La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Noviembre, 2011

A las puertas de Asia

Posted by albertofilosofia under General

Una nueva muestra de esas “otras formas de democracia”, si es que se puede llamar así a la forma de gobierno que opera en Rusia en la actualidad, ahora que solo faltan unos pocos días para nuestras elecciones parlamentarias. Recientemente he podido pasearme por la capital de la Federación y comprobar de primera mano cómo viven y entienden el mundo los moscovitas. He de decir en primer lugar que Moscú sorprende básicamente por ser una ciudad muy grande, muy fea, muy ruidosa, muy fría y muy, muy, pero que muy cara. Solo un análisis más sutil nos llevaría a conocer mejor este Babel moderno, cuyo centro urbano es verdaderamente hermoso, confortable y seguro: se trata de un Moscú pensado para la visita del turista, que nada tiene que ver con la gigantesca orbe que rodea este oasis artificialmente construido. Comento algunos detalles y luego avanzo interesantes datos sobre las próximas elecciones del 4 de diciembre.

Moscú es una ciudad joven por historia, pero que ha vivido momentos verdaderamente convulsos en la última centuria. Tal vez por ello la ciudad ha crecido de forma desproporcionada y caótica, en especial tras la caída de la URSS. Con la llegada del capitalismo, cientos de miles de rusos de la periferia de la Federación, aún rural y muy pobre, han recalado en la gran metrópoli en busca de nuevas oportunidades. También se han sumado a esta avalancha ciudadanos de las antiguas repúblicas del sur y del Cáucaso, algunas de las cuales han regresado literalmente a la edad feudal tras el colapso soviético. La mezcla racial aquí es sorprendente, y la inesperada frecuencia de rasgos asiáticos en las gentes del lugar nos recuerda que estamos a las puertas de otro continente, de otra cultura, de otro mundo. Porque ciertamente hay que calificar a Moscú desde otros parámetros, desde “valores no europeos“, o de lo contrario resignarse a suponerla anclada en el pasado, reticente a los cambios y próxima al tercermundismo. Valgan para ello algunos hechos: como resulta casi imposible conseguir un taxi “oficial” (no paran nunca y has de llamar por teléfono y solicitarlo en ruso, y luego esperar una media de 40 minutos), lo habitual es acercarse a la calzada y extender el brazo para detener uno de los muchísimos taxis “ilegales”, verdaderas antiguallas la mayoría de ellos, y a continuación regatear con el conductor un precio aceptable (que no suele bajar de los diez euros para un trayecto miserable) y adentrarte en la caótica y desconcertante jungla de violencia y ruido que son las calles moscovitas.

Lo mejor por tanto es moverse en metro, también antiguo en lo que se refiere al transporte  (con coches muy envejecidos) y de una masificación extrema; sin duda muchas de sus estaciones son de una gran hermosura (como queda patente en este enlace), pero están claramente descuidadas y en ocasiones son peligrosas: fuera del centro, muchos mendigos y borrachos se amparan en ellas para protegerse del frío y tratar de ganarse algunos rublos con los turistas (algunos se ofrecen a llevarte la maleta por unas monedas, o simplemente te piden tabaco… otros tienen intenciones menos altruistas). El “metropolitano” de cualquier ciudad acentúa la sensación de soledad, pues cada cual va a lo suyo y no se ven gestos amables o atenciones para con los demás, pero en el caso que nos ocupa se extreman algunos comportamientos: cansados de los muchísimos borrachos que pululan por sus líneas, algunos jóvenes, y no tan jóvenes, llegar a expulsar a pasadas a muchos de ellos de los vagones, azotándolos literalmente al andén en una actitud muy dudosa. El excesivo “formalismo” en las entradas y salidas, quizá una herencia soviética (solo se puede salir por la puerta indicada, y no por la de al lado, que se usa para entrar), el fuerte calor y el enorme ruido, hacen que uno se sienta como una pequeña cobaya en un experimento clínico, acentuando aún más esa sensación de alienación. Este formalismo extremo se deja notar por cierto en todos lados, desde el mismo aeropuerto (has de pasar por “cuatro” arcos de seguridad antes de coger el avión), hasta el hotel, donde deben “inscribirte”, pues al no ser residente en la ciudad eres susceptible de ser arrestado si no tienes los papeles en regla.

