¿Qué es el amor? (I)
11 11 2007
Esa pregunta que aún hoy muchas personas se hacen, y sobre la que nunca está de más reflexionar, es la que vehicula el diálogo El Banquete de Platón, al que ya aludí en otro artículo. En dicho diálogo los comensales de un banquete se ponen a departir con Sócrates acerca de la naturaleza del amor. Cada uno ofrece su propia disertación sobre lo que considera que es el amor, hasta que Sócrates cuenta su teoría, inspirada en la de la mujer sabia Diótima.
Dos son los relatos sobre el amor que han pasado a la historia con fuerza. En este artículo me centraré en el primero. Se trata del que pronuncia Aristófanes, el famoso mito del andrógino, que refleja a la perfección cuál era la forma en la que los griegos concebían la sexualidad.
Si hoy seguimos pensando, en nuestra primera juventud, que debemos buscar a nuestra “media naranja”, a alguien que nos complete, es debido a este relato. Efectivamente, Aristófanes sostiene que al principio de los tiempos había tres “naranjas”, una compuesta de dos mujeres, otra de dos hombres y la última era el andrógino, compuesto de hombre y mujer. Pero eran tan soberbias que Zeus las cortó por la mitad, de modo que se pasaron la vida buscando a su antigua sección. Así, las naranjas compuestas de mujer eran mujeres que se amaban, las de hombre eran hombres que se amaban y el andrógino eran las parejas heterosexuales, que también se amaban. Por lo tanto, el origen del amor era la búsqueda de la mitad perdida, sin ser relevante cuál fuera el sexo de esa mitad.
Este relato puede resultar chocante para algunas personas porque es cierto que la perspectiva de la sexualidad introducida por el cristianismo posteriormente, no es tan comprensiva con las diferentes opciones sexuales. Sin embargo, eso no impide que altos cargos de la Iglesia citen el mito del andrógino (obviando sus líneas más subversivas). Ese es el caso del Papa Benedicto, quien en su encíclica Dios es amor, alude al mito del andrógino, pues admite que esa búsqueda de nuestra otra mitad es una forma muy bella de ver el amor. (Ver primera parte, punto 11).
La cuestión que se nos presenta es dilucidar si un relato tan reconocido y citado, debe ser escondido para evitar la sorpresa de los alumnos/as, o simplemente puesto sobre la mesa como un medio más de mostrar cómo pensaban los griegos del S. V. a. C. ¿Qué opináis al respecto?
(En un segundo artículo comentaré la postura de Sócrates acerca del amor).
Categorías : Historia de la Filosofía




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