La casa de Elrond

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Archive for Junio 11th, 2013

A la hora de abordar las distintas teorías del “origen del Estado”, y dejando de lado la concepción formalista que tiende a ver el Estado como una simple formación jurídica, dos han sido las maneras tradicionales de resolver la cuestión. La “teoría organicista” describe el Estado como un “organismo viviente”, siendo los individuos partes o miembros del mismo (los individuos o grupos de individuos), posteriores a él, y que aisladas o separadas de aquel no tienen existencia real, puesto que son meras abstracciones. La “teoría atomista”, por el contrario, supone que el Estado es una creación de los individuos, quienes deciden organizarse estatalmente de una manera determinada a través de un “pacto” o “contrato” (sea este implícito o explícito) en donde quedan fijados los poderes y competencias del Estado.

Tradicionalmente, se considera que los más ardientes defensores de esta segunda perspectiva son Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), autor este último que propuso un nombre genérico para todas estas posturas al titular su libro más reconocido como “El contrato social”. Para los dos primeros autores convendría un repaso al artículo sobre el empirismo inglés (donde analizamos los distintos acontecimientos históricos de la Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII, además de hacer un repaso general a sus autores más señalados, de Francis Bacon a David Hume).

Para conocer mejor al tercero de nuestros autores, también resultará interesante comprender el concepto continental de Ilustración (en el que ofrecemos un repaso de los principales “philosophes” franceses, como Montesquieu o Voltaire). Las tres posiciones quedarán también reflejadas en un último artículo sobre la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos” 1776 (ejemplificada felizmente en la magnífica serie de la cadena HBO “John Adams dirigida por Tom Hooper), y la subsiguiente “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” de 1789 (que aquí presentamos a través de la película “Danton” (Coproducción 1983) de Andrzej Wajda).

Las tres posturas que comentamos son altamente beligerantes entre sí: si bien es cierto que las tres parten de supuestos similares, pues suponen un “estado de naturaleza” previo al contrato social en el que el hombre vive libre pero inseguro (una mera hipótesis de trabajo que en nada se parece a la perspectiva evolucionista que hemos manejado nosotros, al contraponer las llamadas “sociedades naturales” con las “sociedades políticas”), los tres acabarán por justificar formas de gobierno altamente diferenciadas, dese el “absolutismo” de Hobbes, pasando por el “liberalismo” de Locke, hasta alcanzar la “democracia” de Rousseau (precedente teórico de lo que luego conoceremos como “Estado social de derecho”). Las disputas sobre si se han de ceder todos los “derechos” o no (Locke insiste en que los individuos deben guardarse algunos para sí: la vida, la libertad y la propiedad), y si esta cesión ha de realizarse en dirección al “soberano” o bien hacia la “comunidad” (Hobbes afirma que lo primero, Rousseau que lo segundo) constituyen la base teórica que diferencia a los tres autores.

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Un pequeño recordatorio para poder repasar las últimas unidades del curso. A la hora de afrontar el estudio de la “política” (que ya habíamos trabajado al compararla, en sus convergencias y divergencias, con la “moral”, tanto porfiriana como combinatoria), y después de profundizar la diferencia entre los “conocimientos naturales” y los “conocimientos culturales” (y al dividir estos últimos en “saberes bárbaros” y “saberes civilizados”, tanto críticos como acríticos), nos hemos centrado en el análisis del surgimiento de las “sociedades políticas”, como una evolución a partir de situaciones previas que llamábamos “sociedades naturales”. Para poder comprender bien esta diferencia, os propongo una revisión de un artículo precedente en el que trabajamos esta temática desde la película “Apocalypto” (Touchstone 2006) de Mel Gibson, un acercamiento a la cultura y al modo de vida de los primitivos indios mayas yucatecas de la península del Yucatán (México) en el que podremos apreciar el intento de lucha por la pervivencia de un grupo preestatal de cazadores-recolectores (lo que llamábamos “sociedad convergente”)  ante la colonización de un pueblo estatal mucho mejor organizado y ya organizado de forma política (lo que llamábamos “sociedad divergente”).

Abrimos nuestro artículo con una sugerente secuencia de la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), de los hermanos Larry y Andy Wachowski, en la que los seres humanos no quedamos muy bien parados, puesto que se nos compara con otros seres vivos que habitan el planeta y que fagocitan el medio hasta agotarlo… ¿adivináis quienes? Y cerramos el artículo con un vídeo que nos presenta el pensamiento del filósofo Friedrich Engels (1820-1895) a través de una de sus obras más conocidas, “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, donde desarrolla un interesante análisis acerca del origen de la sociedad política a partir de la sociedad familiar tribal, tomando como referencia para este análisis las tesis del antropólogo Lewis Henry Morgan (1818-1881), que como sabéis había establecido tres periodos evolutivos consecutivos en el desarrollo la sociogénesis humana: “salvajismo”, “barbarie” y “civilización” (una postura frente a otras posibles, expuestas por diferentes autores, como vimos en el aula, pero que a nosotros nos permite desarrollar algunas ideas que nos resultan interesantes).

Recordad que habíamos afirmado que un “Estado” surgía fundamentalmente por oposición a otros potenciales estados que se iban formando a un tiempo, lo que obligaba a una mayor eficacia en la organización y gestión de la sociedad si se quería ganar la partida al adversario (pues lo contrario supondría la muerte del grupo o, como vemos en la película que nos ocupa, su esclavización). Este proceso de formación del Estado obliga a cerrarse sobre un “territorio” (motivo por lo que resulta esencial la formación de un “poder militar”) y al refinamiento de las distintas “instituciones formales de gobierno”, que nos permitirán generar una nueva dinámica en las relaciones entre el Estado y la “sociedad civil” (entendido como grupo no unitario en el que conviven distintos “poderes fácticos”: los militares, los sacerdotes, los políticos… e incluso los jueces). Os remito a un artículo precedente en el que se refleja otra interesante idea: la relación entre el Estado y los principios de “autoridad” y “soberanía”: no os perdáis el interesante arranque de la película documental “Fahrenheit 9/11” (Miramax 2004), de Michael Moore, en el que se pone en tela de juicio el principio básico de la “soberanía popular” precisamente por la acción de las distintas instituciones que gestionan el poder.

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