La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

 

Nos adentramos ahora en un momento de la historia verdaderamente interesante, que conocemos bajo el nombre de Renacimiento. Es un periodo de la historia verdaderamente convulso, en el que se suceden una serie de acontecimientos significativos en muchos órdenes, desde el puramente geográfico al científico, pasando por los cambios que se producen en el ámbito religioso y político. Iniciamos aquí una serie de tres artículos que nos permitirán conocer más a fondo el pensamiento filosófico renacentista (eso que comúnmente se ha conocido con el nombre de humanismo) a partir de los acontecimientos históricos más significativos. Hablaremos sobre todo de cambio, tanto en los aspectos más informales de la vida cotidiana como en los grandes hechos, además de analizar las tendencias tanto técnicas como ideológicas que sustentarán esos cambios, pero insistiremos siempre en el hecho de contemplar este periodo de la historia no como un corte, como una ruptura o revolución, sino más bien como un proceso evolutivo que surge del estado precedente, el medieval, entendido como mundo heredado.

Os propongo un pequeño repaso a la película “1492: La conquista del paraíso” (JRC 1992) del cineasta Ridley Scott, que en su momento sirvió para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento de América. Me veo obligado a incluiros un vídeo que recopila escenas dispersas de la película (en inglés, aunque la película este rodada en España y con actores nacionales en la mayoría de los casos). El que más nos interesa es el que abre la película: Cristóbal Colón, apostado a la orilla del mar, contempla un barco alejarse mientras explica a su hijo que, si la tierra fuera plana, el barco se alejaría cada vez más hasta ser imperceptible a la vista, y sin embargo el barco no decrece, sino que, llegado un punto, parece como que se hundiera poco a poco en el mar (conservando su tamaño, eso si), con lo que solo cabe suponer que la tierra es redonda. En fin, parece ser que mucho tiempo antes de que Isaac Newton determinase la ley de gravitación universal en sus conocidos “Philosophiae naturalis principia mathematica” (inspirado, según cuenta la leyenda, por la caída de una manzana), el amigo Colón ya había echado mano de una naranja para explicar la circularidad del planeta, que luego probará experimentalmente yendo hacia las Indias “por el oeste”.

Hemos elegido esta película para hablar de un acontecimiento maravilloso: el Descubrimiento de América (1492). Hemos tomado este momento concreto para ejemplificar el paso de la Edad Media a la Edad Moderna, frente a otros posibles acontecimientos históricos como la Caída de Constantinopla (1453) o el Concilio de Trento (1545-63) por varios motivos. Los inicios de la Edad Moderna suelen atribuirse generalmente al Quattrocento y el Cinquecento italianos y al movimiento humanístico. Sin embargo, hay que reconocer un conjunto de hechos de primer orden como determinantes del paso de una edad a otra. En primer lugar, la constitución del Estado Moderno sobre la base de un territorio homogéneo y de una centralización burocrática, que permiten el establecimiento de un poder central suficiente fuerte; en segundo lugar, el desarrollo del protocapitalismo, debido al surgimiento de una técnica financiera y bancaria que va unida al aporte de nuevos metales traídos del nuevo mundo; y en tercer lugar, la irrupción de una nueva ideología que caracterizaría lo que hoy conocemos como humanismo como elemento fundamental de la cultura del Renacimiento.

Por entonces, los grandes descubrimientos respondían a exigencias prácticas e inmediatas: la necesidad de hallar una vía marítima que permitiera continuar el comercio con las Indias tras la ocupación de Bizancio por los turcos y el aumento del capital financiero. Los navegantes estaban al servicio de Portugal y de España, y en menor medida de Inglaterra. Será Cristóbal Colon quien, confiado en un proyecto elaborado por el cartógrafo florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli a partir de la concepción de la tierra esférica de Eratóstenes, afronte el reto de encontrar un “nuevo camino” bajo el padrinazgo de los Reyes Católicos. Las consecuencias inmediatas de este descubrimiento son evidentes: en lo económico, la repercusión inmediata sobre las formas de vida se hace notar, pues la introducción de los nuevos productos hará posible el cultivo de terrenos menos fértiles, lo que repercutirá en el crecimiento demográfico; la afluencia de metales preciosos supone una verdadera revolución, pues trae consigo un aumento de circulación de capital que impulsa la actividad económica; por otro lado, la constatación de extensísimos territorios nuevos contribuyó a desarrollar la revolución que acabó en la concepción astronómica heliocéntrica.

Pero nosotros queremos destacar el descubrimiento por ser un acontecimiento constitutivamente moderno que tiene la virtualidad de incorporar a su esfera otros acontecimientos históricos. Su impacto cambiará por completo las concepciones de la “ecumene” clásica, y hará tambalearse la concepción teológico-religiosa de la época: la convicción de que la Tierra carecía de una organización tricontinental obliga a un “cambio de paradigma”, que con Nicolás Copérnico y Galileo Galilei pondrá los cimientos de la entrada en el mundo contemporáneo. Desde el punto de vista antropológico, el “contacto” con los indígenas de las nuevas tierras hizo que se plantease de nuevo el problema de la unidad o pluralidad de la especie humana, y ligado a él, el problema del origen y filiación de las lenguas, lo que nos retrotrae a la formulación de “nebulosas ideológicas” vinculadas a la exaltación de la Naturaleza y a la vuelta a la Arcadia, así como las corrientes utopistas que verán en las nuevas tierras una suerte de Paraíso Perdido (como bien destaca el título de nuestra película). El descubrimiento de nuevas tierras y nuevos hombres supone un cambio profundo no sólo en aspectos económicos o políticos sino en aspectos ideológicos y culturales que determinarán la textura política y económica del momento.

Gustavo Bueno ha señalado que el descubrimiento de America se explicaría porque en el siglo XV ya había ciertas estructuras objetivas en marcha (“normas”) que siguen su propia ley de desarrollo, y sería en el marco de estas estructuras objetivas donde habría que reconocer los componentes del mundo heredado que vendrían madurando desde tiempos antiguos y medievales. Así por ejemplo, cuando se habla de la “ruta de las especias” con relación al descubrimiento, la demanda europea de las mismas no dependería de motivos subjetivos (necesidades o enriquecimiento) sino de dispositivos culturales objetivos, ligados a estructuras políticas y técnicas muy precisas. Entre estos componentes hay que considerar la concepción esférica del Universo (astronómico y geográfico) y las teorías helénicas desarrolladas por Eudoxo de Cnidos, Eratóstenes, Hiparco de Nicea o Ptolomeo que, a través del medievo, llegaron al siglo XV. Pero también los desarrollos cartográficos: portulanos, cartas medievales, astrolabio, brújula… Todo ello conduciría a la teoría esférica de la Tierra: es esta teoría la que posibilitó el descubrimiento de América, de manera que solo a través de ella es posible el concepto de América como dado en una teoría objetiva verdadera.

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