Ser “ciudadano” en el Franquismo

31 03 2009

Traigo a mi blog el artículo de Félix Población CIUDADANIA “NIHIL OBSTAT“, publicado ayer lunes en el diario Público, no por la defensa que hace de la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos“, sino porque, partiendo de la campaña que contra esta asignatura hicieron determinados sectores eclesiásticos y politicos de nuestro país, el articulista hace lo que él mismo define como “una muy ilstrativa revisión” de Así quiero ser, primer manual de ciudadanía de la dictadura franquista, editado en Burgos en 1940 y subtitulado El niño del nuevo Estado. El libro trata un total de 81 temas, repartidos en seis apartados y un final en el que insiste en el concepto de unidad inquebrantable a niveles de familia, municipio, sindicato, patria e Hispanidad, con “España como madre para mantener las puras esencia de la sangre y el idioma”, etc., etc.    

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El título del libro, como vemos aquí, se inscribe en una portada en la que dos niños armados flanquean el viejo escudo imperial.

No haré más consideraciones, sólo os animo a leer el artículo de Félix Población. Es muy interesante y, efectivamente, también muy ilustrativo, además de toda una lección de Historia.  

Ilustración procedente del blog Diario del Aire.



¿Educar para saber o educar para vivir en sociedad?

4 03 2009

No siempre estoy de acuerdo con las ideas de Fernando Savater, es más, hay cuestiones en las que discrepo profundamente, pero en lo que sí coincido, hasta el punto de considerarla casi como una doctrina (en el sentido más positivo de la palabra), es en su concepción de la educación, en los objetivos que le asigna, en su defensa de la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” (su artículo “En defensa propia” -El País 12/08/06- es un expléndido, además de valiente, alegato a favor de dicha materia).

educacion.jpgEn esta ocasión el lúcido filósofo, basándose en la actual polémica sobre la educación separada por sexos que defienden determinados centros de educación y determinados sectores de la sociedad (en nuestra región, unos y otros se identifican con actitudes claramente conservadoras y elitistas), en “Educadores asociales“, en el diario El País de ayer, martes, nos ofrece algunas conmsideraciones, en mi opinión irrefutables, sobre un aspecto primordial de la educación: su función social. 

Destaco aquí algunas de sus afirmaciones, que comparto plenamente:

.. Porque nadie puede dudar que, si de educación para la convivencia se trata, a los que van a vivir juntos hay que educarlos juntos: sea cual fuere su etnia, su sexo o la religión familiar. No para que se lleven obligatoriamente bien, sino para que conozcan cuanto antes los motivos por los que podrían incurrir luego en la tentación nociva de llevarse mal. La única razón para separar ocasionalmente a unos alumnos de otros son las cuestiones estrictamente académicas: necesidad de clases de refuerzo, agrupación por materias o lenguas optativas, etcétera. Por lo demás, si de buenos resultados se trata, no está de más señalar alguno realmente histórico: si hoy el afroamericano Obama ha podido llegar a presidente de USA es gracias a que cuarenta años antes Johnson acabó con la segregación en la escuela: le han votado quienes están acostumbrados a sentarse junto a negros desde su infancia y les juzgan con toda naturalidad por sus méritos y no por el color de su piel.

En España, el más habitual caballo de batalla de la educación asocial es ahora la insistencia en el derecho de los padres a educar a sus hijos, que casualmente nadie pone en duda. En cambio, lo que algunos no sólo discutimos, sino que decididamente negamos, es que posean el monopolio de formar moralmente a sus vástagos.

Los padres que de verdad se preocupan por la educación en valores de sus hijos no les enseñan a pensar como ellos, sino a pensar por sí mismos. Y nadie es capaz de tal cosa si no conoce, además de las opiniones que ha mamado, las que han recibido no menos cordialmente otros y las razones de todas. Luego intentará elegir bien, como hemos hecho los demás con mil errores.

¿Educar para saber o educar para vivir en sociedad? Ambas cosas. Son las dos caras de una misma moneda que no sólo no se excluyen, sino que se necesitan y complementan.