La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

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La conciencia moral del deber queda descrita de manera muy gráfica en la estudiante de segundo grado de primaria Lisa Simpson, que posee un agudo sentido del deber moral. Sin embargo, la suya no es una moral jactanciosa y dependiente de la institución como Flanders, que nace únicamente del respeto a la autoridad de la Biblia y la Iglesia. La moral de Lisa surge de la reflexión individual precoz sobre los grandes temas de la vida moral: la sinceridad, la ayuda a quienes la necesitan, el compromiso con la igualdad entre los seres humanos y la justicia. Lisa nos muestra cuan difícil resulta a veces vivir con estos principios, en lugar de dejarse llevar por compromisos convencionales con el statu quo, adquiridos sin que haya mediado la reflexión. Esto nos lleva a otra característica fundamental de la moralidad según Kant. En esencia, ésta se determina en el fuero interno, surge de la reflexión individual antes que las convenciones sociales externas o las enseñanzas religiosas autoritarias. Exige claridad y coherencia con los principios según los cuales una persona vive su vida.

(…) Comprometida como está a cumplir con el deber que determina sus firmes principios, Lisa continuamente plantea preguntas difíciles. ¿Es correcto comer carne y causar de ese modo el sufrimiento de animales inocentes? En “Lisa la vegetariana”, Lisa identifica la costilla de cordero en su plato con una criatura indefensa que ha visto en el zoológico infantil. Al generalizar a partir de esa única experiencia, se vuelve militante del vegetarianismo. Así, al tomar partido por una causa dictada por sus firmes principios, Lisa ejemplifica un aspecto central de la teoría moral kantiana, según la cual es menester que examinemos con atención los principios de nuestras acciones y nos hagamos cargo de las contradicciones que puedan surgir entre unos y otras. Si no es correcto hacer daño a un animal indefenso encerrado en un zoológico, ¿cómo puede serlo permitir la matanza de un animal similar para satisfacer nuestro gusto por la comida? Esta es una manera de comprender una de las fórmulas del imperativo categórico kantiano: “No debes obrar nunca si no es de modo que puedas aspirar a que tu máxima se convierta en ley universal”.

El mundo moral de la familia Simpson”, James Lawler

(“Los Simpson y la filosofía” (Blackie books 2009) de William Irvin, Mark T.Conard y Aeon J.Skoble)

Llamamos “éticas formales” a todos aquellos sistemas que consideran que la moral no debe ofrecer normas concretas de conducta, sino limitarse a establecer cuál es la “forma” característica de toda “norma moral”. Según Immanuel Kant, sólo una ética de estas características podría ser universal y garantizar la “autonomía moral” propia de un ser libre y racional como el ser humano. La ley o norma moral no puede venir impuesta desde fuera (ni por la naturaleza ni por la autoridad civil…), sino que debe ser la razón humana la que debe “darse a sí misma la ley”. Si la razón legisla sobre ella misma, la ley será universal, pues será válida para todo ser racional. Esta ley que establece como debemos actuar correctamente, sólo es expresable mediante “imperativos categóricos”, esto es, mandatos absolutamente incondicionados. Estos mandatos se diferencian de los “imperativos hipotéticos”, propios de las éticas materiales, que expresan una norma que sólo tiene validez como medio para alcanzar un fin. Por contra, el imperativo categórico que formula Kant no depende de ningún fin y, además, no nos dice qué tenemos que hacer, sino que sirve de criterio para saber qué normas son morales y cuales no. Establece cuál es la forma que debe de tener la norma para ser moral: sólo aquellas normas que sean “universalizables” serán realmente normas morales.

La naturaleza conflictiva del deber moral y su tendencia a exigir sacrificios personales se representa en Lisa en toda su intensidad, pues en ella se reconoce todo el sufrimiento que puede experimentar una criatura precoz y sensible dispuesta a cumplir con unos “principios autodeterminados”. Su gran amor por la vida y la belleza, en contraste con su no menos profundo compromiso con la verdad y el bien, resalta en la tristeza y en la frustración en las melodías anhelantes y melancólicas de su saxofón. Kant sostiene que la belleza y el arte brindan la posibilidad de una vida moral más elevada. Cuando la vida real le presta escasa o nula atención a tal posibilidad, el grito afligido del alma de Lisa encuentra expresión en el gemido del saxo. Porque hacer lo correcto no siempre nos conduce a la felicidad (de hecho no nos conduce a ningún fin concreto, material).

Lisa representa mejor que nadie el concepto de moralidad, tal como lo entendió Kant. Estamos ante una joven que siempre hace lo correcto, que toma sus decisiones en base a unos principios que vienen determinados por su propia voluntad, que son autónomos en el sentido pleno del término. Llamamos “autónomo” a quien no se rige por lo que le dicen los demás. Por las apetencias o instintos, sino que dirige su vida por un tipo de normas que cree que “debería cumplir cualquier persona”, normas que por tanto son “autoobligadas”, “incondicionadas” y “universales”. En cada una de sus decisiones, vemos a una jovencita que hace gala de una “razón práctica” muy bien estructurada, que es reflexiva y que siempre sopesa todas las opciones antes de decidirse por la que considera correcta, decisión que suele ser la acertada, la que moralmente resulta más adecuada porque compromete a toda la humanidad, porque es universalizable.

Algunos ejemplos notables del comportamiento de Lisa Simpson los encontramos en “Lisa la iconoclasta”, en la que Lisa descubre, mientras investiga el pasado de Jeremías Springfield, que el fundador de la ciudad no es el héroe que todos piensan que fue. En “Lisa la vegetariana”, una visita a una aldea recreativa hace que Lisa se convierta en vegetariana, lo que la lleva a enfrentarse con Homero, ya que ella no puede tolerar el comportamiento carnívoro de su padre. En “Lisa se va a Washington”, Lisa gana un viaje para toda la familia a Washington en un concurso de ensayos patrióticos del Reading Digest. Pero su fe en la democracia es severamente afectada cuando ve a un legislador aceptar un soborno.

Otros ejemplos interesantes de la actitud moral de Lisa los encontramos en “Lisa la escéptica”, en la que Lisa encuentra un esqueleto que toda la ciudad cree que es de un ángel, pero ella está resuelta a probar que se equivocan; en “El sustituto de Lisa”, La maestra de Lisa se enferma, y en su reemplazo llega el señor Bergstrom, quien le enseña que vale la pena vivir; en “Vocaciones distintas”, luego de hacer el test CANT (Career Aptitude Normalization Test), Lisa descubre que su destino es ser ama de casa, mientras que el de Bart es ser policía. Mientras Bart disfruta de su autoridad, Lisa se deprime y se rebela robando los libros para maestros de toda la escuela. Finalmente, en “La boda de Lisa”, Lisa va a la Feria del Renacimiento de Springfield, donde una adivina le cuenta sobre sus futuros planes maritales. Y una última recomendación para conocer un poco más a “Encías Sangrantes Murphy”, y comprobar la pasión de Lisa por la música de jazz: “La depresión de Lisa”).

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