Ser o tener

26 04 2009

Comenzamos esta semana la unidad didáctica dedicada al pensamiento de Karl Marx, autor de PAU, cuyas reflexiones acerca del mundo laboral y de cuál sería el mejor sistema económico nos servirán como base para discutir una temática que está ahora mismo situada en el centro de la diana, no sólo en España, sino a nivel mundial.

El asunto es tan amplio que habría mil maneras de enfocarlo. Para escoger una que nos pueda resultar a todos más cercana, podemos hablar de la juventud  española, de las dificultades para encontrar empleo estable, de la problemática asociada al acceso a la vivienda y de las escasas políticas de fomento y apoyo para la natalidad.

Para ello voy a plantear algunas reflexiones sobre las que se puede iniciar una discusión, siempre que sea argumentada y serena. Os planteo un texto inicial, que incluye alguna provocación para estimular la discusión, sobre el que podéis opinar libremente.

SER O TENER. (Texto para iniciar un debate).

En muchas ocasiones, madurar y llegar a ser adulto consiste tristemente en asistir atónito al derrumbe de gran parte de los planes de futuro que se tenían en la adolescencia, muchos de ellos edificados sobre pilares débiles como son los delirios de grandeza fomentados por los medios de comunicación de masas. Forzado por las circunstancias, el novato aprende a renunciar, a reorientar caminos, a modificar sueños sobre la marcha, a priorizar qué es lo que más le importa para centrar las energías en esa meta, porque a todas no se llega. Ser adulto es ser realista, y quien no lo sea, quien se deje arrastrar por los cantos de sirena, corre mayor riesgo de ser infeliz o de quedarse en la estacada por haber aspirado demasiado pronto, demasiado alto a demasiadas cosas.

En estos tiempos inciertos la receta para quienes aún se preparan para el futuro parece residir en tres factores: el sentido común, la valentía y el esfuerzo. El sentido común, ese que según Descartes estaba tan bien repartido, ha escaseado últimamente en las sociedades ultraconsumistas en las que todos nos movemos. La fórmula del éxito parecía muy sencilla: encontrar un empleo (aunque fuese temporal), buscar pareja, organizar un festín a bombo y platillo en los más lujosos enclaves para la celebración del contrato matrimonial (con o sin sacramento de por medio), firmar un cheque en blanco con una entidad bancaria hipotecando toda una vida con el fin de residir en una vivienda acomodada como la de alguien que ya ha trabajado treinta años, y tener al menos dos hijos, a poder ser niño y niña, que queda mejor en las fotos. Este era el único camino socialmente aceptable, el único que garantizaba los parabienes de familiares y amigos, el único posible.

Ahora bien, ¿es realmente esta fórmula la única posible o existen otras menos frecuentadas pero igualmente viables? En efecto, el sentido común reside en ser conscientes de que dicha fórmula puede tener un precio muy alto, e incluso habiéndola alcanzado, no siempre se toca el cielo con las puntas de los dedos. Conviene analizar muy bien cuál es la situación personal propia, pues no siempre es la misma que la de nuestros conocidos, entendiendo que a distinta situación, tendrá que haber necesariamente una distinta fórmula a seguir.

El segundo factor es la valentía, concebida de un modo muy diferente al que se acostumbra. Son tantas las personas que aseguran posteriormente “no me gustaba ese plan, pero como todo el mundo lo hacía…”, “en realidad no me convencía, pero quise agradar a mis padres”, “por mí no lo habría hecho, pero por no aguantar las presiones de mis amigos…, “sólo quería ser como los demás”, etc. No es más valiente quien tiene una deuda mayor o un coche con más aceleración, sino quien es consecuente con su forma de entender la vida.

Si un proyecto nos convence, si vemos que estamos en disposición de apostar por él, adelante y suerte, pero si no es así, si el momento no lo permite o simplemente el plan no nos seduce, hay que plantearse el saber decir “no” y plantar cara. A los profesores nos dan instrucciones para que les digamos esto a nuestros alumnos, pero saber decir “no” no se reduce a rechazar una invitación a una copa cuando se tienen catorce años, implica muchas otras decisiones de la vida adulta. La negativa no tiene por qué ser en sí misma mala, no siempre ha de ser un “no” rotundo, puede ser un “no, por ahora” o un “no en esta circunstancia”. Decir “no” y llevarlo a cabo exige tener aguante, pero si es lo que se desea, quizás merezca la pena asumir el reto.

