La bebida de los dioses

24 07 2008

 

Añadimos una nueva curiosidad a los artículos estivales del blog. Desde hace unos días se puede ver en televisión un anuncio de la bebida “Nestea” bastante singular. En él un señor es supuestamente entrevistado porque desea promover la no discriminación de las personas perfectas.

Mientras argumenta su postura podemos observar varias escenas donde dichas personas, bellas hasta decir basta, son miradas con cara de asco por la gente normal. Uno de estos casos es el de un joven moreno, con gafas de pasta negra, que lee el “Ecce Homo” de Nietzsche mientras su compañera de asiento en el metro le contempla como quien mira a una cucaracha. Para terminar su discurso, el entrevistado asegura que si las personas normales hemos sido capaces de aceptar una bebida perfecta como el Nestea, bien podríamos ser más amables con las personas perfectas, dejando así de repudiarlas.

Sin duda este “spot” publicitario es sorprendente, en primer lugar porque la sociedad actual parece promover precisamente los valores contrarios (la perfección es admirada y perseguida), pero además porque se considera que leer el “Ecce Homo” de Nietzsche es símbolo de perfección. Podríamos decir que esta obra del filósofo alemán es tan chocante como el propio anuncio televisivo, pues en ella Nietzsche asegura ser un dios, un sabio, es decir, que está encantado de conocerse.

Visto lo visto, una buena tanda de interrogantes, ligeros como el propio verano, se abre paso: ¿Será el Nestea la nueva ambrosía del siglo XXI? ¿Qué lee la gente en el metro? ¿Leer en el metro es la prueba de fuego de un aspirante a intelectual? ¿Deberían gobernar los más bellos, más buenos y más listos como recomendaba Platón? De existir tales personas, ¿serían alabadas o ninguneadas por la sociedad? ¿Puede una bebida enlatada ser el colmo de la perfección?

Más información:

Sobre “Ecce Homo”.

———————————————————————

Artículo ampliado. Enlace al video:



Spinoza retratado por Sorolla

13 07 2008

Según afirma el diario El Mundo, un retrato del filósofo holandés Spinoza, hasta ahora anónimo, ha sido identificado como procedente de los pinceles del español Joaquín Sorolla (1863-1923). La pista definitiva para que Irigoyen, una experimentada conservadora de arte, pudiese adjudicar esta obra al pintor valenciano vino de la mano de un texto del escritor Juan Ramón Jiménez en el que éste aseguraba que un médico amigo suyo, con aficiones humanistas y llamado Simarro, le leía por las noches fragmentos de la Ética de Spinoza bajo un retrato que había encargado a Sorolla.

Como se puede deducir, Simarro era un gran admirador del filósofo racionalista, tanto que tenía su “póster” particular en su propia casa. Asegura Jiménez que las lecturas que Simarro le hacía de Spinoza le provocaban ideas como orbes de sentido, de conciencia, de belleza y de verdad. Para que quienes frecuentan este blog educativo puedan disfrutar también del saber de este pensador barroco, os dejo con unas líneas nacidas de su propia pluma:

La verdadera felicidad y beatitud del hombre consiste únicamente en la sabiduría y en el conocimiento de la verdad y no, en absoluto, en ser más sabio que los demás o en que estos carezcan del verdadero conocimiento; puesto que esto no aumenta en nada su sabiduría, es decir, su felicidad. De ahí que, quien disfruta de eso, disfruta del mal de otro y, por consiguiente, es envidioso y malo, y no ha conocido ni la verdadera sabiduría ni la tranquilidad de la vida verdadera. (Tratado teológico político. Citado por Pitarch y Ruiz en su obra Baruch Spinoza, Editilde, 2006).

NOTA ACLARATORIA: La escultura de la imagen ha sido realizada por Guil.



Museo Pedagógico

12 07 2008

A quienes les guste la temática educativa, la pedagogía o hayan vivido en primera persona la evolución del sistema educativo español a través de los años, sin duda les encantará visitar el Museo Pedagógico de Aragón (Huesca).

En su interior podemos encontrar, además de múltiples objetos y documentos, varias aulas antiguas con sus pupitres, sus figuras, los libros de entonces, y especialmente unos bonitos montajes con luz y sonido como el que aparece aquí. Mientras el inocente visitante se adentra en sus pasillos, estos montajes se accionan automáticamente, de manera que, en cuestión de segundos, se siente el espectador teletransportado al pasado de la mano de los versos de Machado, sabiamente acompañados por música y escenografía. Lo cierto es que el efecto conseguido es bastante sobrecogedor, llegando a emocionar hasta al más pintado.

En el museo hay tres montajes, cada uno dedicado a una época histórica o a un recuerdo de la infancia. Uno de ellos se acompaña con este célebre poema. Todo un lujo.

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

 

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel
junto a una mancha carmín.

 

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

 

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.

 

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Texto de Antonio Machado e imagen de José A. Melendo.