La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

El arranque de nuestro nuevo tema, “La idea de mundo”, coincide en fechas con una importante predicción que está haciendo correr ríos de tinta, y que parece obsesionar a mis alumnos tanto como al resto de los mortales. Se trata de uno más de tantos mitos sobre el “fin del mundo” que pululan por la conciencia colectiva de la humanidad desde que el mundo es mundo, ni mejor ni peor que otros que hemos tenido que sufrir en el pasado con inusitada paciencia y no pocas dosis de buen humor. Y si no, que se lo pregunten Fernando Arrabal, uno de nuestros más insignes poetas y dramaturgos, tristemente conocido por el gran público por esta “peculiar” intervención televisiva en un conocido programa de debate literario de los años 90 (comenzamos el artículo con este simpático recordatorio). Su protagonista hace hincapié en la necesidad de volver al tema del fin del mundo desde las ideas propuestas por el “milenarismo“, una corriente exotérica ligada a los “movimientos apocalípticos” que hace una interpretacion literal del número “1000” tal cual aparece en la “Sagrada Biblia” (el texto que con mayor  ahínco insiste en la idea del fin del mundo, especialmente en el último de los capítulos del “Nuevo testamento”, que como todos sabéis lleva por título precisamente “Apocalipsis”).

Pero nosotros estamos estudiando la “idea de mundo”, y para poder entender una idea filosófica como esta debemos antes comprender los distintos “conceptos de mundo” desarrollados en los mitos (las innumerables “cosmogonías”, muchas de ellas derivadas de unas pocas fuentes comunes) y por las ciencias (las distintas “cosmologías” históricamente dadas, en particular las proyectadas por la “astronomía”, aunque también por la geometría, la física, la termodinámica…), lo que nos obligaría a hacer un largo recorrido desde Tales de Mileto (ca. 630-545 a.n.e.) hasta Stephen Hawking (1942-), que es justamente lo que estamos haciendo en el aula, y que me gustaría poder completar con la lectura de este interesante enlace a la Historia de la astronomía” que nos propone la Wikipedia. También os resultará interesante consultar algunos de los artículos que se señalan al final de este texto, en los que se repasan algunos de los momentos más llamativos e importantes de la llamada “revolución científica”.

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La pregunta fundamental es: ¿a qué nos estamos refiriendo cuando decimos “mundo”? ¿Se trata de la Tierra, del Sistema Solar, de la Vía Láctea, del Universo…? Y por otro lado: ¿qué queremos decir exactamente cuando hablamos de “fin”? ¿Si suponemos el fin de algo, es necesario postular que hubo un “principio”? Finalmente, ¿al hablar de un principio nos estamos apoyando en la tesis teológica del “mito de la Creación”? ¿O tal vez nos referimos a las hipótesis científicas propias de la “Teoría del Big Bang”?. Vamos a tratar de contestas todas estas preguntas una por una y en orden para dejar algunas cosas claras y, si se tercia, afrontar con resignación o euforia la tan temida fecha del “21 de diciembre de 2012”, que de un tiempo a esta parte se postula como la fecha límite de nuestra civilización.

Si hablamos del “mundo-Tierra” (nuestro planeta es “la tercera roca comenzando desde el Sol”, como dice una conocida canción), su destino va obviamente parejo al que corra la estrella que le da vida. Y el “Sol” tiene su propia fecha de caducidad: si su vida útil (como la de la mayoría de las estrellas de su tamaño) se ha estimado en 10.000 millones de años, de los cuales se han consumido algo más de la mitad, luego su final se avecinará dentro de apenas “4.500 millones de años”, que es el tiempo que le queda a este gigantesco reactor atómico para devorar la totalidad de su energía y convertirse en una enana blanca, un pulsar o cualquier otro cuerpo celeste similar. Por supuesto, mucho antes de que esto ocurra todos nosotros (y me refiero a nosotros como especie) habremos desaparecido, salvo que hayamos aprendido a colonizar otros planetas alejados de nuestro “Sistema Solar“.

En cualquier caso, no llegaremos jamás a ver esto, porque se ha estimado que antes de esta fecha, nuestro “mundo-Galaxia” colisionará con la galaxia de Andrómeda, la más cercana a nosotros y la de estructura más pareja a la nuestra. Así que las perspectivas no son nada halagüeñas en este sentido. No obstante, si consideramos la idea de “mundo-Universo”, entonces aún tendríamos mucho tiempo por delante para disfrutar antes del triste final. Parece ser que la “singularidad” del “Big Bang” (que generó la aparición del espacio y del tiempo), supuso el inicio de la expansión del universo, y la cuestión está en saber si la velocidad de esa expansión es más potente que la “fuerza de la gravedad”, y en ese caso el Universo se expandiría eternamente, o menos poderosa que ésta, por lo que en algún momento la expansión se detendría y se iniciaría una implosión hasta volver al origen (lo que se conoce en términos científicos como “Big Crunch”, una segunda “singularidad” que, por mera coherencia, debería pasar a tener otro nombre, puesto que, si hay más de una…).

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¿Y qué pasa con los mayas? Como sabéis, la Cultura maya pronostica el fin de último de los “ciclos cósmicos” para este mismo fin de semana (justo ahora que empiezan las vacaciones… ¡menudo fastidio!). Esta curiosa profecía ha sido interpretada a partir del análisis de la “Piedra del Sol” de Tenochtitlán, una roca redonda esculpida en lava basáltica de 4 metros y 25 toneladas que fue desenterrada por casualidad en el XVIII y que actualmente puede contemplarse en el Museo de Antropología e Historia de México D.F. La piedra, un hallazgo arqueológico excepcional, es un gigantesco calendario que nos permite saber que los mayas dividían el año en 360 días (18 meses de 20 días), pero además también marca las “cuatro edades del mundo”, la última de las cuales parece próxima a concluir. Luego se trata simplemente de eso: al igual que nuestros actuales ordenadores tienen fecha de caducidad (nuestro sistema operativo solo es capaz de contar hasta el 31 de diciembre de 2099… y pasado ese tiempo se colapsará), los mayas fueron capaces de contar a partir de las posiciones estelares hasta la fatídica fecha señalada, y a partir de ahí, sencillamente, “se les acabó el Windows”.

Solventado entonces este pequeño problemilla, y visto que el “mundo” no se va a acabar de una forma inmediata, podemos aprovechar el tiempo que nos queda en él para seguir indagando, reflexionando y divirtiéndonos. Porque, a fin de cuentas, ¿qué es eso de que el mundo se va a acabar? Esto solo es posible pensarlo si antes suponemos que el mundo ha tenido un “principio”, (en el tiempo y en el espacio), que hubo un momento en el que no había nada y, así, de repente, apareció algo, lo que no parece una idea muy sostenible. Luego si el Universo no tuvo un principio, ¿por qué habría de acabarse? La pregunta no es capciosa: postular la idea de un principio de todo a partir de la nada (una idea que cualquier griego de la época clásica habría sido incapaz de comprender), solo es posible a partir de la idea de “creación ex-nihilo” propia la dogmática religiosa (o de la teología, que tanto monta) y nos acerca al resbaladizo terreno de las creencias; o bien a partir de la “hipótesis del Big Bang”, que sugiere que todo el Universo estuvo alguna vez concentrado en una minúscula “singularidad” que de repente explotó… Pero ¿por qué explotó? ¿Por qué no se quedó como estaba? Intentaremos resolver esta duda a la vuelta de las vacaciones. Entre tanto: ¡¡¡ Felices fiestas a todos !!!

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