La Ventana

Revista escolar del IES Roces

Aniversario del Instituto de Roces, por Covadonga Lastra, alumna de la primera promoción

Publicado por estheroz el 25 Diciembre 2008

Aniversario del Instituto de Roces

Vamos a celebrar estos treinta años de Instituto y un poquito más, si me lo permitís, lo digo por los dos maravillosos años que echo en falta y durante los que realicé mi primer y segundo curso de BUP: 1976/77 y 1977/78 en compañía de una gente estupenda.

Hagamos un poco de historia. El Instituto, en sus primeros tiempos, pasó por una fase, que alguien llamó acertadamente para entendernos: “etapa preinstituto” es decir, en esos momentos era Filial del Instituto Dña. Jimena, conocido como la Filial de Roces, de las monjas. Al finalizar el plan de estudios del 54 (el bachillerato con las dos revalidas de cuarto y sexto grado) comenzó el B.U.P (Bachillerato Unificado Polivalente) entonces pasaría a llamarse Centro Homologado Nuestra Sra. de la Asunción (como un centro concertado pero de Bachillerato) Un” pasín” adelante en el tiempo y nos convertiríamos en I.N.B. (Instituto Nacional de Bachillerato Mixto de Roces) Ya situados, os hablaré de unos años en que varias promociones de alumnos, con especial cariño para mi la del 76, hicieron que un embrión de Instituto se transformara en un espacio de cultura y educación, de compromiso y participación. Estuvimos aprendiendo a trabajar juntos y la gran mayoría a opinar libremente y ser responsable de ello. 

En la memoria de muchos estarán: Nieves “la dire”, Ana, Angela, la sublime e incomparable madre Escolástica  (inenarrable el pase de “Psicosis” de Hitchcock) El Laboratorio y la madre Soledad, incombustible en su afán de saber y enseñar; y como no, el inefable “Don Ga”. También por aquellos años “debutaba” Javier ante un alborotado e incondicional alumnado, al que con tiempo y paciencia “encantó” como en los cuentos. Con él descubriríamos, entre otras muchas cosas, los secretos de aquel Viaje a Itaca que Lluis Llach cantaba y del que retornaríamos más sabios al abrigo de los versos de Kavafis.
Y que puedo decir de aquella pronunciación francesa “pluscuamperfecta” que tuvimos que pulir bajo la férrea y eficaz batuta de Angeles Mori. Nos alentaba estimulándonos con viejas canciones populares francesas que junto con alguna de Brassens le llegarían a ocasionar algún que otro quebradero de cabeza. Eran otros tiempos, que diría mi abuela.
 Y Dolores, la “profe” de Ciencias Naturales, una mujer inteligente y dotada de un gran sentido del humor. Le pusimos el cariñoso mote de “la Fosfolípido”.
Mencionaré también a aquellos con quienes difícilmente hubo “química”, los profesores Huerta de Física y Química y el insólito Sr. Villamil que nos sometió a indescriptibles experimentos eléctricos que culminaban en inquietantes apagones. Por cierto, en el curso 1977/78, Marcelina y yo misma, fuimos las dos primeras féminas en optar por la asignatura de Electricidad (la cuestión era no coser) Entre tanto uno de nuestros compañeros, Falo o Juanjo, no recuerdo bien, decidía tomar partido por la calceta y hacer su primera bufanda en las clases de “Hogar”, sacrosanto territorio femenil hasta aquel año, dirigido por Ana.
Queríamos cambiar el mundo, sacudir y conmover. En aquellos tiempos revueltos, para unos fuimos atrevidos y audaces, para otros, rebeldes e insolentes. Pero no parábamos. Hicimos teatro, cine-forum, periódicos, ferias del libro, nos manifestamos por mejoras educativas, fuimos a la huelga, estuvimos en comisaría y hasta en  el calabozo, nos encerramos en el Instituto por tres días y lo salvamos de la quema. Hubo consecuencias, pérdidas, pero seguimos adelante, construyendo y creciendo. Contábamos con gente maravillosa, en aquella época el Instituto éramos todos o eso pretendíamos: padres, alumnos, profesores y el resto del personal  no docente: Maruja y “Luchi”, que a ratos regañaban en los aseos (hoy como ayer) pero donde siempre encontrabas consuelo y ayuda. Y que decir del “Distrito-Secretaría” con Amparo parapetada tras la omnipresente ventanilla desde la que pasaba revista y donde la afabilidad era moneda corriente: una palabra amable, una información detallada, un aviso importante, la cola de pegar, las tijeras o la grapadora. Y si era menester echarnos la bronca, pues eso, nos ponía al hilo. Luego llegaría Teresa, que atareada en la dependencia interior compartiría tareas administrativas con Amparo la “secre”.
Mas adelante se incorporarían otros profesores como Manuel de la Cera de quien guardo un grato recuerdo, y que acabó por hacerme cuestionar casi todo. Sus clases eran interesantes, diferentes, peculiares. Ocurrían cosas. Cierro los ojos y puedo escucharnos repitiendo entre cuchicheos y risas pueriles aquel nombre RODOLFO MONDOLFO RODOLFO MONDOLFO… Aquel tipo absorto, enfrascado en sus pensamientos parecía no percatarse del barullo. Miraba por encima de sus lentes, sonreía a medias y retomaba la clase con renovados bríos.
Y más profesores y maestros de la vida fueron llegando: inasequible al desaliento, siempre en la brecha Miguel y Pepa de Historia, un controvertido y polémico Xuan Xosé Sánchez Vicente – profesor de Lengua Española y de la Llingua -, Chelo Caicoya de “Mates”, Begoña la de Inglés, Carmen Suárez, Natalia, César, Chelo Fidalgo, …
Y siempre Marina, que contagió a un@s e impuso a otr@s la pasión y la necesidad de estar en forma, de cultivar el cuerpo. La consigna rezaba: Gimnasia – Deporte. Su entrega, amor propio y empuje dio como resultado dos equipos estrella de  Baloncesto y Voleibol, bajo el patrocinio de jugosas tortillas caseras, cuotas de guardarropía de la “disco” Sunday, sorteos y rifas varias entre otras aportaciones.
La Asociación de Padres bien merece un capítulo aparte, reunidos siempre padres y alumnos. Inolvidables e irrepetibles: Ángel, Tielve, Adriano, Toyos, Lastra… y muchas, muchas madres coraje  cuando la ocasión requería fuerza, apoyo y  amor: Matilde Baizán, Marisa Velasco, Violeta y Armonía entre otras. Armando en Roces y Juan desde la vecina Santa Bárbara apoyaban con entusiasmo iniciativas de mejora para el Instituto, símbolo del barrio obrero unido y orgulloso de serlo.
Algunos compañeros nos dejaron pronto y / o sin aviso: “Lito”, “Chus” Medio, Luisa Pérez Martín, Julio Lorenzo… un fraterno abrazo allá donde estéis.
Pues bien, una lista de nombres sin fin hicieron del Instituto de Roces un espacio vivo, abierto al debate; lugar de cultura, de educación y de libertad. Pusimos todo el empeño en conseguirlo y se lograron muchas cosas. A la vista está, el I.E.S de Roces es hoy un tipo adulto, pleno de actividad, diverso y plural. El Instituto sigue caminando y lo hace bien.

¡ENHORABUENA INSTITUTO!
¡Que vivan tus “treintaypicoaños” y muchos más!

Covadonga Lastra Carreño
(1976-1980)

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