La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Junio, 2011

Vivir en un estado de divergencia mental

Posted by albertofilosofia under Psicología

Un último esfuerzo para acabar el curso. Acabamos de ver la película “Doce monos” (Universal 1995) de Terry Gilliam, un apasionante relato de ciencia ficción que juega con el tiempo y el espacio, pero que, sobre todo, juega con la diferencia entre ficción y realidad, y con la imposibilidad de saber si lo que tenemos delante es real o no, si es solo un sueño, un estado alterado de conciencia o una divergencia mental fruto de un trastorno físico. Como lo que nos interesa a nosotros es el estudio de los trastornos mentales, aquí van unas últimas consideraciones para el trabajo que debéis presentar:

Analicemos primero a los doctores encargados de atender a nuestro protagonista, James, y de cómo es el trato que se dispensa a los enfermos mentales en el centro en el que están recluidos. Puedes compararlos con los “científicos” del futuro y sus novedosos métodos.

Centrándonos en el “enfermo”, conviene ir descubriendo el proceso que le lleva de la evidencia de ser un viajero en el tiempo a la certeza de ser un enfermo con una divergencia mental. Curiosamente, la doctora hace el camino inverso: primero le toma por loco y luego le considera cuerdo.

¿Quién o qué crees que es el personaje que repetidamente habla con James, llamándole Bob? ¿Es real o imaginario? ¿Es un hombre del futuro o solo está en la mente de nuestro protagonista? Interpreta sobre todo sus palabras e intenta ver hasta que punto son útiles a nuestro protagonista.

Investiga un poco sobre el concepto de divergencia mental: a tal efecto, échale un vistazo a la escena del psiquiátrico en la que James conoce a un miembro de la élite intelectual del remoto planeta Oko y comprueba el efecto que este parlamento tiene en nuestro protagonista (puedes consultarlo en este enlace).

Finalmente, la escena del aeropuerto, con la que se abre y se cierra la historia, un sueño que en realidad es un recuerdo de la infancia (esa infancia tan querida por Sigmund Freud, que todo lo condiciona, que todo lo determina). De nuevo una escena que vemos dos veces: pero la segunda tenemos más información, y podemos buscarle otro sentido, otro significado.

Para ejemplificar la unidad dedicada al pensamiento, y como introducción al tema de la personalidad y de los trastornos mentales, acabamos de ver en el aula la excelente película “A Beautiful Mind (Una mente maravillosa)” (Universal 2006) de Ron Howard, que puede darnos pie a múltiples interpretaciones, así como numerosas pistas sobre el uso de la inteligencia creativa para la resolución de problemas. Aquí van, como siempre, algunas pistas para el futuro trabajo, que no tenéis porqué seguir al pie de la letra, pero que pueden señalaros el camino:

El arranque de la película no deja adivinar lo que nos espera después: nos encontramos ante un joven matemático brillante, aunque muy heterodoxo, que prefiere moverse al margen de la vida académica (ya que las clases “embotan la mente”) animado por su compañero de habitación, un “hombre de letras” que le anima a trabajar de forma más creativa. Analiza en qué consiste eso del pensamiento creativo, divergente, lateral, con ejemplos extraídos de la película.

A mitad de metraje nos encontramos con el verdadero nudo de la historia: un enfermo mental que padece esquizofrenia y sufre múltiples alucinaciones, que incluyen personajes y tramas muy complejas. Puedes indagar un poco sobre esta enfermedad para ir preparando el tema de los trastornos mentales. Comenta también el trato que se les dispensa a estos enfermos en los hospitales psiquiátricos (recuerda que estamos en los años 50 del siglo pasado).

John Forbes Nash se plantea solucionar él mismo su propio problema sin acudir a los fármacos o las sesiones de terapia. ¿Es esto factible? ¿Qué tipo de razonamientos utiliza? ¿Inductivos o deductivos? ¿Formales o informales? ¿Se miente Nash a sí mismo? ¿Qué papel juega su mujer en todo esto?

Explica las etapas que sigue Nash para “solucionar el problema”. Puedes echar mano del famoso método IDEAL de John Bransford y Barry Stein (“Solución ideal de problemas”, 1986), o explicar algunas de las estrategias de resolución que hemos visto en clase (y que puedes consultar en tus apuntes).

También puedes comentar algo sobre las distorsiones cognitivas, que en la película son bien abundantes, como no podía ser menos tratándose de un enfermo mental grave. Puedes jugar a identificar alguna de ellas, proponiendo ejemplos extraídos del comportamiento de Nash.

Finalmente, de forma opcional, y siempre que tengas tiempo, puedes comparar el personaje que aparece en la película con el verdadero profesor Nash, y comprobar hasta que punto el film es fiel a la realidad. Puedes ilustrarte un poco viendo el documental “Una locura maravillosa”. En este documental, el propio Nash comenta: “las alucinaciones y fantasía que tenía me venían a la mente de la misma manera en que lo hacían mis ideas matemáticas, así que, sencillamente, me las creí, porque suponía que eran acertadas”.

