La casa de Elrond

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Archive for Abril, 2012

De Carl Sagan a Grigori Perelmán

Posted by albertofilosofia under General

En nuestro anterior artículo criticábamos duramente algunas de las prácticas científicas contemporáneas, al punto que la ciencia no salía muy bien parada cuando se contemplaba como una mera carrera por el éxito o por los halagos y premios internacionales, en lugar de atender a la búsqueda de la verdad, un camino del que nunca debería haberse separado. Por eso me parece apropiado confrontar aquel artículo con el presente, en el que quiero mostrar el otro lado de la ciencia, de una ciencia verdadera que es ante todo el producto de la evolución del intelecto humano, en la que los egos de los científicos quedan anulados y los contextos de descubrimiento importan poco, pues de lo que se trata es de construir verdades a modo de “identidades sintéticas” a través de “contextos determinantes”, como señala el filósofo Gustavo Bueno desde su “Teoría del cierre categorial”.

Comenzamos por hablar del francés Henri Poincaré (1854-1912), uno de los matemáticos más insignes del pasado siglo, teórico y divulgador de la matemática excelso (del que tenéis una pequeña semblanza en el primero de los vídeos), principalmente conocido por sus aportaciones en el campo de la topografía algebraica, y al que debemos la famosa “conjetura de Poincaré”, propuesta en 1904 y considerada como una de las hipótesis matemáticas más importantes y difíciles de demostrar que ha generado el ser humano, hasta tal punto que el conocido Clay Mathematics Institute de Cambridge, Massachusetts (E.E.U.U) la postuló en el año 2000 como uno de “los siete problemas del milenio”, una serie de preguntas matemáticas clásicas de enorme importancia que no han sido resueltas en años y cuya probatura sería premiada por el propio instituto con la suma de un millón de dólares cada uno. A día de hoy, solo uno de estos siete grandes enigmas matemáticos ha sido resuelto… y esto nos acerca a uno de los personajes más enigmáticos y desconcertantes de la actualidad.

Se trata del matemático ruso Григорий Яковлевич Перельман, es decir, de Grigori Yákovlevich Perelmán, al que los conocidos llaman sencillamente “Grisha“, nacido el 13 de junio de 1966 en Leningrado, actual San Petersburgo, y que en 2002 colgó un artículo en el arXiv, el primero de una serie de artículos “de libre acceso” en los cuales afirmaba haber descrito una demostración de la “conjetura de geometrización de Thurston”, un resultado que incluye la famosa conjetura de Poincaré como un caso particular de la misma. El protocolo internacional exige un periodo de tres años para que estos “descubrimientos matemáticos” sean aceptados por las comunidades científicas, el tiempo que se considera apropiado para que el resto de matemáticos del planeta examinen el descubrimiento y propongan matizaciones o revelen errores o incorrecciones. Como parece obvio, puesto que estamos en 2012 y nadie ha presentado ninguna contraindicación, gracias a la demostración de Perelmán la conjetura de Poincaré ha dejado de ser una mera hipótesis para convertirse en el “Teorema de Poincaré”.

El hecho de que este teorema sea solo un “pequeño problema” que queda capturado en otro aún mayor resuelto por Perelmán resulta muy significativo (el propio matemático señala que la famosa hipótesis del francés “no le interesa” y que sus miras están puestas en algo “mucho más importante”) y nos recuerda un acontecimiento del pasado verdaderamente fundamental para la historia de la ciencia: el momento en el Euclides de Alejandría (ca. 325- ca. 265 a.n.e.) publica “Los elementos”, tratado sistemático de geometría en el que resume todo el saber de su época, y en el que reduce el conocidísimo  “teorema de Pitágoras” en una mera proposición (en concreto, a la “Proposición 47” de su “Libro I”). Como señala Proclo de Bizancio (410-485) en su obra “Comentarios a Euclides”: “Por mi parte, aunque admiro a los que conocieron primero la verdad de este teorema, más me maravilla el autor de los Elementos, no solo por establecerlo mediante una clara demostración, sino por haber sentado en el libro sexto una prueba más general con las pruebas incontestables de la ciencia”.

