La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Mayo 13th, 2011

Finalmente, un acercamiento a la “ética emotivista” desarrollada por el empirista escocés David Hume de la mano de la divertidísima “Amélie” (UGC 2001) de Jean-Pierre Jeunet. Podéis comenzar con el arranque de lapelícula, y continuar luego con este enlace, en que se muestran los “gustos” de la protagonista, la joven Amelie Poulard, para a continuación comprobad como se divierte en esta escena cambiándole las cosas de sitio a su vecino, un frutero que no trata muy bien a la gente y que genera recelo entre sus conciudadanos por su fuerte y áspero carácter. Al provocar en este hombre un sentimiento de confusión, trata de dulcificar un poco su conducta, obligándole a contemplar la vida desde una perspectiva más “emocional”. Lo mismo hace con su padre, un tipo totalmente entregado a la monotonía de la vida, al robarle su preciado gnomo de jardín y hacerle viajar por medio mundo: al torturar al padre con postales de los sitios más hermosos (que el gnomo parece visitar por su propio pie), genera en el padre un sentimiento de aventura, un interés por el propio mundo y una alegría de vivir que él tenía olvidado.

Toda norma o juicio moral debería basarse, según David Hume, en el “sentimiento de aprobación” que provocan las acciones sinceras y en el “sentimiento de rechazo” que generan las acciones engañosas. Para los emotivistas, pues, la moral no pertenece al ámbito racional, y no puede ser objeto de discusión o argumentación: la función que poseen los juicios y las normas morales es “influir en los sentimientos y en la conducta los demás”. Desde una perspectiva racional, diríamos que las acciones de Amelie son malas, puesto que es cierto que fuerza a su vecino y padre a un sufrimiento aparentemente innecesario. Pero estas pequeñas travesuras tienes el interés de suscitar en ellos un cierto apasionamiento por la vida que a parece faltarles a ambos, y que Amelie quiere compartir por considerar bueno. Comportarse educadamente con los demás y ser más transigente y respetuoso con los defectos ajenos, así como afrontar la vida con entusiasmo y volver a gozar del placer que supone la vida. Todo esto son “sentimientos” que consideramos “agradables”, y por ello mismo “moralmente buenos”.

A imagen y semejanza de Dios

Posted by albertofilosofia under Filosofía y ciudadanía

Respecto de la corriente conocida como “iusnaturalismo moral”, desarrollada sobremanera por Tomás de Aquino, pero que se puede sondear en toda la tradición religiosa, en especial en la moral católica, os he seleccionado este interesante corte de la película “El nombre de la rosa” (ZDF 1986) de Jean-Jacques Annaud, a partir de la famosa novela histórica de Umberto Eco, en la que los protagonistas discuten sobre la pertinencia o no de la risa como elemento distintivo del comportamiento humano. Mientras Jorge de Burgos argumenta que la risa es antinatural en el ser humano, porque deforma las facciones y convierte al hombre en animal, Guillermo de Baskerville defiende la necesidad de la risa precisamente como elemento distintivo del ser humano (no nos debe extrañar que cite a Aristóteles en este mismo sentido). Lo llamativo de la corriente iusnaturalista es que defiende la existencia de una “ley natural” que determina lo que está bien y lo que está mal, ley natural que es “universal y objetiva” y que no procede del ser humano sino de una “instancia externa” (Dios) y que el ser humano puede conocer e interiorizar en tanto en cuanto participa de este mismo logos y puede encontrar en su interior esta ley divina que fundamente su comportamiento moral.

El objetivo de este modo de actuar es la “salvación del alma”, que se considera por tanto el mayor bien al que se puede aspirar. Lo llamativo de esta película es que, haciendo uso de la razón, podemos alcanzar el conocimiento de esta ley y adaptar nuestra conducta a ella (como podéis comprobar al final del artículo, en el que Guillermo dialoga con el herbolario, y donde se discute la necesidad de actuar “de acuerdo con la naturaleza” y no “contra natura”). Guillermo repara en este hecho cuando Jorge insiste en que no se puede hablar de la risa (y mucho menos reír) cuando la abadía sufre por acontecimientos calamitosos, y pide perdón porque considera que ha obrado mal. La labor de un monje, antes como ahora, consiste en la anulación de todo tipo de placer o deseo físico, porque no es el goce sensual el que nos conducirá al bien, sino el recato en la conducta y la expiación de los pecados, grandes o pequeños, que nuestras imprudentes acciones provocan. “Imitar a Cristo” (puesto que somos seres creados “a su imagen y semejanza”) se convierte en un precepto moral básico, de ahí que la discusión gire en torno al posible hecho de que Jesús riera o no.

