La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Noviembre 3rd, 2012

Recientemente hemos sido testigos de uno de esos momentos mágicos que nos deja la vida en nuestro fugar paso por ella: en exitoso intento del deportista extremo Felix Baumgartner por superar los límites físicos de su propio cuerpo al arriesgarse a volar en caída libre más de treintainueve kilómetros, desde la mismísima estratosfera hasta las llanuras de Nuevo México. Y mientras Felix saltaba al vacío desde su “Red Bull Stratos” (para los que ya tenemos cierta edad, imposible no pensar en “Dave”), muchos de nosotros nos sorprendimos a nosotros mismos viendo lo mucho que, sin sospechar, sabemos de ciencia: términos técnicos, arriesgadas operaciones y relaciones complejas entre ambos son tenidos hoy por “conocimiento común” para la mayoría de nosotros, cosa que no ocurría hace tan solo un siglo (mucho menos hace tres, diez o veintitrés siglos, cuando todo esto comenzó), cuando los saberes científicos representaban un tipo de conocimiento “propio de los especialistas”, reducido a un grupo de eruditos y alejado por completo de las instancias sociales.

Pero al menos desde el siglo XIX, estas premisas han cambiado: la llegada de los grandes desarrollos científicos de la mano de la “revolución industrial” y, sobre todo, la “escolarización masiva” de la población, han tornado este saber para especialistas en una experiencia cotidiana para la mayoría de nosotros, que hoy sabemos más y mejor sobre el mundo gracias a la ciencia, desde los movimientos de los astros hasta la composición de un fármaco, desde las leyes que rigen las matemáticas hasta el comportamiento de un enfermo depresivo. Pero como la suma de informaciones no lleva necesariamente al conocimiento, será necesario “ordenar” todo este material para darle sentido (pues de otro modo resultaría amorfo e incomprensible), y de eso se encarga precisamente la filosofía, que busca comprender qué es eso que llamamos genéricamente ciencia a partir del análisis de los elementos y métodos que la inspirar. Os proponemos para ello que visitéis estos tres artículos previos, y os ofrecemos además un enlace a un comentario filosófico (para que empecéis a preparar el examen que tendremos próximamente).

(albertofilosofia en SLIDESHARE.NET el saber filosófico

El primero de nuestros artículos trata de mostrar algunos de los aspectos básicos del método hipotético deductivo desarrollado por Galileo Galilei allá por el siglo VII. Para ello, nos valemos de algunos ejemplos de relevancia histórica, algunos de los cuales ya hemos visto en el aula, como el descubrimiento de la “materia infecciosa” de Ignacio Felipe Semmelweis o del “planeta desconocido” de Adams y Le Verrier, al que añadimos el famoso problema del “movimiento de Marte”, cuya explicación está perfectamente resumida por Carl Sagan y su serie televisiva “Cosmos: Un viaje personal”.

El segundo de los artículos hace un repaso a las tres grandes constelaciones de las ciencias (formales, naturales y humanas) para explicar también con algunos ejemplos, que hemos extraído de películas recientes, en qué consisten sus Métodos. El final de En busca de Bobby Fischer” (Paramount 1992) de Steven Zaillian, nos puede ayudar a comprender el “método deductivo” de las ciencias formales; algunas escenas al azar de las series “CSI: Crime Scene Investigation” o “House M.D.” ejemplifican perfectamente en qué consiste el “método experimental” propio de las ciencias naturales; y para completar la terna, “Zelig” (Warner Bross 1983) de Woody Allen, podría servir para una aproximación al “método comprensivo” propio de las ciencias humanas.

El tercero de los artículos es una revisión del conocido “problema de la inducción” por parte del filósofo Karl Popper, que en su ya clásica obra “La lógica de la investigación científica” (1934) hace una crítica de las teorías sobre la “verificación” y postula como alternativa para la ciencia el uso de la “falsación”. Al final de la divertidísima Amanece, que no es poco” (CAC 1988) José Luis Cuerda nos sugiere la posibilidad de que, por una vez, el sol no salga por el este, como acostumbra… y efectivamente, como sugiere uno de los personajes (y no es extraño que sea precisamente un guardia civil, representante de la ley y el orden): “¡Esto es un sin Dios!”… no hay reglas, luego no hay comprensión posible.

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