El tercer factor es el esfuerzo. En una sociedad tan competitiva como la actual, el esfuerzo es necesario si queremos estar mejor preparados para las contingencias que nos sobrevengan. Ya no será suficiente con tener un título, quizás sean necesarios más de uno. La formación ya no es un período de las primeras etapas de la niñez que se recordará con nostalgia o rechazo, dependiendo del caso. Ahora será para toda la vida, habrá que estar continuamente reinventándose, porque si uno no lo hace y el vecino sí, estaremos en desventaja con él. La mala noticia es que ese esfuerzo no será una garantía de estabilidad laboral como lo era antiguamente, sino solo un medio para protegerse, ya que el factor suerte tiene su peso a la hora de mejorar en el mercado laboral. Aún así, el esfuerzo debe siempre primar, pues como se suele decir, “si la suerte llama a tu puerta, mejor que te coja trabajando”.

En el fondo la cuestión que se nos presenta reside en un cambio de actitud o de perspectiva, en dirimir si la sociedad en la que deseamos vivir va a ser la sociedad del “ser” o la sociedad del “tener”. Y ese debate, con anuncio televisivo incluido (Banderas dixit: “No es lo que tengo, es lo que soy”) es precisamente el tema de nuestro tiempo, ese para el que la filosofía, afortunadamente, aún nos puede resultar una práctica no sólo saludable sino inteligente. Parémonos a pensar antes de actuar, filosofemos sobre el modelo de futuro que más nos convence, hagámoslo ya, y así la lechuza de Minerva no llegará tarde, sino que nos sobrevolará al mediodía, agitando sus alas cuando la luz es más clara y la mente todavía se mueve ágil. No perdamos más tiempo, atrevámonos a pensar.

INFORMACIÓN DE INTERÉS

Somos la generación cero

De vuelta a casa



Ellas y ellos

11 04 2009

Mientras termino de corregir los trabajos sobre La polémica ilustrada de los sexos, algunos de los cuales son excelentes, escucho dos canciones que están de cierta actualidad y plantean variadas cuestiones que comentáis en las conclusiones. En ambas las mujeres que las cantan hablan de cómo es su pareja, veamos cómo lo hacen.

Como primer ejemplo tenemos a Beyoncé y su If I were a boy (Si yo fuera un chico), sufriendo desamores y doliéndose de que en su relación de pareja los roles se imponen. Beyoncé recurre a ciertos estereotipos del comportamiento masculino como levantarse de la cama para irse de cervezas con los colegas, trabajar en lo que a uno le gusta, ser un ligón, desconectar el móvil para encubrir infidelidades varias, ser egoísta, seguir las propias reglas, no escuchar, darlo todo por hecho, etc. Se imagina a sí misma en dicho papel, pero al final parece que decide darle carpetazo a la relación. Lo que sería interesante comentar aquí es si todas esas conductas se deben a que su pareja es un chico o a que es el chico equivocado. ¿Qué os parece?

VER VIDEO AQUÍ 

Otra canción algo curiosa es esta de Alesha Dixon titulada The boy does nothing (El chico no hace nada). Si no he entendido mal, lo que nos cuenta Alesha es que lo importante para ella en su pareja es que el chico sea guapetón, un buen bailarín y que cante como nadie. Por eso dejó a su novio anterior, que no fregaba, ni lavaba, pero sobre todo no bailaba bien… (Se admiten otras interpretaciones). Si realmente este es el mensaje, habría que preguntarse por qué esta canción tiene tanto éxito últimamente.

Escuchando ambas canciones, parece que las dos cantantes tienen problemas a la hora de definir cuál es el compañero ideal, al menos las características son un tanto curiosas. Como actividad voluntaria (tanto para los de 2º de Bachiller como para los de Ética) os propongo lo siguiente:

1. Valoración argumentada de ambas canciones.

2. ¿Cuáles son las características que debe reunir el compañero o compañera para que una relación de pareja funcione?



Las edades del hombre

9 04 2009

(Ilustración de Kant hecha por Horacio Cardo).

 Una cita de Kant para estos días de asueto:

La edad en que el hombre llega al pleno uso de su razón (la facultad de obrar con arte en cualquier sentido)… puede colocarse aproximadamente hacia los veinte años; la facultad de cálculo (de emplear para los propios fines a los demás hombres) hacia los cuarenta; y, finalmente, la facultad de alcanzar la sabiduría, hacia los sesenta. Esta última es más bien una época negativa. En ella tomamos conciencia de todas las locuras cometidas en las dos primeras.

 ANTIGUOS ARTÍCULOS RELACIONADOS:

 Algo pasa con Mary

 Y se hizo la luz

 Razón pura y razón práctica

 La causa como categoría