Arturo y la voluntad

26 07 2007

Varias semanas de lectura de diferentes obras (sobre y por) el filósofo decimonónico Arthur Schopenhauer, han dado como resultado el que le dedique un artículo veraniego. De Schopenhauer llama la atención su estilo claro, con ejemplos cotidianos, así como el uso habitual de citas en latín, griego, inglés y francés, lo cual muestra no sólo su dominio de la cultura (adquirido en sus múltiples viajes), sino también su capacidad de relacionar a diferentes autores a la hora de tratar un tema.

Sobre su vida abundan las anécdotas. Hijo de comerciantes, pudo dedicarse a la filosofía tras la muerte de su padre. Con su madre, Johanna, tuvo varios enfrentamientos debidos, entre otras cosas, a que ella poseía un salón literario frecuentado por no pocos admiradores de renombre (incluido Goethe). Fue profesor en la Universidad de Berlín, donde Hegel le hacía sombra. Dos de sus grandes amores se llamaban “Carolina”, pero no se casó. Admiraba a Platón, a Kant y a Buda. Se ganó fama de poseer mal carácter (una vieja llegó a denunciarle por empujarla por unas escaleras) aunque adoraba a su perro de lanas. (También se ha ganado la fama de filósofo misógino, siendo fuente de inspiración para Nietzsche, que no se quedó atrás).

Su obra principal es El mundo como voluntad y representación. En ella, siguiendo a Kant, postula que no podemos conocer el mundo más que como se nos aparece, como fenómeno, como representación. Así, el mundo es como un sueño de nuestro cerebro. Sin embargo, el sabio, por medio de la instrospección, puede llegar a conocer una verdad que subyace en el mundo: la voluntad de vivir. Hay una fuerza, una energía, una voluntad, que lo alimenta todo. Lo malo es que a los humanos, ese deseo permanente de más cosas, nos lleva al sufrimiento. La vida es dolor, nunca estamos satisfechos, aspirar a la felicidad es un acto de ingenuidad. Como mucho, podemos aprender a sobrellevarla gracias al arte, en especial a la música. Otra opción para escapar al dolor es no desear nada, ser un asceta.

Estos planteamientos le han grangeado la etiqueta de “filósofo pesimista”, pero sus obras se leen con buen ánimo, quizás sea porque nos sonreímos al comprobar que no tiene reparos en insultar a quienes no le hacen gracia, o porque su forma de exponer es clara y ordenada. Para introducirse en este autor, lo mejor es coger una parte de Parerga y Paralipomena, por ejemplo El arte de vivir bien, donde reflexiona sobre qué es más importante para vivir sosegadamente: lo que somos, lo que tenemos, o lo que representamos para los demás. ¿Cuál de las tres opciones creéis que defiende?

Citas:

Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. (…) Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas.

Los esfuerzos incesantes para desterrar el dolor no consiguen otra cosa que variar su figura: ésta es primordialmente carencia, necesidad, cuidados por la conservación de la vida. Al que tiene la fortuna de haber resuelto este problema, lo que pocas veces sucede, le sale de nuevo el dolor al paso en mil otras formas, distintas, según la edad y las circunstancias, como pasiones sexuales, amores desgraciados, envidia, celos, odios, terrores. Ambición, codicia enfermedades, etcétera. Y cuando no puede revestir otra forma toma el ropaje gris y tristón del fastidio y el aburrimiento, contra el cual tantas cosas se han inventado.

La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano.

Imagen. Caricatura de Schopenhauer por David Smith.

Un ejemplo de canción que puede ilustrar el pensamiento de Schopenhauer es esta de Three Days Grace, llamada Pain. Aunque claro, canciones sobre el tema hay para dar y tomar, ¿acaso las hay que hablan de otra cosa?

Para terminar, Schopenhauer habla de la música:


La Música jamás expre­sa el fenómeno, sino la esencia íntima, la raíz en sí del fenómeno, la vo­luntad misma. No expresa tal o cual placer, tal o cual aflicción, dolor, esfuerzo, júbilo, alegría o tranquilidad de espíritu; pinta el placer mismo, la aflicción misma y todos esos otros sentimientos, en abstracto, por decirlo así; nos da su esencia, sin nada accesorio, y, por consiguiente, si sus motivos. Y, sin embargo, la comprendemos perfectamente, aunque no nos ofrezca más que esta quintaesencia, tan sutil. (…) Esta estrecha relación entre la Música y la ver­dadera esencia de las cosas explica el hecho de que si en una escena cualquiera, en algún acontecimiento o en alguna circunstancia, oímos elevarse los sonidos de una música apropiada, ésta parece revelarnos la significación más oculta del suceso y darnos el comentario más exacto y más claro de él.

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