Parece como si el mundo se hubiera detenido en muchos casos, como si el capitalismo se redujese exclusivamente a los centros comerciales y a las tiendas de grandes marcas, mientras el resto de la ciudad sigue inmersa en formas pretéritas. La mayoría de bares y restaurantes ofrecen una comida aceptable, si bien los precios son claramente desorbitados, al menos en relación a la calidad y el servicio: la mayoría de los camareros son ariscos y jamás sonríen, y además intentan llevarte el plato casi antes de que hayas dado cuenta de su contenido. Por supuesto, son pocos los que hablan inglés (nadie habla español, claro) con lo que resulta difícil comunicar con ellos. En muchos de los locales de los centros comerciales ni siquiera es posible pagar con tarjeta de crédito, como tampoco es posible en algunas tiendas si la compra es demasiado pequeña. Lo que no es tan complicado de conseguir, ni de pagar en la forma que sea, es una “cita” con una joven, o no tan joven, “dama moscovita“: la recepción de todos los hoteles turísticos de la ciudad están rebosantes de chicas de alterne, todas ellas terriblemente maquilladas y provocativamente vestidas (para que quede clara su condición, supongo), y todas ellas con acceso a las habitaciones (a pesar de que el “formalismo“, de nuevo, exige al cliente enseñar su tarjeta a los numerosísimos guardas de seguridad antes de tomar el ascensor), y se hace evidente que las mafias dominan la situación y arreglan con dinero cualquier inconveniente para el lucrativo negocio, pues seguramente cada uno percibirá su parte, desde la prostituta al botones.

Quizá por eso resulte extraño aplicar el término “democracia” por estos lugares. Todos conocemos la situación ridícula que vive Rusia desde que Vladímir Putin, verdadero zar en ejercicio, se hizo con el poder: si te llevas bien con el Kremlin puedes consolidar tus negocios y medrar rápidamente (quien más y quien menos conoce a alguno de estos nuevos magnates rusos), pero si te llevas mal corres el peligro de ser estigmatizado y acabar con tus huesos en una cárcel siberiana (algo que muchos occidentales desconocen, pero que es tan cierto como lo anterior, y puede documentarse). También es bien sabido que muchos de estos nuevos magnates aglutinaron todo su poder y riqueza gracias al amiguismo y a la corrupción, pues con la caía del bloque comunista muchas de las fábricas y de los servicios fueron rápidamente privatizados y vendidos a precios irrisorios a conocidos afines. El despropósito roza lo inaudito cuando comprobamos como Putin, que por ley no podía presentarse de forma consecutiva al puesto de presidente, delega en su colega Dmitri Medvédev por un tiempo prudencial para luego tener de nuevo la oportunidad de asumir el poder (cosa que probablemente ocurrirá el próximo febrero, cuando se inicie la carrera hacia las presidenciales). Solo tres meses antes, a principios de diciembre, los votantes rusos serán convocados a las urnas para las elecciones parlamentarias, y en Rusia estos días solo se hablaba del escándalo que han supuesto las coincidencias de los carteles propagandísticos del partido de gobernante, United Russia, y de la Junta Electoral, cuyos diseños son idénticos en todo.

Lo que lo periódicos rusos no comentan, aunque si algunos medios occidentales, es el despropósito máximo de esta Junta Electoral al no dejar concurrir a estas “elecciones libres” a una serie de partidos de marcado signo opositor, cosa que ahora puedo entender, vista la evidente connivencia entre esta junta y el partido en el poder. Parece que a nadie en Rusia, salvo a algunos pocos, les interesa esta minucia, y que los rusos siguen en ese estado de catalepsia colectiva que los caracteriza desde mucho antes de los bolcheviques, desde los tiempos de los tártaros quizá, y que los hace tan insólitos a nuestros ojos, a la par extraños y fascinantes, en lo que tienen y en lo que no tienen. Si Varsovia, Budapest o Praga son hoy ciudades cosmopolitas abiertas al visitante, modernas y civilizadas (aunque rezagadas con respecto a nosotros, que les llevamos 15 años de ventaja democrática), Moscú parece detenida en tiempos prefranquistas, si se me permite el símil, perezosa y reticente a despertar de la larga siesta.

