La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Acabamos de concluir nuestro repasa a las teorías éticas dando un pequeño repaso a las “éticas formales”, también llamadas “éticas del deber”, y nos hemos centrado para ello en el pensamiento del filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant. Recordad que este autor da un giro radical a la forma de entender la ética, afirmando que el contenido material de la acción no es importante, puesto que es la “forma” de la acción la que debe preocuparnos. El nuevo criterio moral que propone Kant supone negar una finalidad para la acción humana, puesto que no es la felicidad, ni el placer, ni la utilidad, lo que debe movernos a la acción, sino que debemos ser conscientes de que hay una serie de mandatos que debemos seguir, que “nos obligan”, que “deben ser cumplidos” (aunque seguirlos no nos haga felices o nos produzca placer).

Es nuestra propia razón, entendida como razón práctica, la que debe darnos las leyes por las que regir nuestra conducta, unas leyes que nos indiquen como debemos comportarnos para ser personas auténticas. Estas leyes, que Kant llama “imperativos” no deben limitarse a ser meros consejos para alcanzar un fin, sino verdaderos mandatos que nosotros mismos nos obligamos a cumplir por el hecho de reconocer en ellos la acción correcta. Mandatos que deben ser “incondicionados”, para todo tiempo y lugar, además de “universales”, válidos para todo ser humano: imperativos que deben ser “categóricos” y no meramente “hipotéticos”. Estos mandatos no prometen la felicidad a cambio, solo prometen realizar la propia humanidad, puesto que ser persona es por sí mismo valioso, y la meta de la moral consiste en querer ser personas por encima de cualquier otra finalidad o bien: en querer tener una “buena voluntad”.

Hemos visto en clase un ejemplo notable de esta forma de entender la moralidad, la película de Clint EastwoodCazador blanco, corazón negro” (WB 1990), una de cuyas escenas os reproduzco ahora en su original inglés para que recordéis la lección aprendida. Lo cierto es que podríamos haber seleccionado cualquier otra obra de este mismo cineasta (como “Los puentes de Madison“, Million Dollar Baby“, o la más reciente “Cartas desde Iwo Jima“, de la que os ofrezco una extraordinaria escena que ejemplifica a la perfección el pensamiento kantiano), pero sólo he conseguido encontrar la primera de las dos que he hemos visto en el aula, aunque me hubiera gustado poneros la segunda, el la que Eastwood es apaleado por defender una idea de igualdad que le mueve a la acción de forma directa e incondicionada: no hay nada más honesto y justo que defender a judíos y negros, en especial si uno vive en 1940 y el mundo se divide entre los que quieren conquistarlo y los que quieren defenderlo. Eastwood toma partido por los segundos, aunque ello le cueste una paliza; recordad sus palabras finales: “A veces hay que pelear, aunque te muelan a palos hasta que no sientes las costillas: si peleas, te sientes bien por haberlo hecho” (te sientes vivo, libre, autónomo: te sientes persona, porque has hecho lo correcto).

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