(presentaciones de albertofilosofia en slideshare.net)

Una pequeña reseña para los alumnos y alumnas de la Escuela Wszechnica Polska de Varsovia, que tan amablemente me han atendido en mi reciente visita a la capital polaca. Hablamos entonces del impacto de las nuevas formas de comunicación en la vida y el pensamiento de los ciudadanos del siglo XXI, y del notable cambio que hemos experimentados todos desde que la red entró en nuestras vidas y procuró esta nueva revolución industrial que conocemos como “era de la tecnología”.

Os recuerdo un enlace a un artículo publicado ahora hace un año en la Revista de Filosofía Eikasía titulado precisamente “Filosofía en el abismo: apuntes de una filosofía mundana en un mundo globalizado”. También incluimos un pequeño resumen de la película “El ángel exterminador” (1962) de Luis Buñuel, que habíamos elegido como ejemplo para desarrollar nuestra idea de globalización (debo esta feliz idea a la mente siempre despierta de  mi compañero Pablo Huerga), además de la presentación que tuvimos ocasión de ver en las aulas del Palacio de Cultura.

Esta película necesita Flash Player 7

Al final de la charla os recomendé un excelente trabajo documental del joven director brasileño Jorge Furtado titulado “La isla de las flores” (Brasil 1989) que os doy a conocer al final de este artículo (podéis consultar este enlace para ver parte del texto del documental por escrito, además de material sobre el autor y algunas de sus obras más aclamadas). Un buen trabajo, con un discurso innovador y decidido, que nos permitirá reflexionar un poco sobre cuestiones importantes: “¿Qué es un tomate? ¿Qué es un hombre? ¿Qué es el dinero?” Atentos a vuestra pantalla, porque algunas de las respuestas son realmente demoledoras, por lúcidas pero también por inquietante, y nos sugieren cual podría ser el primer paso para salir de la situación en que nos encontramos.

Quisiera expresar también mi agradecimiento a la Dra. Maja Zawierzeniec, que tan atentamente me dejó participar de su clase, y a la Dra. Katarzyna Kacprzak, por hacer siempre posibles estos encuentros con alumnos polacos que tanto enriquecen mi formación como profesor. Y por supuesto, mi más sentido afecto para los inquietos alumnos de la escuela, que me recibieron con abierto entusiasmo y me despidieron con más dudas y preguntas de las que esperaba, algo sin duda muy motivador para un filósofo que continúa trabajando en el abismo. Gracias a todos y hasta pronto.

Pongámonos ahora un poco más serios para tratar de comprender las ideas desarrolladas por Karl Marx (1818-1883) en sus múltiples textos bajo el nombre genérico de Materialismo histórico. Ya hemos hablado de ideología y de los modos de producción. Nos toca ahora hablar de “alienación” y de “lucha de clases”. Os he seleccionado dos películas clásicas que abordan el tema.

La primera de ellas, a partir de una novela de Emile Zola, lleva por título “Germinal” (Suevia 1993) de Claude Berri, en alusión al comienzo de la lucha obrera en las minas del norte de Francia a finales del siglo XIX. Estamos ante una película portentosa, de una claridad de ideas notable y que expone las “infames condiciones de la clase proletaria” como argumento para justificar la “lucha contra la opresión” (un argumento marcadamente marxista, pues el materialismo histórico entiende que son las “condiciones materiales de vida” de los seres humanos las que determinan la “conciencia”, y no al revés, como pensaban los idealistas alemanes). Fueron precisamente los idealistas, en especial Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), los que introdujeron el concepto de “alienación” en su sentido positivo, a saber: al trabajar, al desarrollar su actividad productora, el trabajador se proyecta sobre los productos de su trabajo; pone en cada producto algo de su ser, toda su energía humana, sus cualidades, su imaginación, su esfuerzo, su mente; en definitiva, el producto es una “objetivación” del trabajador, y tiene un rostro humano: al “exteriorizarse” el hombre en la naturaleza, ésta queda “humanizada“, mientras que el hombre “se hace naturaleza“, queda “objetivado“.

Pero Marx invierte esta definición, afirmando que, al desarrollar su actividad productora, y debido a la producción basada en la “propiedad privada”, los productos elaborados por el trabajador y en los que este se “exterioriza”, no han retornado a él: no le han servido para la “producción social de la vida”, se han quedado en manos de unos pocos, los propietarios de los medios de producción, mientra que los no propietarios se quedan sin la mayoría de los productos que sirven para la vida. El trabajador se encuentra entonces “vaciado de sí mismo”, “desdoblado”, “roto”: los productos de su trabajo los vivencia como algo que es propiedad de otro y no propia. Y por ello, el objeto producido, el bien que el capitalista vende en el mercado, le parece “extraño”, “ajeno”. Incluso el propio trabajo, que es la actividad específica del ser humano, es para él un simple medio para poder reproducir su existencia material. La alienación distorsiona al hombre haciendo que se sienta hombre cuando realiza funciones que son sólo animales (comer, beber, procrear…), y haciendo que se sienta animal cuando realiza funciones humanas (en el trabajo).