Teatro y cine de vanguardia

Posted by albertofilosofia under General

La pasada semana tuve el placer de asistir en Madrid al inicio del South-East Partnership, interesantísima iniciativa de Katarzyna Osinska y Katarzyna Kacprzak y que se incluye dentro del Programa cultural de la presidencia polaca de la Unión Europea. Se trata de una serie de eventos culturales que se desarrollan durante todo este mes en las ciudades de Madrid y Moscú y que tienen la intención de acercar a estos tres países en lo que tienen de común, a saber: el hecho de haber salido recientemente de una sociedad cerrada hacia una sociedad abierta. En el ánimo de las comisarias del evento está el indagar de qué modo el arte y los artistas participaron de los acontecimientos que llevaron a estos cambios de régimen político. Para el interesado en tales temas, lo mejor es consultar la web oficial de la asociación (bastará para ello con teclear encima de su nombre).

De entre todos los eventos que pudimos ver estos días, que incluían interesantes mesas redondas, debates y proyecciones de películas (con algunos directores como invitados), sin duda el plato fuerte fue la puesta en escena en las Naves del español, en Matadero (impresionante espacio), de la obra “Sprawa Dantona” (estreno en la escena de Świebodzki el 29 de marzo de 2008), a cargo del joven director de teatro polaco Jan Klata a partir del texto ya clásico de la dramaturga polaca Stanislawa Przybyszewska, y de la que os incluyo un pequeño trailer a continuación. Mi calidad de ayudante en el proyecto me permitió convivir durante varios días con el director, el escenógrafo y el elenco de actores del Teatr Polski de Wrocław, un maravilloso grupo de amigos muy entusiastas del arte, que no quisieron perder su tiempo en Madrid y preguntaron por la forma de llegar al Prado y al Reina Sofía apenas apeados del avión. Resulta todo un desafío enfrentarme al teatro polaco (no siempre puedo valerme de los subtítulos en español, como ocurrió en Madrid), uno de los más creativos del viejo continente, de enorme tradición desde los tiempo de las vanguardias, que ha dado y sigue dando innumerables y talentosos maestros, y que me está permitiendo abrir los ojos a un mundo hasta hace poco tiempo desconocido para mi.

El programa que pudimos disfrutar en Madrid incluía además una serie de películas polacas y rusas de muy variado pelaje, desde clásicos de la transición como la conocida “Danton” (Polonia 1983)” de Andrzej Wajda o la desconcertante “Arrepentimiento” (URSS 1984) de Tengiz Abuladze, a las más cercanas en el tiempo, como la singular “Reverse (Reverso)” (Polonia 2009)” de Borys Lankosz o la maravillosa “Room and a Half  (Una habitación y media)” (Rusia 2009) Andrey Khrzhanovskiy (de la que os ofrezco este hermoso momento musical al principio del artículo), cuya proyección contó con la presencia del director, un ser humano adorable, discípulo directo de Lev Kuleshov, con el que tuve la suerte de compartir debate y experiencias estos últimos días, y al que he prometido visitar en su escuela de cine de Moscú en los que están por venir. Tiempo hubo para hablar de los grandes maestros y de sus magistrales lecciones sobre el montaje, pero también para valorar otros temas, como la necesidad de la educación para la formación del espíritu crítico y la necesidad de acercarse al mundo de la cultura desde todos los ámbitos posibles (algo en lo que insiste el autor en su película, una tierna, concisa e imaginativa biografía del poeta ruso Joseph Brodsky, Nobel de literatura en 1987).

El South-East Partnership se traslada ahora a la capital rusa para continuar su periplo, y de nuevo se proyectarán películas polacas, además de conocidas películas españolas como la divertida “Patrimonio nacional” (1980) de  Luis García Berlanga, la desbordante “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” (1984) de Pedro Almodóvar y la conmovedora “También la lluvia” (2010) de Icíar Bollaín, además del interesante documental de Chema de la Peña titulado “Un cine como tú en un país como este (2010), autor con el que también tuve oportunidad de intercambiar pareceres en Madrid, donde se remató una instructiva mesa redonda con el pase de la película. En unos días estaremos de nuevo en ruta en dirección a Moscú para completar nuestro programa de eventos, y el 11 del 11 de 11 yo echaré de menos mi querida fiesta de San Martín, un año más, pero esta vez lo haré mientras paseo por la Plaza Roja.

 

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