La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Abril 4th, 2011

Vamos a tratar de abordar el pensamiento de David Hume a partir de la reciente película “Memento” (Columbia 2000) de Christopher Nolan, que nos plantea un interesante análisis del concepto de memoria. Os pongo en antecedentes: Leonard Shelvy, un antiguo investigador de seguros, vive obsesionado con la idea de capturar a John G. el hombre que violó y asesinó a su mujer. Pero Leonard sufre un problema de memoria conocido como “síndrome de Korsacoff”: durante el incidente con su mujer, fue golpeado en la cabeza, y desde ese momento no es capaz de generar nuevos recuerdos (técnicamente, sus recuerdos recientes no pasan a la memoria a largo plazo, con lo que al poco tiempo de empezar a hacer algo no recuerda porqué lo está haciendo, o como ha llegado hasta allí, o quien es el tipo que tiene delante…). La idea es muy brillante: puesto que no puede crear nuevos recuerdos, no puede “saber” lo que esta haciendo, esto es “carece de conocimiento”. Leonard soluciona esto dejándose continuas notas de sus acciones, incluso tatuándose el cuerpo con mensajes para luego recordarlos, pero también modificando algunas de sus anotaciones y alterando el valor de sus conclusiones para “engañarse a sí mismo y ser feliz”.

Os he seleccionado la escena final de la pelicula para ejemplificar el pensamiento de nuestro autor: recordemos que según Hume, todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, bien sea por impresión directa a través de los sentidos, bien sea por reflexión a través de las ideas, que no son otra cosa que “recuerdos actuales de impresiones del pasado”. Hume concluye que para que una idea sea tenida por conocimiento verdadero ha de ser derivada de una impresión previa. Pero: ¿como podemos generar una idea si nos es imposible retenerla en la memoria? Esto le pasa a Leonard, que nunca sabe que esta haciendo, porque no ha podido generar el recuerdo que le permita conocer el mundo. Y aun así, el insiste en que el mundo esta ahí, que “el mundo no desaparece al cerrar los ojos” (cuando dejamos de tener impresiones) porque puedo recordarlo (en el sentido de que, aunque no pueda sentirlo, puedo pensarlo, puedo tener conocimiento de su existencia a través de las ideas que me he formado de él). Pero en un vuelta de tuerca magistral, Leonard se justifica diciendo que “tengo que creer que el mundo sigue ahí”, “tengo que creer que mis actos tienen sentido” (aunque no los recuerde), y esta es la clave. Para Hume todo está en este concepto de “creencia”: es la “costumbre”, el “habito”, lo que nos permite proyectar el pasado hacia el futuro y creer que el mundo permanecerá igual a como era en el pasado, lo que nos permite continuar adelante con nuestra vida conscientes de que “el mundo sigue ahí”, si bien este conocimiento es tan solo una creencia, y no un verdadero saber, un saber cierto.

Este es, además, el punto de partida utilizado por Hume para desmantelar la teoría metafísica cartesiana de las tres sustancias. Puesto que ninguna de ellas es una “idea clara y evidente” (puesto que “no derivan de ninguna impresión”), las tres no son más que fantasías creadas por la imaginación, meros nombres vacíos de contenido, sin significado alguno o que no remiten a ningún objeto real. Así el mundo, del que tenemos conciencia, en tanto que realidad permanente e inalterada que no cambia y permanece constante al margen de nosotros. Pero esta conciencia del mundo no es verdadero conocimiento del mundo, puesto que del mundo sólo podemos tener conocimiento “viéndolo”, “oliéndolo”, “tocándolo”… y lo que vemos, olemos y tocamos son siempre impresiones momentáneas, concretas (y por lo tanto cambiantes), nunca permanentes: no existe un “Mundo” al margen de nuestras impresiones particulares de este o aquel objeto real, del que tenemos constancia de forma inmediata a través de nuestros sentidos. A Leonard solo le cabe “creer” que el mundo existe, porque si no cree, su propio mundo se vendría abajo, atacado como está por esa extraña enfermedad que le impide “tener ideas”.

El segundo de los vídeos se inicia con una interesante conversación entre Leonard y Teddy sobre la inconsistencia de la “memoria” frente a la solidez de los “hechos”, y es una forma perfecta de introducir una interesante distinción humeana, la que se establece entre las “relaciones de ideas” y las “cuestiones de hecho”. El conocimiento de las relaciones de ideas es el característico de aquellos enunciados cuya verdad no necesita ser probada en la experiencia, sino que depende simplemente del significado de ciertos símbolos, lo que sucede por ejemplo en los enunciados de la matemática y de la lógica que, puesto que hacen “abstracción” completa de cualquier contenido empírico, pueden demostrar su verdad con “absoluta necesidad” atendiendo sólo a la forma del enunciado. Por el contrario, el conocimiento sobre cuestiones de hecho lo componen el resto de enunciados de las ciencias, referidos en este caso a datos de la experiencia que obtenemos a partir de “impresiones”. Lo característico es que su verdad no puede establecerse con rango de verdad necesaria, ni demostrativa ni intuitivamente, sino solo con rango de “probabilidad”… algo que el pobre Leonard, por desgracia, no podrá recordar.

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