Un ejemplo interesante de lo que significa ser un estoico lo encontramos en la reciente película “300” (Warner Bros 2007) de Zack Snyder (es muy aconsejable consultar el comic de Frank Miller del que parte la narración, inspirado directamente el los textos del historiador griego Heródoto). Aunque estamos en un periodo muy anterior al surgimiento de la “moral estoica”, tal como fue prefigurada por Zenón de Citio y sus seguidores (en especial los autores de la “estoa tardía” como Marco Aurelio, del que resulta imprescindible consultar sus “Meditaciones”), el arranque de la película,  centrado en el modo de vida y en la forma de entender la educación de los antiguos espartanos, puede servirnos como metáfora de lo que se entiende por comportamiento estoico: se trata de la negación de cualquier deseo o pasión, de la indiferencia hacia los placeres y dolores externos, y de la austeridad en los propios deseos. Se trata, en definitiva, de la búsqueda de la “apatheia” entendida como insensibilidad ante el placer y el dolor, que nos permita una “imperturbabilidad del alma”: esta es la forma de vida adecuada, una vida tranquila que nos vincula a la naturaleza y nos hace comprender su “logos”, el “destino inexorable” que la rige, y al que debemos adaptarnos.

El joven aspirante a guerrero espartano es educado desde la más tierna infancia en la necesidad del esfuerzo personal, del sacrificio y de la valía de la perseverancia en las situaciones extremas: forzado a medir sus fuerzas contra la naturaleza, aprende a adaptarse a ellas para sobrevivir y a sobrellevar los envites del destino sencillamente acomodándose a su ritmo (a su “logos”). Una vez adulto, interiorizada esa insensibilidad ante las adversidades, aprende a soportar el dolor y los sufrimientos y no muestra dolor, y aprende también que “no debe mostrar pasión o deseo”, que debe limitar sus emociones y gobernar su vida de acuerdo a ese logos racional que le marca la naturaleza (algo que se aprecia en la forma en que se despide de su esposa antes de marchar a la batalla, como podéis comprobar al final del artículo). Aprende, en fin, que el destino le tiene preparado algo glorioso si actúa con moderación y cumple con su deber como espartano: aprende que “solo los recios y los fuertes son dignos de llamarse espartanos“, y que morir en el campo de batalla por la defensa de Esparta es “la mayor gloria que puede alcanzar en vida“.

Comenzamos por el concepto de “intelectualismo moral”, introducido por Sócrates, un autor que ha tenido, y tiene aún, innumerables seguidores, como el polémico y divertido House M. D. Ya hemos comentado la filiación de este médico televisivo con el pensador griego en lo tocante al ámbito epistemológico a través del concepto de “dialéctica”. Nos centramos ahora en sus parecidos morales. El intelectualismo es una teoría ética que sostiene que no sólo es posible conocer el bien, sino que además defiende que este conocimiento es el único requisito necesario para cumplirlo, pues el bien es algo que tiene “existencia objetiva y validez universal”. Al igual que Sócrates, House concibe la moral como un “saber”, y considera que las personas malas lo son no por pura maldad sino por ignorancia, y que las personas buenas no lo son por pura bondad sino porque son sabias. Al principio del vídeo que os presento podemos ver una caracterización de los personajes de la serie, que según House remiten a una “virtud” (“atethé” o excelencia de carácter). Lo que los hace buenos médicos es precisamente su conocimiento de la medicina. Del mismo modo, el uso de la ironía (algo por lo demás muy socrático) permite a House diferenciar entre el bien y el mal desde una posición de conocimiento y hacer uso de este para obrar con justicia.

