La casa de Elrond

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Archive for Octubre, 2011

Otras formas de democracia

Posted by albertofilosofia under General

El pasado 9 de octubre tuvieron lugar las elecciones legislativas al parlamento polaco (Polska Wybory 2011). No está de más comentar algunas incidencias al respecto, a modo de contraste, para ver las similitudes y diferencias entre nuestras dos naciones, especialmente ahora que nos acercamos también nosotros al momento de las urnas. Un primer acercamiento nos obligará a dar algunos detalles sobre los candidatos polacos: las encuestas previas daban la victoria a los liberales PO (Plataforma Obywatelska, es decir Plataforma Ciudadana), liderados por el actual primer ministro Donald Tusk, que ha gobernado estos últimos cuatro años en coalición con el PSL (Polskie Stronnictwo Ludowe, el Partido de los Campesinos, grupo menor que no obstante goza de mucho poder) seguida de cerca por los ultraconservadores PIS (no, no es broma, se trata de Prawo i Sprawiedliwość, los nacionalistas Ley y Justicia del gemelo Jarosław Kaczyński). Las últimas horas habían señalado un fuerte empuje del centro izquierda de la mano de RP (Ruch Palikota, el Movimiento de apoyo a Palikot, un ex de PO abiertamente anticlerical que se ha cansado del partido y ha montado su propia estrategia, en un giro a la izquierda muy en la línea de nuestra Rosa Díez y su Unión, Progreso y Democracia), mientras que los excomunistas del SLD (Sojusz Lewicy Demokratycznej, la Alianza de la Izquierda Democrática) y el LPR (Liga Polskich Rodzin, esto es, la Liga de Familias Polacas) se desplomaban definitivamente.

Un pequeño repaso a la historia no vendría mal. Polonia goza de democracia desde 1989, una democracia por tanto muy joven aún. Recordemos que fue el primer país del viejo bloque del este en tener unas elecciones libres y en alzar al poder a un presidente que no era miembro del partido comunista, y que todo esto sucedió seis meses antes de la caída del muro de Berlín. No obstante, concurren dos hechos significativos aquí: el primero es que ningún partido político ha conseguido nunca renovar la confianza del electorado y alzarse con una segunda legislatura; el segundo es que, en estos veinte años, el índice de participación en unas elecciones, tanto generales como locales, jamás ha superado el 50 por ciento (tan solo en las elecciones presidenciales de hace un año, tras el desastre aéreo que costó la vida del entonces presidente Lech Kaczyński, el 54 por ciento de los polacos prefirieron al actual presidente de la república, Bronisław Komorowski, frente al hermano gemelo del difunto, Jarosław). Para no ser menos, este domingo concurrieron a las urnas el 48 por ciento de los electores, lo que supone un total de unos 15 millones de votos, algo menos de la mitad del número de potenciales votantes (muchas personas mayores siguen ancladas en el viejo sistema comunista, por lo que parece, y no se han enterado de que hace veinte años que funciona una nueva forma de gobierno).

El día de las elecciones fue de lo más instructivo para mí: tras un sábado relajado (aquí llaman “silencio electoral” a lo que nosotros conocemos grosso modo como “jornada de reflexión”), las urnas se abrieron para 30 millones de polacos entre las 7 de la mañana (Polonia es un país esencialmente rural, y los campesinos madrugan mucho) hasta las 9 de la noche. Cada votante acude a su circunscripción electoral, muestra su carné de identidad o su “pesel” (un número de identificación personal que tienen aquí, sin equivalente en España), firma el acta electoral en la casilla que indica su nombre (algo verdaderamente curioso, visto con nuestro ojos) y toma las dos papeletas, una para el congreso y otra para el senado (que aquí son unas hojas grandes que ni se doblan ni se meten en sobres… eso si, la primera es blanca y la segunda amarillenta).

Las listas son abiertas, así que cada votante ha de elegir “un diputado” y “un senador” por voto directo, hecho lo cual deposita las papeletas por su propia mano en una enorme urna de madera decorada con la bandera polaca que está situada al fondo de la sala (muy alejada de la mesa electoral, de hecho, algo de nuevo muy curioso, como se puede comprobar en el vídeo que ilustra este artículo). Recordemos que el hecho de introducir por uno mismo las papeletas en la urna es algo que en España no fue posible hasta las pasadas elecciones municipales. El uso de banderas, escudos y demás parafernalia patriótica es, por lo demás, algo muy común por estos pagos, lo que llama poderosamente la atención a un extranjero español, que no está acostumbrado a este tipo de exhuberancias en su colegio electoral asturiano.

Y llegamos a la noche del domingo: apenas cerrados los colegios electorales, la televisión pública TVP inicia su “Especial elecciones 2011” con los datos a toda pantalla, pero… se trata sólo de los porcentajes obtenidos, sin el nombre de los partidos. A continuación, el presentador conecta con las distintas sedes, que parecen seguir el acontecimiento como si de la entrega de los Oscars se tratara, y finalmente se revela el nombre del ganador y todo son alegrías, porque, como en España, aquí parece que nadie ha perdido: Tusk está encantado porque es el primer presidente que repite mandado, y aunque ha perdido la mayoría absoluta (pasa de 45 a 39 por ciento de votos) y su rival está muy cerca (30 por ciento), en lugar de hacer autocrítica, supone que lo ha hecho muy, muy bien y que debe seguir gobernando en coalición con los campesinos, que sin duda son los causantes de la merma de votos (la Polonia rural es pobrísima, alcohólica en buena medida analfabeta, pero los campesinos gozan de enormes privilegios fiscales, que muchos polacos entienden como una carga pública para el resto de ciudadanos y que el PSL defiende con uñas y dientes, asegurándose además un vicepresidente y varios ministros, a pesar de no llegar al 8 por ciento de los votos… ¿nos recuerda esto a algún partido político español?).

Pero la culpa real de la bajada de votos a PO se debe sin duda a la aparición parlamantaria del RP de Palikot (en Polonia, para entrar en el parlamento se necesita un mínimo del 5 por ciento de los votos electorales, lo que equivale a entre 15 y 20 parlamentarios, algo que solo consiguen cinco partidos), que no se  sabe muy bien a quien representa, con quién cuenta en sus filas o qué va a proponer en el futuro, pero que ha acaparado el voto de los jóvenes (“indignados”) descontentos con la deriva de la política del gobierno en los últimos años y al que pretenden castigar con su decisión. El líder del PIS, por su parte, sale inmediatamente en directo a decir (y esta es muy gorda) que los votos a Palikot son, sin más, votos desperdiciados de electores que no saben lo que quieren, que la victoria de PO no es más que un error político de los ciudadanos y que el paso del tiempo en los próximos meses nos permitirá a todos ver este error, que este gobierno está caduco y no será capaz de afrontar los importantes retos que le plantea el futuro y se debilitará en breve tiempo, y que la ciudadanía caerá en la cuenta y ellos volverán próximamente a gobernar “porque tenemos razón” (literal). Considerando que no tienen interés en mantener lazos con Europa (especialmente con Alemania), que arremeten contra el divorcio y el aborto en favor de una familia polaca sana (y esto consiste básicamente en que no nos vayamos a la cama sin rezar el rosario cada día), y que consideran que los inmigrantes y los maricas sobran, a lo mejor lo de pis no les cuadra tan mal como pensábamos. Claro que esto solo es una opinión. ¿Cuál es la tuya?

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