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De impresiones y de ideas

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

El filósofo empirista escocés David Hume (1711-1776) nos proporciona en la introducción al “Tratado de la naturaleza Humana” un esquema preciso de su proyecto filosófico: el objetivo fundamental  será elaborar una “ciencia del hombre” que permitirá, entre otras cosas, determinar el origen de nuestras ideas, el alcance del entendimiento o la forma en que procede nuestra razón. Así concebida, esta ciencia de la naturaleza podría erigirse en fundamento de todas las demás ciencias, puesto que en último término, todas ellas dependen de una adecuada comprensión de los “límites y la naturaleza del saber y el obrar humanos”. Ahora bien, al igual que las ciencias naturales, esta ciencia deberá basarse exclusivamente en la experiencia y en la observación como puntos de partida y como límites de todo su trabajo. Hume, siguiendo el principio fundamental del empirismo, mantiene que todo el contenido de la mente procede de la experiencia, y a tal contenido lo llama genéricamente “percepciones”.

Según un primer criterio clasificador, las “percepciones” pueden dividirse en “impresiones” e “ideas”. Las “impresiones” son lo primero que se presenta a la mente en la experiencia, su contenido inmediato, de manera que llegan a nosotros con más fuerza y mayor nitidez, y pueden ser de dos tipos: de “sensación” y de “reflexión”, según procedan, respectivamente, de la experiencia externa o de la experiencia interna. Las “ideas”, meras copias de impresiones, son imágenes debilitadas de aquellas que usamos al pensar y razonar. Y pueden aparecer en la mente de dos modos: en la “memoria” y en la “imaginación”, siendo las primeras más vivaces que las segundas.

Un segundo criterio divide de nuevo las “percepciones” en “simples” y “complejas”, en función de que puedan ser divididas o no en partes. Como el criterio abarca tanto a impresiones como a ideas, tendríamos, por un lado “impresiones simples” e “impresiones complejas”, y del otro, “ideas simples” e “ideas complejas” (siendo lo complejo, en ambos casos, aquello que está compuesto por la suma de lo simple). Toda idea simple deriva de una impresión simple, de la que, como se ha dicho, es una copia debilitada. Por otra parte, una idea compleja estará compuesta por ideas simples que, a su vez, han de corresponderse cada una con una impresión simple. Podemos concluir, por tanto, que las “impresiones simples” son el auténtico punto de partida y la materia prima de todo el conocimiento humano.

Volviendo la distinción entre “ideas de memoria” e “ideas de la imaginación”, decimos que las segundas eran mucho menos vivaces, puesto que, contrariamente a lo que pasa con la memoria, la imaginación no conserva el orden y la posición de las ideas simples de las que partes: la imaginación combina, asocia, une y separa las ideas siguiendo criterios propios del funcionamiento de la mente que no derivan de la experiencia. Esta actividad de la imaginación responde a un cierto “principio natural de la asociación”, que sería la verdadera ley que rige el pensamiento humano. Este principio es definido como una especie de “fuerza suave” que mueve al hombre a asociar habitualmente las ideas según su “semejanza” (la imaginación asocia una idea con otra semejante a ella), la “contigüidad en el tiempo o en el espacio (asociamos una idea con otra contigua en el tiempo o en el espacio) y la “causalidad”, a la que dedicaremos un próximo artículo.

En el vídeo que inicia el artículo tenemos un buen ejemplo del crecimiento en el conocimiento intelectual a partir de las “impresiones simples”. Se trata de la película “Young Sherlock Holmes” (Paramount 1985) de  Barry Levinson (estrenada en España bajo el título de “El secreto de la pirámide”), en la que el director se inventa un posible primer encuentro entre los dos personajes clásicos de Sir Arthur Conan Doyle. La maestría del perspicaz Sherlock Holmes en el uso del método inductivo le permite sacar conclusiones complejas a partir de unos pocos datos simples, llegando a “adivinar” incluso el nombre de su colega, además de su gusto por la medicina… y por las natillas. Vosotros mismos podéis buscar la solución al acertijo que plantea Holmes al final del vídeo, y si tenéis oportunidad de ver la película, os recomiendo otro momento muy emocionante en el que nuestro detective, puesto a prueba por algunos de sus compañeros de estudio, es capaz de resolver un enrevesado acertijo en el plazo de una hora… con la única ayuda de su inseparable lupa de aumento y de su ingenio.

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