La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Aunque no hemos trabajado esta teoría ética en el aula, convendría decir algunas cosas sobre la forma de entender el deber propuesta por los existencialistas. El existencialismo es una corriente filosófica con autores muy diversos, si bien nosotros solo nos hemos interesado por el pensamiento de Jean Paul Sartre, cuya moral se basa en la frase de Fiódor Dostoyevski: “si Dios ha muerto, todo está permitido”, lo que le lleva a eliminar de su moral todo valor absoluto al margen del ser humano. Para los existencialistas el término “existencia” no significa el hecho de existir, como opuesto a la esencia, aquello que una cosa es; para ellos la existencia es “el modo de ser propio del ser humano. Por ello centran su reflexión en el individuo concreto y en el mundo en que vive. Sartre está convencido de que la existencia humana depende de la “elección de cada uno“, que el ser humano es un ser radicalmente libre, cuya característica es su total indeterminación. Cuando nace a un mundo que no ha elegido, el ser humano es una “naturaleza indefinida” que ha de hacerse de forma progresiva, eligiendo en cada momento lo que desea ser.

Frente a quienes admiten la libertad subjetiva y en ella fundamentan el deber moral, Sartre radicaliza su postura afirmando que “el individuo se encuentra solo y abandonado”; es completamente “libre” para crearse a si mismo, pero en un mundo carente de sentido, es decir, en un mundo absurdo”. El ser humano está desorientado porque Dios no existe ni hay valores que sirvan de referencia posible para ordenar la conducta, y la única norma moral es “la que cada uno se imponga a sí mismo, sabiendo que en cada acción compromete a los demás”. En estas circunstancias, “cada individuo elige libremente” y, al hacerlo, “crea sus propios valores”, sin necesidad de que existan los valores absolutos que Dios representaría si existiera. Cuando el ser humano decide hacer algo, la única justificación de su elección es haber sido querida, es decir, proceder de un  “acto libre“, lo que hace a tal situación angustiosa. Sin embargo, la libertad individual debe coincidir con la de los demás porque, al elegir, no se puede prescindir de los otros o, como Sartre dice: “Es necesario que sea obligatorio a priori que sea uno honrado, que no mienta, que tenga hijos, etc

Os presento un interesante enfoque de la moral sartreana a partir de la película de los hermanos Joel e Ethan Coen titulada “El hombre que nunca estuvo allí” (USA Films 2001), que recuerda en su forma, más que en su contenido (aunque también cabría buscar coincidencias), a la famosa novela “El extranjero (“L’étranger”)” (1942), del también existencialista Albert Camus, por cuanto muestra la vida y destino de un hombre apocado, aparentemente sin demasiado interés por la vida, puesto que ésta le resulta totalmente absurda y carente de sentido. Al igual que el protagonista de la novela (el conocido señor Meursault), nuestro protagonista, Ed Crane, comete un absurdo crimen y, a pesar de sentirse inocente, jamás se manifesta contra su ajusticiamiento ni muestra sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima. Crane muestra en la muerte la misma pasividad y el mismo sentido aburrido de la existencia que mostró en vida, sin importarle demasiado su conducta o los resultados que esta pudiera tener. Pero por otro lado es consciente de que ha cometido un crimen atroz, y que debe pagar por ello, pues la libertad individual no debe sobrepasar nunca la de los demás, debe someterse a ella como el primer principio de la moralidad.

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