En el segundo de los vídeos seleccionados podemos comprobar cuál es el paso natural ante esta situación. En la película “Novecento” (Coproducción 1976) de Bernardo Bertolucci, tenemos un claro ejemplo de la situación del proletariado frente al abuso de poder de los capitalistas. Hemos sustituido a los mineros por campesinos, pero la situación es igualmente infame: el propietario de la tierra “encierra” a los obreros como si fuesen ganado (poniendo cadenas en la entrada de la finca para que los trabajadores no puedan salir), y les impone unas condiciones de trabajo miserables que, finalmente, los obreros no están dispuestos a tolerar. Se produce, pues, un alzamiento contra el patrón, que trae consigo una “radicalización de las acciones” (también se pueden apreciar en los anexos de la película anterior, que son considerablemente más “salvajes”) y “una inevitable lucha de clases” (como algún personaje llega a decir en algún momento del metraje).

Queremos incidir en este punto: el materialismo histórico de Marx contempla la historia como un juego de “oposición entre contrarios”, de modo tal que el progreso sólo puede venir con la cancelación de esa oposición, esto es, con la lucha. Lucha que, en opinión de Marx, es “necesaria e inevitable”, y que es, y debe ser, revolucionaria. Las contradicciones históricas son las que tienen lugar en el nivel de la “estructura económica”: en las relaciones entre los propietarios de los “medios de producción” y las “fuerzas productivas”. Las contradicciones a nivel humano son producidas por la distinta posición de unos con otros en el proceso productivo. La supresión de esos contrarios sólo se puede dar a través de la “lucha”, porque la “dialéctica” implica “supresión de uno de los contrarios”. Por eso dice Marx que la lucha es la “comadrona de la historia”: sin lucha, no hay progreso; la lucha es la “mediación” necesaria para que haya progreso histórico.

Ya hemos comentado en el aula algunos aspectos sobre la naturaleza del Estado. Convendría, no obstante, echar un vistazo de nuevo a sus características más reseñables. Nos quedamos al final de nuestro último post con las arcaicas formas de los indios mayas… a punto de ser colonizados por los invasores europeos (si tenéis ocasión de ver el final de la película, el joven protagonista se topa de bruces con una expedición inglesa: esa escena es la que da sentido al título de la película: “apocalipsis”). Han pasado más de quinientos años desde entonces, pero las cosas parece que no han mejorado mucho. La reciente película “Fahrenheit 9/11” (Miramax 2004), excelente documental del siempre brillante, sorprendente y polémico Michael Moore, es una flecha envenenada directa a la yugular del sistema democrático americano. Moore, fiel al ideal constitucional propuesto por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América que afirma que “cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad”.

El director denuncia, al igual que lo hicieron sus compatriotas al poner las bases para la fundación de su país, la tiranía de un gobierno corrupto y manipulador que pone en jaque el ideal democrático en el que supuestamente se inspira y que le da legitimidad. Centra el autor los hechos en la noche de las elecciones a la presidencia que tuvieron lugar en 2000, aquellas que enfrentaban al demócrata Al Gore y a su rival republicano George Walker Bush, y que se saldaron con la victoria de este último tras una controvertida pugna en el estado de Florida. Como los hechos hablan por sí solos, aquí os ofrezco los primeros diez minutos de la cinta. Recordemos que la característica que define a todo estado democrático moderno es la convicción de que el poder y la autoridad descansa, en última instancia, en el pueblo. Es este principio de soberanía nacional (y otros más, como el principio de jurisdicción territorial o de monopolio de la violencia, en cualquiera de sus formas) el que queda desacreditado. En palabras de una joven congresista afroamericana: “protesto en nombre de los miles de personas con derecho al voto privados de su derecho, y del mío propio, para quienes es evidente que el resultado de estas elecciones ha sido decisión del Tribunal Supremo y no del pueblo americano”.

Y a continuación, un momento mágico: tras este prólogo, Moore presenta los créditos de la película acompañándose de imágenes de cámara desechadas, previas a las apariciones de los políticos en los distintos programas informativos. Se puede apreciar al presidente, su ministra de asuntos exteriores, el fiscal general… retocados en el último momento por peluqueros y maquilladores. La sutileza del director sólo es comparable a su lucidez: “¡son actores, están a punto de interpretar un papel ante las cámaras, una comedia!” No debemos creernos todo lo que nos ponen delante. Hay que ser críticos, porque esa no sólo es la esencia de la filosofía, sino de la política misma, de la ciudadanía. La crítica nos permite poner en tela de juicio todo, detectar la mentira, armarnos contra ella y ponerle remedio. Un buen ejercicio de civismo del Ciudadano Moore. ¡Para que luego digan que no es un patriota!

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