La Ventana

Revista escolar del IES Roces

UNA NOTICIA POLÍTICAMENTE INCORRECTA

Publicado por mapilara el 28 Enero 2010

Os incluimos el relato que Rocío Martínez González, de 4ºA, ha escrito para la sección de la biblioteca “Los lectores también escriben”:

Hace unos días escribí la noticia para el periódico en el que trabajo. Al día siguiente, en mi despacho, preparándome para irme, suena la puerta:

-¿Se puede?-dijo mi jefe con cara de pocos amigos
-Claro.-dije yo tímidamente.
-Mira… Elena no me voy a andar con rodeos. Te tienes que ir.
-¿Qué? ¿Por qué?
-El Ayto. ha demandado a este periódico por el artículo que publicaste en primera página sobre esas dichosas obras..-dijo el arrojando el periódico sobre mi mesa.
Yo no sabía en ese momento que decir, simplemente dejé que continuara.
-Pero hay más. Afortunadamente, y tras largas negociaciones hemos llegado a un acuerdo.-dijo el mirando para otro lado.
-¿Qué clase de acuerdo?-pregunté yo arqueando una ceja.
- Nos han prometido retirar la demanda si prometemos no volver a perjudicarles en nuestro periódico y…. si te despedimos. Lo siento.
Yo me quedé helada. ¿Qué iba a hacer una chica de 22 años recién graduada sola en una ciudad tan grande y sin trabajo? ¿Qué clase de injusticia era aquella? Finalmente me armé de valor y le dije con la cara más seria que pude:
-Yo solo he hecho mi trabajo, señor. Solo he escrito lo que ha pasado tal cual ha sucedido.
-¡FALLO! ¿Pero se puede saber que te han enseñado en la facultad? ¡Un periodista nunca puede escribir lo que piensa, y menos si el poder está de por medio niña!
-¿Y qué puedo hacer ahora?-dije yo sin poder aguantar la presión y derrumbándome en la silla.
-Lo único que puedes hacer por el bien de la empresa, es irte cuanto antes. Y te agradecería que no te demoraras mucho. Por tu bien.-dijo aquello último con un tono de voz no muy agradable.
-¿Me está amenazando?-pregunté yo cruzando los brazos sobre mi pecho.
- Tómelo como quiera, pero le repito, por su bien y el de su salud, ¡lárguese y no vuelva!

Mientras caminaba por la calle, pensaba en todo lo que me había ocurrido simplemente por publicar la verdad y mi opinión sobre algo importante. No es normal que me despidan por una cosa así, no he hecho nada malo y estoy segura de que ni es legal ni va con los Derechos Humanos…. ¡UN MOMENTO! ¡IDEA! ¡IDEA! ¡ILUMINACIÓN DIVINA! No me lo puedo creer, ¿cómo no se me había ocurrido antes?
Di media vuelta y eché a correr de nuevo hacia la redacción con una sonrisa en la cara, por aquella fría y oscura calle de Gijón.
Al llegar pude ver algunas luces encendidas, solo debían estar las limpiadoras. Genial. Entré rápido y silenciosa y subí hasta mi, hasta hoy despacho. Ya había metido mis cosas en una caja. Entré, encendí el ordenador. Mi pierna izquierda no paraba de dar golpes al suelo con mi tacón por la tardanza de este….JOLÍN CON LAS NUEVAS TECNÓLIGIAS….Ya está por fin. Abrí un documento Microsoft Word y empecé a teclear.
Ya estaba acabando cuando vi como una luz cegadora entraba por la puerta en frente de mí. Me levanté de un brinco, si era el jefe iba a tener problemas. Pero aclarando un poco los ojos, pude ver que era la limpiadora japonesa con su radio puesta. Suspiré aliviada.
-Señolita de la Vega, ¿que hacer usted aquí tan talde?-dijo ella, la pobre no sabía hablar muy bien castellano.
-OH, no se preocupe. Es solo que me había olvidado una cosa, pero no se preocupe que en 10 minutos acabo.
-Lo siento, señolita. Pero esquel me tengo que dil ya, y tengo que celal la ledacción.
-Pues…tenga.-dije mientras me sacaba un billete de 5€ del bolsillo.- En lo que usted se toma el café al que le invito y se arregla yo ya he acabado. Quédese con el cambio.
Ella me sonrió agradecida y se fue alzando la mano en señal de despedida. Pobrecita, tengo entendido que la gente se burla de ella por su falta de la “r” en algunas palabras.
Pero yo tenía que concentrarme en acabar lo que estaba escribiendo.

