La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Este tercer trimestre vamos a centrar nuestro estudio en el análisis del concepto de acción, que hemos dividido en tres grandes apartados: la acción ética, la acción productiva y la acción política. Pero antes de ello, conviene introducir el concepto de forma general, especificando las características de la acción humana, su especificidad respecto de, pongamos por caso, la acción animal o la acción computacional. Tomaremos como ejemplo un clásico contemporáneo que seguramente conoceréis: “2001: A Space Odyssey” (MGM 1968) del director neoyorkino Stanley Kubrick. Rindo así homenaje al profesor Santiago González Escudero, uno de mis maestros, el que definitivamente me influyó a la hora de aplicar el cine como elemento didáctico en mis clases, y que desgraciadamente nos abandonó hace ahora cuatro años “para irse a caminar entre las estrellas”.  De sus enseñanzas sobre literatura griega surgió la idea que os presento a continuación.

Esta película recrea, de un modo más o menos evidente, según el intérprete,  el relato clásico propuesto por Eurípides en “Medea”. Eurípides recoge en su tragedia parte de la trama mítica entorno a Jasón y los “Argonautas”. Jasón es un héroe en el sentido pleno, capaz de elegir siempre lo correcto, lo adecuado en cada situación; junto a él, Medea representa el consentimiento de la esposa fiel, sumida en la cotidianeidad, que admite la conducta de Jasón en tanto esta representa la “alétheia”, lo establecido. Eurípides rompe el mito en algún punto de la trama, procurando a Medea un “logos“ propio que varía respecto al de Jasón: Medea mata a sus propios hijos, para así dejar a su marido sin descendencia. Eurípides da a Medea carta de naturaleza con su actuación; la conducta de Medea es seguramente reprobable, como lo es la de Jasón, pero esto no es lo importante: lo que realmente importa es que Medea toma una “determinación” (movida ciertamente por un sentimiento de “cólera”, por “miedo”, pero también por una “razón”) y la toma por su propia cuenta y riesgo, esto es, determina su propia “conducta” (no sólo su “discurso”) y la ejecuta, impone un nuevo “logos”, y lo hace al margen de los dioses, sin necesidad de que esta conducta le sea impuesta o se ajuste a un patrón estándar.

En la película que nos ocupa se nos plantea esta misma situación en el episodio central de la película: el Sistema Solar es el espacio mítico equivalente al Mediterráneo de la ”Odisea” de Homero, y lo es en el sentido en que está dominado por los dioses; la nave “Argo” se ha transformado en una nave espacial que se mueve en este espacio gravitatorio impelida por el sentimiento la atracción que provoca el “monolito” (que no es otra cosa que un gigantesco “imán”), y el dominio de la nave esta en manos de un héroe: HAL 9000. HAL es una maquina programada para seguir una ruta, y su conducta responde a un patrón establecido; al igual que Jasón, HAL desarrolla el “discurso de lo oportuno”, hace siempre lo correcto, lo más adecuado a cada situación, movido por la necesidad que esa situación impone (las leyes físicas de la gravedad y de la inercia, que HAL domina) y su objetivo es igualmente claro: llegar a Júpiter. Frente a él, el astronauta protagonista, Dave, se deja llevar por su cotidianeidad, asume la condición de mando de la máquina y confía en su buen hacer, puesto que, como Medea, es un “extranjero” en una tierra extraña que desconoce.

Pero en algún momento Kubrick rompe la trama: como Jasón, HAL comete una torpeza (un fallo mecánico, un error de programación); el astronauta toma conciencia de ese error y reconoce en él un peligro para su propia existencia; al igual que Medea, al sentir esta amenaza (que la involucra a ella tanto como a sus hijos, a Dave tanto como al resto de astronautas a su mando) responde tomando una determinación que no le es impuesta, y responde con su propio “logos”, un logos de igual fuerza y sentido contrario, el “discurso de la protección”. HAL tiene una única misión: conducir la nave a Júpiter, y este dato de programación se convierte para HAL en una prioridad, y por ende en una obsesión; el astronauta desestima Júpiter como prioridad frente a la necesidad de salvar su vida (y la del resto de astronautas), reconoce en HAL a su enemigo (“el otro”) y decide desconectarlo, asumiendo la contradicción de quedar literalmente “a la deriva” en un espacio que desconoce: al igual que Medea, Dave no se resigna, asume el mando y desautoriza el “logos” de HAL, al punto de destruirlo, de desconectarlo, de “sacarlo del mundo”: HAL pierde, como Jasón, toda su capacidad operativa, y queda neutralizado, se muere. Nótese que al igual que Medea es calumniada por los griegos en la representación teatral, el espectador reprueba la acción del astronauta y toma partido por HAL: las muertes de los otros astronautas no producen sentimiento alguno, son asépticas, pero la desconexión de HAL es dolorosa, provoca una conmoción porque, como en Eurípides, rompe la fe en lo establecido y supone una ruptura en la comunicación, ruptura por lo demás inevitable.

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