La casa de Elrond

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Desde el corrupto alcalde Joe “Diamante” Quimby hasta el impenitente malhechor Snake, pasando por las figuras más piadosas de la ciudad, como el reverendo Lovejoy y Ned Flanders, los extremos morales de Springfield tienen por único vínculo la variedad de los personajes que pululan por sus calles. Bart admite no saber la diferencia entre el bien y el mal y negocia con el demonio de tú a tú. Homer se embarca en un proyecto egoísta tras otro, intentando además convencer a Dios del valor de faltar a la iglesia para ver el futbol. Entretanto, Flanders consulta a las autoridades religiosas y a las sagradas escrituras para resolver cada dilema que encuentra, trátese de cuestiones éticas y morales o de modas y cereales de desayuno.

En medio de estos extremos éticos, Marge se destaca como una piedra de toque de la moralidad. Para resolver los problemas que se le presentan, sencillamente deja que la razón oriente su conducta hacia un ponderado y admirable equilibrio entre los extremos. Se diferencia de Flanders porque éste siempre acata lo que la religión ordena sin importar si a él le parece bien hacerlo. Marge es religiosa, pero su conciencia, bien desarrollada, le permite hacer sólo aquello que haría una persona decente y razonable, incluso cuando sus decisiones entren en conflicto con las directrices impuestas por la autoridad del clero. Lo anterior sugiere que la filosofía moral implícita en las acciones de Marge podría tener mucho en común con la del gran filósofo de la antigüedad Aristóteles”.

La motivación moral de Marge“, Gerald J.Erion y Joseph A.Zeccardi

(“Los Simpson y la filosofía” (Blackie Books 2009) de William Irvin, Mark T.Conard y Aeon J.Skoble)

Como os comenté en el aula, vamos a tratar de explicar a algunos de los autores fundamentales de la historia de la ética, y sus ideas éticas y morales, a través de los personajes centrales de la serie “Los Simpson” (FOX) de Matt Groening. Para todos aquellos adictos a la serie, os recomiendo además la excelente página Simpsonizados, en la que podéis encontrar todos los capítulos de la serie completos y doblados al español (aunque con un fuerte acento americano que puede resultaros un poco chocante al principio). Comenzaremos por Aristóteles, el más puro representante de lo que se ha dado en llamar “éticas materiales” o “éticas de los fines”. Os recuerdo que estas teorías éticas sostienen que la moral consiste en la búsqueda de algún tipo de bien o fin que nos sirva como criterio para orientar nuestra vida, y que este fin nos servirá igualmente como fundamento de la moral, pues nos indicará un contenido concreto, material (como la felicidad, el placer, la virtud, lo útil), en función del cual se aparecen todos los demás bienes citados. La conducta toda del ser humano deberá estar determinada por el citado bien, por la búsqueda de ese “fin último“.

En su conocida “Etica a Nicomaco”, Aristóteles introduce la “felicidad” como único fin de la vida buena, entendida esta en el sentido griego (“eudaimonía”) no como mera gratificación corporal (como le ocurre a Homer), sino una felicidad a largo plazo, un bienestar general o, como dice Terrence Irvin, un “que nos vayan bien las cosas”. Al mismo tiempo, el filósofo intenta justificar la vida de virtud, e incluso ofrece sugerencias a quien esté interesado en convertirse en una persona virtuosa. Aristóteles enumera como virtudes la valentía, la moderación, la liberalidad o la magnificencia, la magnanimidad, la confianza en la propia valía, la mansedumbre, la amabilidad, la honradez, la agudeza y la modestia. Por supuesto, el listado no agota todas las virtudes posibles, y al correr de los años se han ido añadiendo nuevas virtudes a la lista. Pero estas que aquí enumeramos nos proporcionan una buena idea de los “rasgos de carácter” que Aristóteles considera necesarios para ser una buena persona.

