La Ventana

Revista escolar del IES Roces

Ganadores del concurso de relatos breves de misterio y de terror.

Publicado por mapilara el 5 Diciembre 2010

El pasado viernes se hizo entrega de los premios a los dos ganadores de los relatos breves de misterio y terror, Paula Mateo Calero (Poly Poisonous) y David Rodríguez Redondo, mención honorífica. En las fotos veis a los participantes y a los ganadores. Enhorabuena a todos y os animamos a que sigáis escribiendo.

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 Además,  ved aquí los dos relatos ganadores:

Había logrado llegar hasta allí. Aquella pesadilla entró en el sótano. Mi cuerpo, impregnado del frío sudor del pavor, se estremeció con silenciosa violencia al oír los monótonos y regulares pasos de aquel ser que acechaba mis sueños desde hacía tanto tiempo. Pero hoy… hoy se había vuelto corpóreo, palpable. Real. Aquella noche me había refugiado bajo las sábanas, como todas las noches desde que el invierno había arrojado su manto de frío cortante la ciudad. Dejaba que el olor del sueño me envolviera mientras los témpanos de hielo pendían de la cornisa como colmillos de una bestia acuchillando la oscuridad. Rígidos y gélidos.
También en aquella ocasión pude verle en mis sueños; aquello se paseaba como un vagabundo por el largo pasillo. Siempre le oía acercarse con esos andares lentos y pesadumbrosos, acercándose. Entonces, se paralizaba ante mi puerta entreabierta para que yo pudiera observarle, dibujando su sonrisa. No habla; me mira… y sonríe. Acto seguido se da la vuelta, alejándose, para volver a la noche siguiente en su rutinaria visita.
Pero aquella vez fue distinto; tras la esperada y conocida sonrisa, se dispuso a pasar el resto de su cuerpo a través del umbral de la puerta, dejando al descubierto su cara. Recordaba enormemente a un payaso. No un payaso cualquiera; un payaso formado por pesadillas y horror. El rostro de la maldad hecha “carne”. Extendió su mano podrida en un gesto como para tocar mi cara, y fue en ese preciso instante cuando obligué a mi cuerpo a moverse.
Y corrí a través del pasillo, bajando al sótano, frío y oscuro, y me oculté tras el hueco de la escalera…

Jadeo en mi escondite dejando escapar suspiros congelados que se difuminan en la oscuridad. Me castañean los dientes.
Éso se percata de mi presencia y se gira lentamente para enfrentarm. De nuevo otra vez el sonido de sus pasos, retumbantes en mis oídos. Mis músculos se contraen… se acerca. Se nubla mi mente… mi aliento se agota. Saboreo entonces la eternidad de aquel segundo, grabando en mi retina el preciso instante en el que de nuevo surgió la ya tan odiada sonrisa suya.
Pude sentir el hedor de la putrefacción procedente de él, mientras su dedo acusador me apuntaba directamente, y brotaba de lo mas profundo de su ser una carcajada estridente y gutural.
Terminado aquel segundo fatal, mi vida quedo sentenciada; me fue arrancado el último grito, que quedo suspendido en la noche. Inexistente para el resto de los mortales.

Paula Mateo Calero.

 

Nícolas se despertó. Su cama era grande y esponjosa, elegante, como la de la nobleza de épocas pasadas. Lo más curioso, a mi parecer fue, de hecho, la sorprendente actitud de Nícolas ante el hecho de encontrarse en un lugar extraño, pues no dio muestra alguna de espanto ni terror.

Como cada mañana al despertarse fue, como por inercia al baño de la habitación sin percatarse de que ni siquiera era suya la habitación, ni de que, realmente, no sabía dónde estaba el baño, ni que puerta podría llevarlo. Pese a todo, acertó.

Al salir, un largo pasillo se abrió ante él. Repleto de estatuas, relieves. Pinturas, tapices y obras de arte, algunas de ellas que ni yo sabría nombrar. Mostraban estas, lugares imposibles, así como personajes que oscilaban entre lo pintoresco y terrorífico, ninguno de ellos ni remotamente humano. Aun así, Nícolas, continuaba, como aún dormido, por el pasillo sin tomar mayor interés que asentir muy de vez en cuando a nada en concreto.

Su constante andar le llevó al final del pasillo, una sala circular gigantesca, rodeada de puertas y con una gran escalera de algún material similar al oro o al bronce, aunque no era ninguno. Después de no pensarlo mucho subió las escaleras y, tras una incontable cantidad de escalones se encontraba en una torre rota que dejaba ver el horizonte, un horizonte, un horizonte blanco de nubes, un horizonte sin fin ni principio.

Cuando observó el resto del castillo de colosales dimensiones exteriores, comprobó que todo, todo estaba roto: ninguna torre entera, ninguna cúpula cubierta ni ventana con todos los cristales. Decorando la simiesca arquitectura, cientos de cuerpos humanos de hombres y mujeres desnudos de gesto airado, amenazando a enemigos inexistentes con grito ahogado.

Pero, no fue hasta momentos después, al darse la vuelta cuando, viéndose en un espejo desgarrado, que el joven Nícolas sufrió un shock que yo no consideraría de este mundo, pues fue ahora, cuando vivió la confusión y el terror que antes debió sufrir, todo, en un mismo instante que tuvo como resultado que se quedara quieto, meciéndose y sollozando con dificultad, mientras se agarraba el rostro, susurrando en una lengua que no era la suya.

David Rodríguez

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Un Comentario a “Ganadores del concurso de relatos breves de misterio y de terror.”

  1. Esther escribe:

    ¡Cómo me alegro de ver vuestras inquietudes literarias! Enhorabuena a todos los participantes: a los ganadores, por eso, por ganar, y a todos porque os gusta escribir y participar. ¡Con gente como vosotros da gusto!

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