A los cinco minutos ya estaba. Lo leí por última vez y sonreí. Era corto, sencillo y directo. Le di a la opción de impresión múltiple y saqué trescientas copias. De las que acabarían hasta en la Moncloa si era preciso. Las metí en una bolsa junto con el pegamento instantáneo, y baje corriendo las escaleras, tenía un duro trabajo por delante. En la puerta pude ver a la limpiadora a punto de salir y nos despedimos con una sonrisa.
Me relajó mucho cuando salí al exterior y noté la brisa del gélido invierno inundando cada poro de mi cuerpo. Le guiñé un ojo al cielo, suspiré y me puse a andar.
Había escrito mi caso en aquellas hojas. Con lujo de detalles. Incluí el propio artículo, las palabras de mi jefe, el chantaje del ayuntamiento, y como no una recopilación de algunos de los artículos de los Derechos Humanos que me favorecían: El 2.1; el 3; el 4; el 18; el 19 y el 24.
Mientras la ciudad dormía, yo escondida bajo el manto protector de la noche empecé a pegar carteles con mi caso por todas las calles y lugares que pasaba (paradas de autobús, parques, portales, locales comerciales, puertas de cafetería, semáforos, buzones… hasta que llegue al ayuntamiento, en la Plaza Mayor. Allí lo pegue por todo aquel hueco que podía de la fachada, para que todo el mundo lo mirara. Al cabo de un rato me alejé para contemplar mi trabajo y sonreí satisfecha. Ni siquiera se podía entrar. Seguí con mis pancartas hasta que encontré una cafetería abierta, ¿que hora seria? Miré mi reloj, y eran las seis y media ya ¡Jolin!, si que se me había hecho corta la noche.
Me dirigí a la barra y me atendió una señora con cara de sueño todavía.
-Dos cafés bien cargados con azúcar, por favor.
Necesitaba estar despierta, y espabilada. En lo que ella me servia yo fui sacando el móvil y a buscar en la agenda. Omar, Osvaldo, Pablo, Paco… ¡Pedro! Automáticamente le di a la tecla verde de mi teléfono móvil.
Sabía que si había alguien en esa ciudad en el que podía confiar era el. Fue mi compañero de mesa desde la ESO, y una persona con gran corazón aunque no lo parezca. Tardó un poco en contestar pero al final dijo:

- Hola, buenos días por la mañana. ¿Qué Elena te has levantado con ganas de trabajar, o es que te has dado cuenta de que no puedes vivir sin mi?

- Calla gañán. Te llamaba para que llames a los medios. Necesito por lo menos dos cámaras de cadenas de televisión en la plaza del Ayuntamiento de Gijón en 10 minutos, ¿podrás conseguirlo? Es importante, de verdad.
-Veré lo que puedo hacer…pero ¿Qué gano yo?-dijo el desde el otro lado del teléfono.
-Ya arreglaremos cuentas. Tú hazme ese favor. De verdad que es muy urgente
-Entendido. Jolin…cuanto misterio. Me tienes intrigado. –esto lo dijo ya en tono más preocupado.
-Ven a la plaza y te enterarás. Asegúrate de que vienen los medios.
-Muy bien, chao.
Colgué y me tomé los cafés a toda pastilla. Tengo entendido que empezaba a venir gente a partir de las siete, y eran menos cuarto.
Pagué y salí de la cafetería, dirigiéndome a la puerta del ayuntamiento a hacer una de las mayores locuras de mi vida. Cogí la cadena de una moto que había comprado por el camino, me rodeé la pierna izquierda con ella y la até a la puerta del ayuntamiento. Y con todo el valor y frió matinal que tenia en el cuerpo me levanté el yérsey y me introduje la llave en el sostén. Al ver quien se atrevía a obligarme a apartarme de ahí.
Cielos, estaba realmente cansada y la gente no venía. Había recorrido muchos kilómetros, y los cafés parecían no hacer efecto… ¿Pasaría algo si me hecho un sueñecito? No creo.
Miré a ambos lados y nada, la plaza seguía vacía. Poco a poco me fui agazapando hasta que acabé en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta llena de mis papeles. Fui cerrando los ojos despacio, hasta que sin darme cuenta, caí en un sueño profundo.

Oía murmullos, pasos, chillidos, gritos, focos, flashes de cámaras, a gente aplaudiendo… ¿Dónde estaba? Aquello no era mi cama. Abrí los ojos y poco a poco fui recordando. ¿Qué hora era? ¿Las nueve? Vaya hombre, yo que solo quería echar una cabezadita de diez minutos. Pero por lo visto Pedro lo había hecho todo por mi, había mas de tres cadenas de televisión filmándolo todo, y él en una de ellas. Me guiño un ojo diciéndome que todo iba como la seda. Y yo con todo el valor que pude (y que me quedaba en el cuerpo) me levanté, y empecé a gritar lo que la gente chillaba:
-INJUSTICIA, INJUSTICIA….
Al empezar yo a chillar, la alcaldesa miró en mi dirección con dos tipos de miradas. Asesina y de sorpresa.

ROCÍO MARTÍNEZ GONZÁLEZ, 4º A

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2 Comentarios a “UNA NOTICIA POLÍTICAMENTE INCORRECTA”

  1. Esther escribe:

    Muy bien el relato, Rocío, tienes que animarte a escribir para el premio del Teatro Grecolatino. ¡Ya hablamos!
    Esther.

  2. Rocío Martínez escribe:

    Gracias Esther =), aunque no es uno de los mejores que he hecho, y que sigo haciendo =).
    Estoy trabajando en lo del Teatro Grecolatino, aunque la idea que ronda por mi cabeza tengo que pulirla mucho y consultarla contigo.

    Un saludo =)

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