En principio, el descubrimiento de Perelmán puede equipararse en importancia a las aportaciones de Jules Hoffmann sobre la “inmunidad innata” de las que hablábamos en nuestro anterior artículo: ambos señalan el camino a seguir a toda una serie de jóvenes científicos en el escarpado camino de acceso a la verdad. ¿Existe entonces alguna diferencia? Desde el punto de vista epistemológico, seguramente no. Pero desde el punto de vista sociológico existe una más que notable: la reacción del inmunólogo y del matemático ante las distintas comunidades científicas que han evaluado y elogiado sus logros. Ya hemos hablado del contencioso que aún hoy enfrenta a Hoffmann con su postdoctorado Bruno Lemaitre, la concesión del Nobel de medicina al primero en detrimento de otros y todo lo demás: las luchas por el poder, por el prestigio… y sobre todo por el dinero resultante, tanto en premios como en concesiones de patentes que serán explotadas económicamente como futuros medicamento. ¿Cuál fue en cambio la reacción de Grigori Perelmán? Pues una bien distinta:

En agosto de 2006 se le otorgó a Perelmán la “Medalla Fields”, la distinción matemática más importante del planeta. Sin embargo, él declinó tanto el premio como asistir al Congreso Internacional de Matemáticos celebrado en Madrid por la Unión Matemática Internacional. Y aunque el mismísimo presidente de este organismo, Sir John Ball, se desplazó a San Petersburgo en junio del mismo año para persuadir a Perelmán de que aceptara el premio, éste continuó negándose a aceptarlo. Más aún: en marzo de 2010, el Instituto de Matemáticas Clay anunció que Perelmán cumplió con los criterios para recibir el primer premio de “los siete problemas del milenio” de un millón de dólares… pero de nuevo nuestro matemático rechazó el galardón. El único comentario que a trascendido a la prensa por parte de Perelmán  al respecto de ambos premios es este: “No quiero estar expuesto como un animal en el zoológico. No soy un héroe de las matemáticas. Ni siquiera soy tan exitoso. Por eso no quiero que todo el mundo me esté mirando”. Increíble, ¿verdad?

El amigo Perelmán, que no solo es tenido por el hombre más listo del mundo, sino que a sabiendas de lo expuesto anteriormente hay que considerar como un verdadero “sabio” (en el sentido clásico estricto), sigue viviendo en la vieja casa que su madre tiene en un barrio pobre de San Petesburgo, está en el paro y subsiste gracias a la pensión de su progenitora, bastante escasa por otro lado, y a los ahorros de su etapa como conferenciante en universidades americanas de prestigio en los años noventa, y no quiere saber nada del mundo académico y mucho menos de los medios de comunicación, a los que jamás ha atendido… eliminando de su camino cualquier obstáculo o distracción que le impida estar en contacto con lo único que realmente le interesa: ¡las matemáticas! Y al igual que Nicolás Copérnico (1473-1543), al que muchos despreciaban desde posiciones éticas o teológicas, ha conseguido que ya todo el mundo emplee el utillaje matemático que ha desarrollado… y no hay mayor premio que éste para un científico, especialmente para uno que aún sigue vivo, pero que ya ha pasado a la historia de la ciencia como una de las mentes más preclaras de nuestra especie.

Esto me recuerda a otro viejo sabio contemporáneo, el astrónomo Carl Sagan (1934-1996), brillante divulgador científico, como lo era también Poincaré (y como lo es Pérelmán, que prefiere Internet a las revistas especializadas para revelar sus hallazgos al mundo), que comprendió igualmente que la lucha del ser humano por la verdad es un trabajo en equipo (“a hombros de gigantes”, nos recordaba Isaac Newton) y que durante toda su vida nos animó, y nos sigue animando aún, a sumarnos a la excitante aventura de seguir conociendo el mundo, y a sus habitantes con él. Terminamos este artículo con un pequeño recordatorio a nuestro maestro favorito, a modo de tributo: “Considera este diminuto punto azul pálido”. (Podéis consultar el documental completo, convenientemente traducido a nuestro idioma, en los siguientes enlaces: “Tributo a Carl Sagan”, Parte IParte IIParte III y Parte IV). ¡Disfrutadlo!

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