Causa y efecto

25 02 2008

Si bien Hume reconoce que uno de los criterios con los que el ser humano conecta las ideas que tiene en su mente es el de causalidad, realiza un análisis detallado del concepto de causa (uno de los principales de la metafísica clásica) haciendo una crítica acerca de cómo pensamos habitualmente los humanos en términos de causa-efecto.

Para estudiar la idea de causa toma un ejemplo típico, la transmisión de movimiento de un objeto a otro, concretada en las bolas de un billar. Vemos una que se mueve y otra que está quieta, chocan, y después… la que estaba quieta comienza a moverse. Causa y efecto, está claro. Entre ellas se dan tres circunstancias o criterios: contigüidad espacio-temporal, prioridad en el tiempo y conjunción constante. Hasta ahí todo correcto.

Ahora bien, si pensamos que la bola quieta se va a mover no es porque percibamos una impresión de “conexión necesaria” entre ambas bolas, sino porque ya lo hemos visto antes. De no haber sido así, no podríamos saberlo.

Hume va exponiendo en su Tratado de la naturaleza humana cómo muchas veces creemos que algunas causas falsas son verdaderas sólo por la fuerza de la costumbre. Así, hay muchos fallos en nuestra forma de extraer conclusiones acerca de la causalidad. Por eso hay que tener claro que no hay causas ciertas y evidentes, es mejor ser precavidos, pues una causa es sólo probable, una mera creencia (belief) mientras no haya pruebas empíricas que comprueben que en efecto lo es.

Como observamos, los ingleses pudieron extraer muy buenas aplicaciones de las recomendaciones de Hume a la hora de resolver complicados casos detectivescos. Que se lo digan a Sherlock…., incluso en su versión perruna.

Resumen del Tratado.

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