La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

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El siglo de las luces

Posted by albertofilosofia under Historia de la filosofía

Un pequeño repaso a la idea de Ilustración, de la mano de los autores más insignes que a mediados del siglo XVIII decidieron poner las bases de una nueva forma de entender el mundo. Al igual que se dice que el Renacimiento es fundamentalmente un proceso que tiene lugar en Italia (si bien luego dejará sentir su influencia por toda Europa), de la Ilustración cabría decir que, aunque se inicia en Gran Bretaña de la mano de los autores empiristas, tiene su foco de desarrollo en Francia desde principios del siglo hasta el inicio de la Revolución francesa (e igualmente se extenderá después al resto de países, con importantes ramificaciones en España, Países Bajos, Italia, Polonia, Rusia y Suecia, y especialmente en la Alemania de Immanuel Kant). Se trata de una corriente de pensamiento que hunde sus raíces en el racionalismo y el empirismo precedentes, así como en la ciencia y el desarrollo tecnológico, y que aboga por una reforma y transformación de la decrépita sociedad estamental que la precede.

La bases del pensamiento ilustrado hay que buscarlas en una “nueva sensibilidad” que considera que la única y verdadera iluminación del hombre reside en la “razón”, en una fe ciega y absoluta en su poder y en una veneración reverencial por sus posibilidades como arma suprema para poder alcanzar las metas supremas de la humanidad. De ahí sus muchos nombres, que en todos los países aluden a esa idea de luz: Ilustración (España), Lumières (Francia), Aufklärung (Alemania), Enlightment (Inglaterra), Iluminismo (Italia). Sus presupuestos se concretan en algunos ideales ya conocidos, como el “antropocentrismo” propio del periodo renacentista, el “racionalismo” y el “criticismo” de toda tradición, a los que habría que unir nuevos compromisos como el uso del “pragmatismo” en la búsqueda de la felicidad, un “idealismo” tendente a rechazar lo vulgar en favor de lo más elevado y un “universalismo” que asume una tradición cultural cosmopolita de corte grecorromana como fuente principal de inspiración.

Los grandes temas en los que se centrarán los filósofos ilustrados serán estos: a la ya mencionada “confianza en el poder de la razón” como una herramienta eficaz y única para resolver todos los problemas humanos que permite a la vez liberar al hombre de los prejuicios, de las supersticiones, de la ignorancia y de las tradiciones irracionales, hay que sumar la “fe inquebrantable en el progreso científico”, con el doble auxilio de la matemática y de la experiencia, que nos capacitan para conocer las leyes de la naturaleza y para intervenir en ella en beneficio propio. Añadiremos también la negación de toda religión sobrenatural a favor “una religión natural sometida al criterio de la razón”, que bajo el nombre de “Deismo” propone la necesidad de una Causa Primera explicativa del mundo, en tanto que inteligencia creadora y ordenadora del universo. A esto añadimos una cerrada “apología de la tolerancia” y un respeto casi reverencial a cualquier tipo de ideas, ya sean religiosas, morales o políticas, y el rechazo a todo dogmatismo. Se pone un fuerte acento en la “necesidad de la educación” como instrumento clave para el progreso, que haga del alumno un hombre capaz de valerse de su propia razón y que sirva como medio para difundir la cultura y para destruir cualquier tipo de prejuicios, intolerancias y oscurantismos. Finalmente, la Ilustración propone una “crítica del poder político”, el régimen absolutista, pues consideran que el poder no ha de ser un derecho hereditario, sino que debe originarse en la nación soberana.

En palabras de Kant: “La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración”. Quizá por ello, muchos de los pensadores ilustrados fueron grandes pedagogos, desarrollaron metodologías novedosas y practicaron la divulgación, tendente a “iluminar” al pueblo a partir de los ricos materiales que las nuevas ciencias empíricas y las nuevas propuestas económicas y políticas les ofrecían. Echaron mano para ello de todo lo que tenían a su disposición, en un intento de aglutinar todo el saber de su época que tuvo su concrección con la publicación en Francia de la primera “Enciclopedia” (1751-1765), de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert.

Para ejemplificar este periodo creativo y tumultuoso de a historia os propongo la revisión de la reciente “Vatel” (Gaumont 2000) de Roland Joffé, basada en la vida del cocinero francés François Vatel, que aquí actúa como maestro de ceremonias del orgulloso y arruinado Príncipe de Condé durante la recepción que éste ofrece a la Corte de Versalles en su castillo de Chantilly. La película nos muestra con todo lujo de detalles la pompa y artificio que rodea al séquito del rey Luis XIV, el más despótico de los monarcas absolutos europeos, que llegó a decir de sí mismo: “el Estado soy yo”. Frente a esta vida desordenada, necia y decadente de los nobles y cortesanos, Vatel se muestra como un hombre valiente, seguro de sí mismo y hábil en el trato con sus superiores, pero a la vez consciente de su poder, capaz, sobrio y elegante a la vez: domina a todos sus hombre por la razón, les adiestra en el uso del buen juicio, y finalmente desfallece tras la infamia que supone ver morir a uno de sus ayudantes de forma injustificada por la mera diversión de los otros. Corren malos tiempo para Francia, y los hombres como Vatel iniciarán un nuevo camino que llevará aparejado una transformación radical de orden establecido.

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