La casa de Elrond

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Archive for Febrero 16th, 2011

El cambio de paradigma

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Una de las consecuencias más destacadas del Descubrimiento de América (1492) dejando a un lado las repercusiones económicas, políticas e ideológicas evidentes (y de las que ya hemos hablado en un artículo precedente), fueron los desarrollos técnicos y científicos derivados, en especial el que tiene que ver con la metodología científica: el logro más importante de la época moderna temprana es la constitución de un nuevo “concepto de ciencia” basado en una “concepción metódica” de la ciencia natural en el que la razón y la experimentación son los dos únicos fundamentos del conocimiento seguro. Nos remitimos de nuevo al clásico de la divulgación científica, Carl Sagan y su serie televisiva “Cosmos: Un viaje personal”, que analiza el problema del “movimiento de Marte” (que nos plantea una duda a la que hay que poner solución a partir de alguna hipótesis, ingeniosa y descabellada, que dé cuenta de los hechos observados) y desde aquí nos propone una comparativa entre el pensamiento antiguo, ejemplificado por las teorías del astrónomo Ptolomeo y su modelo geocéntrico, y la nueva ciencia, personificada en las figuras de Copérnico y sobre todo de Kepler,  con su nueva perspectiva heliocéntrica.

Claudio Ptolomeo (100-170), el más importante de los astrónomos alejandrinos, había desarrollado una magna obra traducida al árabe como “Almagesto” (“el más grande”) en la que propone una nueva representación geométrica del movimiento astronómico que, conservando el ideal platónico de perfección del movimiento circular, explicara mejor los fenómenos y permitiera predicciones más concretas y cálculos más precisos: se trata de una teoría basada en “epiciclos” y “deferentes”, así como en “círculos excéntricos” que rompe con la teoría de las esferas homocéntricas. Se sustituyen así las esferas aristotélicas por círculos platónicos, que ya no son meras representaciones físicas, sino figuras ideales geométricas que permiten organizar las observaciones. Este modelo permitirá ir dando soluciones a los fenómenos que terminarían por romper el modelo aristotélico, y desde un punto de vista teórico se empezará a cuestionar la posición de la Tierra como centro, pues los “planetas” (“errantes”) no giran directamente alrededor de la Tierra sino alrededor de centros geométricos (el del círculo excéntrico, el del epiciclo…). Pese a todo esto, el sistema astronómico ptolemaico y el sistema cosmológico aristotélico pasarán juntos a la Edad Media.

La gran transformación de los estudios astronómicos llegará en el siglo XV de la mano de Nicolás Copérnico (1473-1543), quien habiendo cursado estudios en Cracovia y Padua se había familiarizado con las nuevas ideas expuestas en París por Jean Buridan (1300-1358) y Nicolás Oresme (1323-1381) y su física de “ímpetus” (que planteaban la cuestión de que es posible que no haya consecuencias observables derivadas del reposo o del movimiento de la Tierra). La teoría copernicana se inspirará en los presupuestos platónicos y pitagóricos de la belleza y sencillez del universo (lo que conocemos como “paradigma mágico-estético”) e intentará dar salida a la contradicción entre astronomía y cosmología antes mencionada. En “De revolutionibus orbium coelestium” se plantea una teoría heliocéntrica que permite simplificar enormemente el número de círculos, epiciclos y deferentes que habían ido postulándose para adecuar los fenómenos observados al modelo ptolemaico a objeto de restaurar el modelo de esferas homocéntricas de Eudoxo y salvar la visión ordenada de Aristóteles. La nueva teoría suponía demostrar realmente que la Tierra se mueve, frente a los argumentos de aquellos, y convertir a la astronomía en una ciencia “físicamente real”. La Tierra se mueve de tres maneras: en rotación sobre su propio eje (diario), en traslación alrededor del sol (anual) y según la revolución del eje terrestre que explica las estaciones y la precesión de los equinoccios.

Sería Johannes Kepler (1571-1630) quien rompería definitivamente con la astronomía tradicional a partir del heliocentrismo copernicano. Observó que era imposible conciliar su hipótesis sobre la variación proporcional de la velocidad de los planetas con la circularidad de las órbitas. La conclusión fue que las órbitas eran “élipticas” y no circulares, lo que suponía aceptar que las variaciones de velocidad no eran aparentes sin “reales”, y seguían una regla fija que Kepler estableció empíricamente en “Astronomia nova” y que necesitaría de la nueva teoría física newtoniana para quedar definitivamente explicada en términos físicos. Las nuevas tres leyes astronómicas establecidas por Kepler son:

1. Primera ley: Las órbitas planetarias son elípticas y el Sol está en uno de los focos de la elipse.

2. Segunda ley: La velocidad orbital de cada planeta es tal que una línea imaginaria que una el centro del planeta con el centro del Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.

3. Tercera ley: Los cuadrados de los periodos de los planetas son proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol.

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