Malos tiempos para la filosofía

30 06 2012

 Como no podía ser menos, finalizo este curso escolar con un artículo de despedida. He de reconocer, como ya sabéis todos, que este no ha sido un curso fácil. Cada año, los profesores y profesoras vemos incrementada exponencialmente nuestra carga de trabajo (más materias, más alumnado, más cursos de formación, más actividades extraescolares, etc.), por lo que el cansancio hizo mella en mí y tuve que soltar lastre por algún tiempo.

Para colmo de males, parece que no pintan tiempos mejores. Según el ministro de Educación español, las asignaturas que yo he impartido estos años en dos idiomas son “insustanciales”, léase Citizenship (Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos de 3º de la ESO) y Ethics (Educación ético-cívica de 4º de la ESO). Los apuntes propios (en dos versiones, la castellana y la inglesa) a los que dediqué prácticamente todos los fines de semana del pasado curso escolar se irán a la papelera por Real Decreto.

Pero antes de que se obligue a la Lechuza de Minerva a abandonar la ESO y se destierre a las materias filosóficas de la Secundaria, reservándolas únicamente para los “listos” que aprueben una reválida y hagan el Bachillerato, yo he de deciros que nunca olvidaré las clases de Ética (materia que existe desde hace al menos una década con gobiernos de todo color en 4º de la ESO). Es la primera asignatura filosófica de mis estudiantes, y en muchas ocasiones la última.

No tendría por qué ser así, pues muchos de los profesores que me conocen y que leen este blog saben de sobra que se puede hacer filosofía con niños prácticamente desde la educación infantil. Aunque no siempre encuentro tiempo para acudir a las reuniones periódicas del Centro de Filosofía para Niños de Asturias, me siento parte de él, y su línea pedagógica es la que inspira mis clases. Los resultados finales no parecen tan malos, a tenor de las notas que mis alumnos y alumnas de 2º de Bachillerato obtuvieron en la PAU.

En consecuencia, escribo este artículo desde el cansancio y desde el hastío. Ya son demasiados años peleando por enseñar filosofía en esta Comunidad Autónoma y bajo estos vaivenes legislativos. No pienso tolerar que el ministro de Educación me insulte por muy ministro que sea. No pienso consentir que mi trabajo se desprestigie y se tilde de “insulstancial” sólo para que él satisfaga las ansias de su electorado.

Al final, no solamente sufrimos los profesores, sufren también los alumnos, pues a muchos de ellos la clase de Ética les resultaba refrescante, entretenida y les ayudaba a madurar. Guardaré con mimo los trabajos que habéis hecho este curso. Os los pedí porque me temía que podían ser los últimos. No sé si este es el último artículo del blog, pues me estoy replanteando muchas cosas.

A quienes habéis venido a verme, a quienes os he visto pero no hemos hablado, y a quienes no os he visto más, un abrazo y un saludo filosófico.