de todo ser humano, con independencia de su nacimiento o condición (incluso de su género: recordemos que Platón proponía que debía “educarse por igual a hombres y a mujeres“, ya que ambos podían ser igualmente virtuosos, una forma de pensar no muy extendida por aquel entonces). Frente a los persas, que son considerados unos bárbaros por ceder ante sus instintos naturales, los griegos son tenidos por ser superiores, ya que practican “el control sobre sus pasiones” y se esmeran en la virtud de la moderación, que es aquella que se alcanza con el ejercicio de la razón: hacer uso siempre del término medio, “el justo medio entre el exceso y el defecto” porque eso nos garantizará una mayor felicidad.

Aristóteles enseña no sólo a Alejandro, sino también al resto de hijos de los nobles macedonios, los “aristós” (los que luego serán sus generales en el campo de batalla), y se muestra como un educador de virtud. Lo que sin embargo debe llamarnos la atención es el uso que Alejandro hace de las enseñanzas de su maestro, que se revelan de forma clara en la siguiente escena de la película, la “doma de Bucéfalo“, cuando el niño aparta de sí los pensamientos míticos (”es el dios Apolo“) en favor de la razón (”es sólo un truco“). Puedes consultar estas escenas en los videos anexos a la secuencia que aquí proponemos. Fijaros en cómo se acerca al caballo; no se muestra cobarde o con miedo, ni tampoco se comporta de forma atolondrada y temeraria, sino que adopta el término medio: la valentía. Actúa con mesura, con prudencia, pero también con determinación, consciente de sus actos, y se deja guiar por la razón, no por el corazón. Fijaros en su cara de felicidad a lomos de Bucéfalo, cuando consigue el triunfo, cuando alcanza su finalidad. Una buena lección sobre el coraje, que nos proporciona un niño de doce años. Intentemos todos tomar nota.

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