La casa de Elrond

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El problema de la causalidad

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Ya hemos comentado que existen, según David Hume, dos clases de conocimientos: el de “relaciones de ideas” y el de “cuestiones de hecho”. El conocimiento de “cuestiones de hecho” consiste fundamentalmente en el establecimiento  de “relaciones causales” entre objetos y sucesos. Esto hace que la crítica de Hume a la “idea de causalidad” se convierta en asunto de capital importancia y donde cobran mayor fuerza las virtudes críticas de su propuesta: el problema que se plantea es que, cuando construimos razonamientos consistentes en atribuir un “efecto” a una “causa” o viceversa, suponemos que tal conexión “se da en la realidad”, o dicho de otro modo, que la “relación causa-efecto” que reflejamos en nuestra argumentación “nos la hemos encontrado previamente en la realidad”. Pero si así fuera, y siguiendo el principio empirista de que toda idea ha de proceder de una impresión, para formarnos la idea de causa deberíamos haber tenido una impresión de partida: pero tal cosa no sucede, y puesto que sólo podemos decir legítimamente que conocemos aquello de lo que tenemos impresiones, se sigue que no podemos saber si en la realidad se dan o no vínculos causales.

No nos es posible, en consecuencia, establecer ningún tipo de estatuto ontológico a la “causalidad”: no sabemos si ésta pertenece al mundo, pero lo que sí sabemos, al menos, es que pertenece a nuestra forma de pensarlo, ya que es la propia actividad de la mente la que construye la idea de “conexiones causales”, de tal manera que analizar la cuestión de la causalidad es supone determinar el proceso mental mediante el cual la presencia de una idea o impresión suscita, de manera inmediata en nuestra mente, otra idea que entendemos como causa o como efecto de ella. En consecuencia, la “idea de causa” es producida por la “actividad asociativa de nuestra mente”, y lo hace del siguiente modo: en primer lugar, experimentamos la “conjunción constante” entre determinados fenómenos, es decir, observamos que “tras ciertos hechos siempre suceden ciertos otros”; esto nos lleva a suponer que siempre va a producirse la misma conjunción de acontecimientos, con lo que es la “costumbre” de experimentar lo mismo lo que nos hace creer que el comportamiento de la naturaleza es regular y uniforme, y que en cualquier tiempo futuro seguirá ocurriendo lo mismo.

Pero esto no explica cómo produce la mente la “idea de causa”, pues ésta, aparte de contener la hipótesis de la “regularidad de la naturaleza”, incluye también la idea de la “conexión necesaria”; esto significa que cuando digo que a es causa de b, estoy sosteniendo que siempre que se dé a se dará necesariamente b. de nuevo, es el “hábito adquirido”, tras haber experimentado repetidas veces en el pasado la misma secuencia de acontecimientos a-b, el que obliga a la mente a saltar de la primera idea a la segunda. Esta asociación automática e inconsciente es la que genera la “creencia” de que siempre que se de a como causa, va a darse inexorablemente b como efecto. Pero la hipótesis de esta conexión, si bien es útil para la vida, no pertenece a la naturaleza, ni la hemos establecido racionalmente, sino que simplemente es una “creencia producida por el hábito y la costumbre”. El intento de orientar la vida desde un orden de certezas racionales se torna vana ilusión: la creencia, el hábito y la costumbre se instalan como únicas guías de la vida.

Tomemos de nuevo una secuencia de la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), de los hermanos Larry y Andy Wachowski, para dar ejemplo de lo dicho con anterioridad. En la segunda parte de la saga (“The Matrix Reloaded” 2003) nuestros tres protagonistas acuden a la casa de Merovingio, un programador informático que enseña a los atónitos oyentes en que consiste la “relación causa-efecto”, y lo demuestra a través de un ejemplo muy instructivo. El anfitrión insiste en que esta es la única constante del universo, la única “verdad constatable” que sigue los principios newtonianos de acción-reacción (y que negaría la posibilidad de la libertad, como pretende hacer notar Morfeo) siguiendo una secuencia en forma de “efecto dominó” que resulta inevitable. Pero a continuación insiste en que la causa no existe, o que al menos no podemos conocerla, pues nos dejamos llevar exclusivamente por nuestras sensaciones, y solo podemos preguntarnos el por qué. Interesante explicación que nos acerca a la idea de hábito adquirido que nos plantea Hume.

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