La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Ya hemos comentado en el aula algunos aspectos sobre la naturaleza del Estado. Convendría, no obstante, echar un vistazo de nuevo a sus características más reseñables. Nos quedamos al final de nuestro último post con las arcaicas formas de los indios mayas… a punto de ser colonizados por los invasores europeos (si tenéis ocasión de ver el final de la película, el joven protagonista se topa de bruces con una expedición inglesa: esa escena es la que da sentido al título de la película: “apocalipsis”). Han pasado más de quinientos años desde entonces, pero las cosas parece que no han mejorado mucho. La reciente película “Fahrenheit 9/11” (Miramax 2004), excelente documental del siempre brillante, sorprendente y polémico Michael Moore, es una flecha envenenada directa a la yugular del sistema democrático americano. Moore, fiel al ideal constitucional propuesto por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América que afirma que “cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad”.

El director denuncia, al igual que lo hicieron sus compatriotas al poner las bases para la fundación de su país, la tiranía de un gobierno corrupto y manipulador que pone en jaque el ideal democrático en el que supuestamente se inspira y que le da legitimidad. Centra el autor los hechos en la noche de las elecciones a la presidencia que tuvieron lugar en 2000, aquellas que enfrentaban al demócrata Al Gore y a su rival republicano George Walker Bush, y que se saldaron con la victoria de este último tras una controvertida pugna en el estado de Florida. Como los hechos hablan por sí solos, aquí os ofrezco los primeros diez minutos de la cinta. Recordemos que la característica que define a todo estado democrático moderno es la convicción de que el poder y la autoridad descansa, en última instancia, en el pueblo. Es este principio de soberanía nacional (y otros más, como el principio de jurisdicción territorial o de monopolio de la violencia, en cualquiera de sus formas) el que queda desacreditado. En palabras de una joven congresista afroamericana: “protesto en nombre de los miles de personas con derecho al voto privados de su derecho, y del mío propio, para quienes es evidente que el resultado de estas elecciones ha sido decisión del Tribunal Supremo y no del pueblo americano”.

Y a continuación, un momento mágico: tras este prólogo, Moore presenta los créditos de la película acompañándose de imágenes de cámara desechadas, previas a las apariciones de los políticos en los distintos programas informativos. Se puede apreciar al presidente, su ministra de asuntos exteriores, el fiscal general… retocados en el último momento por peluqueros y maquilladores. La sutileza del director sólo es comparable a su lucidez: “¡son actores, están a punto de interpretar un papel ante las cámaras, una comedia!” No debemos creernos todo lo que nos ponen delante. Hay que ser críticos, porque esa no sólo es la esencia de la filosofía, sino de la política misma, de la ciudadanía. La crítica nos permite poner en tela de juicio todo, detectar la mentira, armarnos contra ella y ponerle remedio. Un buen ejercicio de civismo del Ciudadano Moore. ¡Para que luego digan que no es un patriota!

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