La elegancia del erizo

16 08 2008

Esta novela firmada por la profesora francesa de filosofía Muriel Barbery y editada por Seix Barral en el 2007, ha sido calificada por Le Figaro como “la revelación del año”, o al menos así lo anuncia la faja con la que se presentó el libro en su segunda edición. Por si esto fuera poco, ha recibido el Premio de los libreros 2007, no en vano la obra conquistó a más de 600.000 lectores en toda Francia. Con semejantes referencias, la novela promete hacer pasar un rato entretenido en las tardes de verano, especialmente cuando el tiempo refresca por el norte de España más de lo que a muchos nos gustaría.

La historia, en apariencia sencilla, no está centrada en los grandes relatos o en la épica heroica, sino en la presumiblemente insulsa vida de la portera de un edificio de familias ricas en París. Al lector o lectora se le brinda la posibilidad de conocer los pensamientos de la señora Renée (cuyo nombre ya nos da una pista sobre sus gustos y anhelos), una mujer que atraviesa la cincuentena con pasos cortos y mirada baja, ocultando ante las familias para las que trabaja la extraordinaria inteligencia que puebla su cabeza, en la que se arremolinan infinidad de pensamientos sobre la existencia humana, el clasismo, el arte, la literatura, la música, la amistad y excepcionalmente la soledad.

El segundo personaje relevante es Paloma, una de las residentes en el edificio, niña de familia bien, la mejor de su clase. Como buena adolescente odia a su familia cercana, se considera superior a ellos, los juzga sin la más mínima compasión y no encuentra sentido a su vida, por lo que juega con la idea de terminar con ella.

Ambos personajes poseen el mismo sentido crítico, de acidez implacable, el gusto elevado por el conocimiento y cierto desdén hacia quienes no han tenido la suerte de disfrutar de tan tremendos cerebros. Pero no se conocen, hasta que un hombre se muda al edificio y todo da un vuelco en la vida de Renée…

Hecha la presentación de los contenidos, tan solo queda ofrecer una breve opinión. La novela tiene un buen comienzo, aunque en la mitad del libro pierde fuelle por resultar un poco redundante (las ínfulas de la portera pueden llegar a convertirla en un personaje demasiado engreído) sin embargo hacia el último tercio del libro descubrimos a una Renée mucho más humana. En una estupenda regresión freudiana aliñada con lluvia, descubrimos el origen de sus recelos, así como la fiel amistad que la une a su amiga íntima, la sirvienta Manuela. A medida que Renée se va ablandando y las púas del erizo se relajan, el personaje atrapa de verdad. Realmente llega a apetecer entrar en su portería, como hace Paloma, a tomar un té y charlar jugueteando con su gato León. Otro aspecto reseñable es el humor con que se narran algunas escenas en las que Renée lidia con sus interlocutores midiendo sus palabras en un intento frustrado de esconder sus verdadero yo. Al final resulta que es una filósofa enmascarada, con su moral  por provisión cartesiana incluida. En resumen, es una novela recomendable que puede dar pie a la reflexión, individual o en grupo.

Como colofón, un consejo de Renée:

Ahora ya sé lo que hay que vivir antes de morir. Bien: se lo puedo decir. Lo que hay que vivir antes de morir es un aguacero que se transforma en luz.



Novela y noticia

21 08 2007

Hace un tiempo comencé con ilusión a leer la novela La filósofa, de Peter Prange. La originalidad del relato, que supuestamente giraba en torno a una mujer dedicada a la filosofía, me resultaba particularmente atractiva. Una vez leída…, no sé qué decir. Está bien escrita, es decir, es correcta. No obstante, me parece que el título es un poco fraudulento.

La historia narra las aventuras de Sophie, una huérfana que se va a trabajar como camarera a París y termina siendo amiga de los enciclopedistas, especialmente de Diderot, ayudándoles a sacar adelante su atrevido proyecto pese a los impedimentos que otros grupos sociales les ponen en el camino. Sin embargo, la novela debería titularse “La enciclopedia” o “Diderot y la enciclopedia”, porque la pobre Sophie no deja de ser más que un mero hilo conductor que va enlazando las escenas referidas a la escritura del enorme libro, añadiéndoles un toque romántico o estético, según la ocasión. Ni que decir tiene que de llegar a ser filósofa, nada de nada. Si bien prospera profesionalmente, se convierte en lectora de la amante del rey y escritora en la sombra de artículos, no estudia filosofía ni se dedica realmente a ella.

La cuestión es, ¿acaso podía haberse fabulado con la existencia de una mujer filósofa en la Francia pre-revolucionaria sin caer en un anacronismo? La respuesta: ¿por qué no? No estaban tan lejos históricamente las aportaciones de Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges. En cualquier caso, parece que Sophie no es la verdadera protagonista del relato, al margen de que se la pueda considerar filósofa o no. Tampoco destaca por ser un cerebro privilegiado, como mucho lo suficientemente sagaz como para despertar las pasiones de Diderot, cuyos ojos “asombrosamente azules” ocupan más líneas de la novela que las dedicadas a la chica de sus sueños.

En definitiva, no es lo que esperaba encontrar. Por suerte el libro ha vuelto a ocupar su estante en la biblioteca sin desembolso alguno. Son las ventajas de disponer de una red de bibliotecas bastante bien surtidita. (Ver aquí).

Para rematar este artículo, aprovecho para informar de que hoy aparecemos en la prensa los blogs de Educastur “Las Tic en Plástica” y “La lechuza de Minerva”. ¡Qué detalle!