La Idea básica en Sócrates es que la “sabiduría” no le viene al hombre desde fuera, sino desde dentro, de su interior: el sabio no es el que vive de seguridades, el que se ha cansado de buscar, sino el incansable, el que duda y se interroga de los problemas del mundo, de lo que le rodea. Su verdadera filosofía es descubrir por sí mismo la verdad: mientras viva no dejaré de filosofar. Su doctrina es aquella doctrina que “identifica la virtud con el saber”: el que sabe es virtuoso; el que obra mal es un ignorante, porque el bien, que es lo útil para el individuo y para la ciudad, influye de tal manera sobre el entendimiento del que lo conoce, que una vez conocido determina la voluntad, la cual no puede menos que quererlo y practicarlo. El que no lo ha practicado, por tanto es porque no lo ha conocido, es decir, porque no sabe lo que es el bien:Solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, solamente sabiendo lo que es bueno se puede obrar el bien. Es imposible que el entendimiento conozca el mal, de la misma manera es imposible que la voluntad quiera el mal, porque la voluntad está determinada al bien, pues el que peca, pues, no es por mala voluntad, sino por ignorancia: no debe haber un castigo, sino una instrucción, y en vez de cárceles, escuelas.

 

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Para preparar el examen de filosofía de esta semana nada mejor que un pequeño repaso a las distintas teorías éticas y a sus autores más significativos de la mano de algunos vídeos que pueden aportaros unas cuantas ideas sobre cada una de las corrientes de pensamiento ético que hemos estudiado. Algunos de estos ya has sido publicados en este mismo blog para los alumnos de 4º, así que os indico únicamente los enlaces para que podáis acceder más fácilmente a ellos. Nos centramos más adelante en aquellas otras teorías que no han sido comentadas aún en el blog, haciendo un pequeño análisis de cada una de ellas a la luz de algunos momentos cinematográfico seleccionados.

Sobre el eudemonismo ético de Aristóteles

LA FELICIDAD POR EL CAMINO DEL MEDIO

Sobre el hedonismo ético de Epicuro

EN BUSCA DEL PLACER PERDIDO

Sobre el utilitarismo moral de John Stuart Mill

LA MORAL UTILITARISTA AL OTRO LADO DEL MUNDO

Sobre el formalismo moral de Immanuel Kant

HAZ LO CORRECTO, PORQUE ES LO CORRECTO

Sobre la ética existencialista de Jean Paul Sartre

LA ÉTICA DE LA CONCIENCIA

Sobre la ética discursiva de Jürgen Habermas

CONSIDERACIONES SOBRE LA ÉTICA DEL DISCURSO

Y para completar el ejercicio, os ofrezco además una serie de enlaces a los artículos sobre ética y moral que hemos trabajado igualmente con los alumnos de 4º, en los que tomamos a los personajes centrales de la serie de televisión “Los Simpson” (FOX) de Matt Groening. Cada uno de nuestros animados amigos (Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie, además de la propia ciudad de Springfield) son un notable ejemplo de las distintas teorías éticas que hemos visto en los últimos días, que hemos trabajado a partir del ensayo “Los Simpson y la filosofía” (Blackie books 2009) de William Irvin, Mark T.Conard y Aeon J.Skoble. Aunque esta actividad está más pensada para los alumnos de la ESO, puede que os sirva de ayuda para completar vuestro repaso.

Sobre el eudemonismo ético de Aristóteles

MARGE SIMPSON Y LA VIRTUD DE LA PRUDENCIA

Sobre el hedonismo ético de Epicuro

MAGGIE SIMPSON EN ESTADO DE ATARAXIA

Sobre el utilitarismo moral de John Stuart Mill

HOMER SIMPSON, EL MAL MENOR Y EL BIEN COMÚN

Sobre el formalismo moral de Immanuel Kant

LISA SIMPSON Y EL IMPERATIVO CATEGÓRICO

Sobre la ética existencialista de Jean Paul Sartre

BART SIMPSON SE MULTIPLICA POR CERO

Sobre la ética discursiva de Jürgen Habermas

LA CIUDAD DE SPRINGFIELD Y LA RAZÓN DIALÓGICA

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