La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Nos centramos ahora en el debate entorno al concepto de “libertad”, y su relación con los conceptos de “determinismo” e “indeterminismo”, tomando como ejemplo un par de películas que, aunque aparentemente diferentes, nos introducen en la misma temática. En primer lugar, la histórica “Lawrence de Arabia” (Columbia 1962) de David Lean, que hemos tenido ocasión de ver en el aula, plantea esta disputa entre libertad y determinismo. Si recordáis, mientras la caravana atraviesa el desierto en dirección a Aqaba, uno de los porteadores cae del camello y queda expuesto al peor de los destinos en medio de un abrasador mar de arena. Cuando Thomas Edward Lawrence sugiere que deben volver a rescatarlo, todos los árabes le dicen que está loco, que ese hombre ya está muerto, que era su destino morir en ese desierto, que “estaba escrito”. Pero Lawrence toma la decisión de volver sobre sus pasos, adentrarse de nuevo en el desierto y regresar con el moribundo, desafiando a los demás al decirles: “nada esta escrito”. Incluso se atreve a decir: “Yo iré a Aqaba; eso está escrito… aquí (señalándose la sien)”, es decir, “está escrito dentro de mi cabeza (es mi decisión)”.

Pero ¿tiene razón Lawrence? ¿Realmente el hombre es libre para decidir sobre su futuro? En la siguiente escena, que aquí reproducimos, un soldado mata a otro. Para evitar el conflicto, se debe aplicar la ley: “Ha matado, luego debe morir”. El propio Lawrence ejecuta la ley, para contentar a ambas partes, pero al hacerlo, descubre que el asesino es el mismo hombre que él había rescatado de una muerte segura en el desierto. Tras confesar el condenado su culpa, Lawrence no tiene más remedio que disparar, y entonces el caudillo local repite “entonces, estaba escrito”, queriendo significar que, efectivamente, el destino había querido que aquel hombre muriese en aquel desierto (podéis consultarlo en este enlace). Quizá todo esté escrito, todo esté determinado de antemano, pero como dice Platón: “los humanos somos marionetas movidas por los dioses, pero a los muñecos agitados por los tirones de sus hilos les cabe una limitada libertad, si eligen lo razonable”. (Por cierto, el teniente Lawrence finalmente avanza sobre Aqaba y toma la ciudad por las armas… que era justamente lo que se había propuesto).

En segundo lugar, la futurista “Gattaca” (Columbia 1997) del director Andrew Niccol. Os recuerdo que su título surge de la recombinación de las cuatro bases nitrogenadas que conforman la doble hélice de ADN: Adenina, Timina, Citosina y Guanina), y de que modo afecta ésta a la condición humana. La película se centra en la polémica entre “genetistas” y “ambientalistas” al respecto de la idea de libertad humana. En un utópico mundo futuro, aunque muy cercano en el tiempo (y muy probable, visto el avance de las técnicas médicas actuales) la mayoría de los bebes son engendrados de forma artificial a través de fecundación “in vitro”, lo que permite a los ingenieros genéticos desarrollar solamente aquellos óvulos fecundados que mejores caracteres reporten: ausencia de problemas cardiacos, alopecia, miopía, propensión a la violencia… ¿Qué pasaría en un mundo como este si un bebé fuera concebido de forma “natural”?

Vincent es un joven con diversos problemas: al ser gestado de forma convencional, nace pequeño, miope y con riesgo de enfermedad coronaria grave a partir de los 30 años de vida (podéis consultar su nacimiento en este enlace). Su hermano Anton es otra cosa: ha sido seleccionado como el mejor candidato de entre una serie de óvulos fecundados artificialmente, y por tanto goza de todas las prestaciones posibles en grado óptimo, lo que le permitirá desarrollar su vida de forma plena sin temor a enfermedades o deficiencias. Ambos hermanos juegan un particular juego llamado “el gallina”, que consiste en ver cual de los dos se rinde antes en una competición a nado por el océano. Anton resulta ser siempre el ganador, porque no hay motivo ni escusa que le impida imponerse siempre, puesto que es el mejor dotado genéticamente… pero el azar interviene, “haciendo que todo lo demás fuera posible”.

En una vieja canción, el cantante americano Tom Waits sugiere que en algún momento de nuestra vida todos fuimos un minúsculo espermatozoide que se impuso sobre millones de espermatozoides rivales. Pero viendo lo que algunos han hecho con su vida (pues el mundo está lleno de “perdedores”, dice Waits), cuesta creer que todos nosotros, incluso los peores de todos, al menos una vez ganamos algo. En el final de la película (que podéis consultar en el material anexo a los vídeos) Vincent contempla las estrellas mientras su cohete espacial lo eleva en dirección al cielo: ha alcanzado su propósito, se ha revelado contra sus genes, superando este determinismo para construir su propia vida, para “llegar lejos”… “todo es posible”, y el límite es el infinito, un infinito plagado de posibilidades, de opciones a elegir, de caminos para la libertad… un infinito plagado de estrellas.

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