Dada la importancia de la virtudes en la búsqueda de la “eudaimonía”, podríamos preguntarnos que hacer para que nuestras vidas fuesen más virtuosas y, por lo tanto, mejores. Según Aristóteles, “ninguna de las virtudes éticas se produce en nosotros por naturaleza” En lugar de eso, contamos con una capacidad natural para adquirir virtudes por costumbre: “practicando la justicia, nos hacemos justos; practicando la moderación, moderados; y practicando la virilidad, viriles”. Lo que nos sugiere aquí Aristóteles es que es el “carácter”, en tanto que “segunda naturaleza”, y no el “talante” o “temperamento”, el que determina en último término nuestra capacidad para la virtud, pues el carácter se forja a través de un ejercicio constante que nos ayuda a tomar decisiones acertadas y a repetir estas decisiones sucesivamente, para así afianzarlas, y que nos permite finalmente “construirnos a nosotros mismos” como seres virtuosos.

Las personas virtuosas, por cierto, representan modelos importantes para nuestro desarrollo moral. Al elegir hacer las mismas cosas que hacen estas personas, podemos volvernos más virtuosos, y al cabo de un tiempo, podremos incluso aprender a sentir el empuje virtuoso de aquellos que actúan de un cierto modo sólo porque reconocen el valor de la virtud. En este sentido, una madre o un padre son los modelos a imitar por sus hijos, se conforman como “agentes socializadores” de primer orden, los primeros que ofrecen a los pequeños las directrices adecuadas para  orientar su vida y aprender a tomar decisiones de forma ordenada y responsable, conforme a valores buenos. Podemos comprobarlo en estos tres episodios de Los Simpsons que os he seleccionado, y que giran alrededor del personaje de Marge, una de cuyas preocupaciones fundamentales es ser un buen referente para sus tres pequeños, y mostrarles un “ideal de vida buena” que ellos puedan imitar y, finalmente, asumir como propio.

En Marge Simpson comprobamos que las virtudes éticas según Aristóteles no sirven únicamente para el ámbito académico, abstracto, sino que pueden aplicarse con éxito en el mundo cotidiano y laborable de los dibujos animados. No puede negarse que Marge posee valentía, honradez, moderación  y otras virtudes estimables, como tampoco puede negarse que, en consecuencia, es feliz: Marge disfruta realmente del hecho de ser valiente, honrada y moderada, y demuestra que las personas pueden llevar vidas morales plenas al margen del credo religioso que profesen. De hecho, a Marge le importa mucho menos ser buena cristiana que ser buena persona.

Aunque todos son interesantes, os he seleccionado tres episodios que merece la pena revisar. En “Pinceles con grandeza”, Marge decide, motivada por una respuesta de Ringo Starr a su carta de 1966, volver a la pintura. Le es comisionado un retrato del señor Burns, que como bien sabéis es el jefe de su marido. En “Springfield connection” nos encontramos con un nuevo policía en la ciudad, de nombre Marge Simpson, y su trabajo consistirá en limpiar las calles de criminales. Pero Marge rápidamente descubrirá que no todos los criminales están en las calles. Finalmente, en “Bocados inmobiliarios” Marge acepta un trabajo de vendedora de bienes raíces, pero tiene problemas con su uso de la verdad, y se plantea si es ético o no esconder la realidad para ascender en el negocio.

Otros títulos interesantes con Marge como protagonista son “La alegría de la secta”, en la que una nueva congregación religiosa se establece en Springfield prometiendo una vida más feliz y próspera en un lejano planeta. La mayoría de los ciudadanos caen en sus garras y sólo Marge es capaz de abrirles los ojos ante los auténticos fines de esta secta;  “Un tranvía llamado Marge”, en la que Marge participa en una versión musical de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams, que tiene un extraño parecido con la vida cotidiana de los Simpsons; “Lucha educativa” en la que Bart consigue que los maestros de la escuela se declaren en huelga. Pero para su sorpresa su maestra suplente será su propia madre; y finalmente “Escenas de la lucha de clases en Springfield”, en la que la familia Simpson se codea con la alta sociedad cuando una compañera de la escuela de Marge los invita al Springfield Country Club.

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