La cigarra y la hormiga

27 11 2007

Uno de los textos que vamos a trabajar de Aristóteles es un extracto de la Ética a Nicómaco que trata de la prudencia. Para “El Estagirita”, quien posee la virtud de la prudencia delibera, prevé lo que va a ocurrir y después lleva a la práctica lo que ha decidido. Es decir, sabe hacer planes, sabe actuar pensando a largo plazo, y aprende a hacer eso con los años, con el hábito, distinguiendo entre lo que es bueno y lo que es malo para él.

El problema de la elección, de aprender a tomar las decisiones correctas ha sido un clásico en la historia de la filosofía, así que sobre él han corrido ríos de tinta. En ocasiones es tremendamente difícil prever lo que va a ocurrir, por lo que la decisión implica un riesgo que no podemos evitar. Lo que sí es cierto es que en las decisiones de dificultad media cada vez se va acertando mejor, porque la experiencia es un grado, y eso permite afrontar los problemas con más calma y juicio.

Aristóteles sostiene que la prudencia puede ser individual, familiar o económica y política. Aquí nos centraremos en la individual, en la capacidad que tiene un individuo para orientar su propia vida. En ese sentido, Daniel Goleman propuso su famosa teoría de la inteligencia emocional, y autores como el filósofo José Antonio Marina plantean la necesidad de formar a los estudiantes no sólo en conocimientos teóricos, sino también en la práctica, dotándoles de herramientas que les permitan aprender a deliberar mejor para actuar con más acierto posteriormente. Porque de poco sirven los conocimientos si después no sabemos qué hacer con ellos o no distinguimos qué nos va a beneficiar en el futuro de lo que nos va a perjudicar.

Ejemplos sobre este tema hay miles, uno clásico es el cuento de la cigarra y la hormiga, otro puede ser esta canción que se centra precisamente en el momento de la deliberación, donde la protagonista baraja sentimientos encontrados hasta que finalmente toma una decisión. Ahora bien ¿era esa la decisión adecuada?

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2 Comentarios a “La cigarra y la hormiga”

5 12 2007
nacha (14:14:16) :

conozco otro cuento sobre la prudencia, mucho menos conocido:

El cuento de la tortuga

Había un a vez una tortuga que había perdido la memoria y no se acordaba del camino de regreso a su casa. Estaba perdida en el bosque y lloraba. Lloró tanto que el bosque empezó a llenarse de lágrimas.
Esto ocasionó problemas a los enanos del bosque, ya que entraba agua (lágrimas) en sus casas.
Decididos a buscar el origen de tal “inundación”, salieron de sus casas para saber cuál era el problema.
Pronto encontraron a la tortuga llorando desesperadamente y le preguntaron:
-Tortuga, ¿por qué lloras tanto?
-He perdido la memoria y no sé la forma de regresar a casa.
Los enanos tuvieron una ocurrencia. Le colocaron una hierbas mágicas dentro del caparazón y le dijeron:
-Cada vez que quieras saber lo que debes hacer, pon la cabeza dentro del caparazón, hueles las hierbas mágicas y empiezas a pensar. ¡Verás qué bien funciona!
La tortuga así lo hizo: puso la cabeza dentro del caparazón, olió las hierbas mágicas y pensó: “¿Cuál es la forma de regresar a casa?” A continuación adoptó la postura del pensador y dijo:
-¡Ah!, ya me acuerdo, he de subir este monte y bajar por la orilla del torrente.
La tortuga salió del caparazón, dio las gracias a los enanos y se dirigió hacia su casa.
A partir de aquí, la tortuga siempre supo lo que debía hacer: cuando no se acordaba de algo, ponía la cabeza en el caparazón, pensaba y decidía.

5 12 2007
concepcionpg (14:47:29) :

Hola Nacha. Es muy bueno el cuento, no lo conocía. Tiene mucha razón, antes de actuar, mejor pararse a pensar. Seguramente la tortuga llegó a ser muy sabia.

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