La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Nos adentramos ahora en la “Crítica de la razón práctica” (“Kritik der praktischen Vernunft”) de Immanuel Kant. Recordad que este autor da un giro radical a la forma de entender la moral, criticando todas las posturas éticas anteriores a él, las éticas materiales y de los fines, al afirmar que el contenido material de la acción no es importante, puesto que es la “forma” de la acción la que debe preocuparnos. El nuevo criterio moral que propone Kant supone negar una finalidad para la acción humana, puesto que no es la felicidad, ni el placer, ni la utilidad, lo que debe movernos a la acción, sino que debemos ser conscientes de que hay una serie de “mandatos” que debemos seguir, “que nos obligan”, “que deben ser cumplidos” (aunque seguirlos no nos haga felices o nos produzca placer).

Es nuestra propia razón, entendida como “razón práctica”, la que debe darnos las leyes por las que regir nuestra conducta, unas leyes que nos indiquen como debemos comportarnos para ser personas auténticas. Estas leyes, que Kant llama “imperativos” no deben limitarse a ser meros consejos para alcanzar un fin, sino verdaderos mandatos que nosotros mismos nos obligamos a cumplir por el hecho de reconocer en ellos la acción correcta. Mandatos que deben ser incondicionados, para todo tiempo y lugar, además de universalizables, válidos para todo ser humano: imperativos que deben ser “categóricos” y no meramente “hipotéticos”. Estos mandatos no prometen la felicidad a cambio, solo prometen realizar la propia humanidad, puesto que ser persona es por sí mismo valioso, y la meta de la moral consiste en querer ser personas por encima de cualquier otra finalidad o bien: en querer tener una “buena voluntad”.

Un ejemplo notable de esta forma de entender la moralidad, la película de Clint EastwoodCazador blanco, corazón negro” (WB 1990), de la que sólo he conseguido encontrar la primera de las dos que hemos visto en el aula, aunque me hubiera gustado poneros la segunda, en la que Eastwood es apaleado por defender una idea de igualdad que le mueve a la acción de forma directa e incondicionada: no hay nada más honesto y justo que defender a judíos y a negros, en especial si uno vive en 1940 y el mundo se divide entre los que quieren conquistarlo y los que quieren defenderlo. Eastwood toma partido por los segundos, aunque ello le cueste una paliza; recordad sus palabras finales: “A veces hay que pelear, aunque te muelan a palos hasta que no sientes las costillas: si peleas, te sientes bien por haberlo hecho, te sientes vivo” (te sientes libre, autónomo: te sientes persona, porque has hecho lo correcto).

Podríamos haber seleccionado cualquier otra obra de este mismo cineasta, que nos ha acostumbrado a poner en pantalla el pensamiento moral kantiano, y como muestra dos nuevos ejemplos. En la escena final de “Los puentes de Madison” (Warner Bros 1995) y tras un romántico escarceo amoroso con un fotógrafo vagabundo, una mujer se debate entre la búsqueda de su propia felicidad al lado del hombre al que ama o el deber de permanecer al lado de su marido y padre de sus dos hijos. En la más reciente “Cartas desde Iwo Jima” (Warner Bros 2006), tras la muerte de un soldado americano cautivo de los japoneses, uno de ellos recoge la carta que la madre del prisionero le ha enviado y la lee en voz alta ante sus camaradas, lo que nos permite constatar que, independientemente del país o cultura, el deber lucha siempre por imponerse.

Estadísticas Este artículo ha sido visitado  744  veces

Add A Comment


*
Para demostrar que eres un usuario (no un script de spam), introduce la palabra de seguridad mostrada en la imagen.
Anti-Spam Image


eBlog | Login
Subscribe to La casa de Elrond