La casa de Elrond

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A la hora de abordar las distintas teorías del “origen del Estado”, y dejando de lado la concepción formalista que tiende a ver el Estado como una simple formación jurídica, dos han sido las maneras tradicionales de resolver la cuestión. La “teoría organicista” describe el Estado como un “organismo viviente”, siendo los individuos partes o miembros del mismo (los individuos o grupos de individuos), posteriores a él, y que aisladas o separadas de aquel no tienen existencia real, puesto que son meras abstracciones. La “teoría atomista”, por el contrario, supone que el Estado es una creación de los individuos, quienes deciden organizarse estatalmente de una manera determinada a través de un “pacto” o “contrato” (sea este implícito o explícito) en donde quedan fijados los poderes y competencias del Estado.

Tradicionalmente, se considera que los más ardientes defensores de esta segunda perspectiva son Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), autor este último que propuso un nombre genérico para todas estas posturas al titular su libro más reconocido como “El contrato social”. Para los dos primeros autores convendría un repaso al artículo sobre el empirismo inglés (donde analizamos los distintos acontecimientos históricos de la Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII, además de hacer un repaso general a sus autores más señalados, de Francis Bacon a David Hume).

Para conocer mejor al tercero de nuestros autores, también resultará interesante comprender el concepto continental de Ilustración (en el que ofrecemos un repaso de los principales “philosophes” franceses, como Montesquieu o Voltaire). Las tres posiciones quedarán también reflejadas en un último artículo sobre la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos” 1776 (ejemplificada felizmente en la magnífica serie de la cadena HBO “John Adams dirigida por Tom Hooper), y la subsiguiente “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” de 1789 (que aquí presentamos a través de la película “Danton” (Coproducción 1983) de Andrzej Wajda).

Las tres posturas que comentamos son altamente beligerantes entre sí: si bien es cierto que las tres parten de supuestos similares, pues suponen un “estado de naturaleza” previo al contrato social en el que el hombre vive libre pero inseguro (una mera hipótesis de trabajo que en nada se parece a la perspectiva evolucionista que hemos manejado nosotros, al contraponer las llamadas “sociedades naturales” con las “sociedades políticas”), los tres acabarán por justificar formas de gobierno altamente diferenciadas, dese el “absolutismo” de Hobbes, pasando por el “liberalismo” de Locke, hasta alcanzar la “democracia” de Rousseau (precedente teórico de lo que luego conoceremos como “Estado social de derecho”). Las disputas sobre si se han de ceder todos los “derechos” o no (Locke insiste en que los individuos deben guardarse algunos para sí: la vida, la libertad y la propiedad), y si esta cesión ha de realizarse en dirección al “soberano” o bien hacia la “comunidad” (Hobbes afirma que lo primero, Rousseau que lo segundo) constituyen la base teórica que diferencia a los tres autores.

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