La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Mayo 11th, 2011

Siguiendo con la “Crítica de la razón pura de Immanuel Kant, el estudio de la “Dialéctica trascendental” se antoja con mucho el más complicado de ejemplificar, pero vamos a hacer un intento con la deliciosa, por original e ingenua, primera película de John Carpenter, titulada “Dark Star” (Bryanston 1974). En un mundo futuro, la nave espacial del título se encuentra al borde de la destrucción por obra de una máquina: el robot inteligente que la controla. Mal asunto para los tripulantes de la nave, que se enfrentan a la aniquilación. Así que uno de ellos se desliza por la escotilla hacia el espacio infinito y se aproxima al robot para plantearle un reto intelectual: “¡una discusión sobre metafísica!”.

Mientras el tiempo de la cuenta atrás se agota, los dos interlocutores repasan la historia de la filosofía moderna, centrándose en los tres elementos básicos de toda metafísica, al menos desde Descartes: las ideas de Dios, alma y mundo. El astronauta planea que el robot detenga la cuenta intentando que éste responda con certeza a una sola pregunta: “¿cómo sabes que esto es real?” Dicho de otro modo, como saber con evidencia que existimos, o que lo que está fuera de nosotros existe, o que podemos establecer una relación entre ambos. Por supuesto, el robot cita a Descartes (“pienso, luego existo”), pero para el astronauta esta certeza es sólo “psicológica”… y debe de haber algo más. Las dudas son tales, que al final el robot detiene la cuenta a cero, pero la nave no estalla (al menos, no de momento), mientras el escéptico artefacto se retira “a meditar una respuesta”.

Difícil resulta dar una respuesta cuando el robot es incapaz de aportar datos empíricos. Lo que el astronauta le exige es algún tipo de explicación “a posteriori, y nosotros sabemos que esta no es posible en el campo de la metafísica, puesto que esta forma de pensamiento trabaja con ideas a priori, trascendentales, y además no puede construir “juicios sintéticos a priori” sobre la realidad (como si lo hacen las matemáticas o la física). Las ideas que la “razón” aporta escapan por completo a nuestro conocimiento, puesto que la idea de “yo” no se refiere a ningún objeto de la experiencia, y aplicarles una “categoría” (como por ejemplo, la de “existencia”) es hacer un uso ilegítimo, acrítico de la razón, que genera lo que Kant llama “ilusión trascendental” (la misma que aflige a nuestro robot metafísico en los momentos finales del film). Las “ideas trascendentales” solo pueden tener un “uso regulador” que dirija el entendimiento hacia síntesis más generales: las totalidades Dios, alma o mundo.

Solo un apunte final. Aunque no sea demasiado importante, finalmente el robot hace estallar la nave, y nuestro astronauta queda aislado del mundo y perdido en el espacio. Pero encuentra un retazo de lo que antes fue su nave espacial y, ¿a que no sabéis que es lo que se le ocurre hacer con él? No os perdáis este sorprendente final, que seguro que os robará una sonrisa, y que pone una nota de color al son de la animada canción country “Benson Arizona” (escrita por Bill Taylor y con música del propio John Carpenter). Como se suele decir: “cuando todo está perdido, por lo menos huele las rosas”. ¡Disfruta el momento!

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