La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Ya que estamos analizando en clase la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” (1948) convendría hacer un repaso previo a los orígenes de este documento histórico, para lo cual deberíamos empezar por laDeclaración de Derechos de Virginia (1776) que tiene un importante antecedente en la Carta de Derechos Inglesa “Bill of Rights” (1689) y que es la base de lo que conocemos comoDeclaración de Independencia de los Estados Unidos” (1776), que se adelanta trece años a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (1789) redactada y aprobada por la Asamblea nacional durante la Revolución francesa, a la que habría que sumar la “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” tan solo dos años después y gracias al empeño de Olympe de Gouges, y por la que las mujeres entraron, por lo menos a través de un documento no oficial, en la historia de los derechos humanos.

He seleccionado esta escena de la reciente serie americana dirigida por Tom Hooper para la cadena HBO “John Adams sobre el segundo presidente de los Estados Unidos de América, el citado John Adams, en la que el futuro presidente, habiendo encargado a su compañero Thomas Jefferson un borrador para una futura declaración, muestra su asombro ante el manuscrito presentado por Jefferson, ya que considera que no es una declaración para los americanos, sino para todos los “seres humanos”. El otro invitado a la escena, Benjamin Franklin, hace acotaciones muy interesantes, que tendremos ocasión de comentar en el aula, sobre la “naturaleza” de las verdades expuestas por Jefferson. La discusión sobre la pertinencia de la “esclavitud” es también muy jugosa: Jefferson se muestra obstinado en este punto, pero Franklin cree que la abolición es un paso radical que no sentará bien a los estados del sur y, en vista de que no tienen suficientes aliados en favor de la declaración, prefiere posponer el debate sobre los esclavos para más adelante (sólo con Abraham Lincoln en el poder, el decimosexto presidente si mal no recuerdo, se llevara a efecto tal abolición por medio de la “Proclamación de Emancipación” en 1863). Estamos ante un momento histórico: la primera declaración moderna de derechos para toda la humanidad (podéis consultar la votación de las trece colonias en este enlace).

Pero frente a este acontecimiento notable, en el que confluyen figuras de relevancia histórica, me gustaría contrastar este momento histórico con otro mucho más mundano. En el arranque de la película “Danton” (Coproducción 1983) de Andrzej Wajda, nos encontramos con una escena cotidiana: una madre dando un baño a su hijo (sólo avanzada la película, nos enteramos que son la esposa y el hijo del gobernante Maximiliano Robespierre, del que supongo, no es necesario hacer comentarios). El jovencísimo Robespierre junior reproduce de memoria los distintos artículos de la Declaración de Derechos, como si de un ejercicio de colegio se tratara: y cuando el niño se equivoca, su madre le reprende… con un castigo físico. Parece una forma de proceder un tanto arcaica, al menos desde una perspectiva actual, pero la historia nos demuestra que ha resultado ser muy efectiva. Es necesario que las primeras generaciones de “hombres libres” comprendan la valía e importancia de los preceptos que señala la declaración, de las libertades (entonces meras “aspiraciones” para la humanidad) que sostiene y fundamenta, para que las nuevas generaciones no tengamos la necesidad de aprenderlas de memoria, sino, simplemente, de disfrutarlas de pleno derecho. Recordemos que la lucha por estos derechos y libertades básicos no fue precisamente un camino de rosas.

Durante el siglo XIX muchos de estos “derechos políticos” fundamentales fueron finalmente alcanzados (libertad, igualdad jurídica, derecho al voto masculino…) gracias al empuje del movimiento liberal, encabezado por la burguesía y en demanda de reformas democráticas frente al absolutismo, y garantizaron también la aparición de nuevos “derechos económicos y sociales” (derecho al trabajo, a la educación, a la reunión y asociación, a la huelga…). Ya en el siglo XX, la “Carta Internacional de Derechos Humanos” proclamada por las Asamblea General de las Naciones Unidas, aglutina una serie de declaraciones (la más conocida de las cuales es la Declaración Universal firmada en Paris en 1948) como el “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” (1966), el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales”(1966) y los protocolos facultativos correspondientes (el “Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” y el “Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado a abolir la pena de muerte”).

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