En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras…

19 03 2012

El  24 de septiembre de 1810 se pomía en macha en nuestro  país el proceso histórico que supoondría su modernzaxión, el fin del Antiguo Régimen y la instauración del nuevo sistema Político Liberral, proceso que culminaría el 19 de marzo de 1812 con la aprobación en las Cortes de Cádiz de la CONSTITUCIÓN DE 1812VIVA LA PEPA!, gritaban los españoles en la calle, al enterarse de la noticia), la primera de un largo listado de diez, incluyendo la actual, Constituciones españolas.

Hoy se cumplen 200 años de este magno acontecimiento, lo que motiva que estos días proliferen artículos y reportajes en los distintos medios de comunicación y se traten diversos aspectos de la misma. En este post yo daré una somera visión, que espero sea suficientemente clarificadora, del tratamiento que la Constitución de 1812 dió a la Instrución Pública, es decir, a la Educación.  

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Página de la Constitución de 1812 donde aparecen los primeros artículos.

“En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, a escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles” dice su artículo 366.

En la web alma mater hispalense de la Universidad de Sevilla podemos leer: ” La <Pepa> pasará a la historia por ser la única constitución española que ha dedicado un Título (el IX en este caso) exclusivamente a la educación, tal es la importancia que se le dio al tema educativo. Cuando las Cortes de Cádiz aprobaron el titulo IX de la Constitución, dedicado a la instrucción pública, los diputados estaban reconociendo de hecho su deuda con los hombres de la Ilustración. Aquí, como en tantos otros aspectos de la mítica Constitución gaditana, los liberales aparecen como herederos de las ideas matrices de la Ilustración. En efecto, la fe en la educación básica común a todos los hombres, la conveniencia de la gratuidad total de la instrucción elemental, la necesidad, en fin, de un plan general de la instrucción pública, son ideas que hombres como Jovellanos, Cabarrús o Campomanes habían difundido con extraordinaria tenacidad por todo el territorio nacional.

Aún cuando la fe en la fuerza transformadora de la educación proviene de la herencia de la Ilustración, el papel de la educación en la nueva sociedad liberal que se prepara, adquiere connotaciones propias y relevantes. Los liberales, arraigados en la tradición progresista del siglo XVIII español, tienen fe en el progreso, ligado ahora al desarrollo de la instrucción. Pero al mismo tiempo tienen fe en la igualdad, que en el liberalismo de la primera hora es no solo Igualdad, sino fundamentalmente igualdad ante las luces, igualdad ante la educación. De ahí que la instrucción, tal y como la definiese el “Informe Quintana”, de 1813, deba ser universal —extensible a todos— pública —abierta a todos los ciudadanos—, gratuita, uniforme y libre.

Para los liberales gaditanos la educación aparece, pues, no sólo como factor de progreso sino también como elemento básico del nuevo régimen político que nace. Nuestros liberales son conscientes de que una democracia estable sólo es posible si cuenta con una población educada para la libertad, con una población básicamente instruida, conocedora de sus derechos y de sus deberes, forjada en la difícil virtud de la convivencia y de la tolerancia…”.

Por su parte, la profesora Araque Hontangas cierra su artículo “La educación en la Constitución de 1812. Antecedentes y consecuencias” afirmando: “La política educativa de las Cortes gaditanas debe entenderse como una medida más en el conjunto de las destinadas a desmantelar el Antiguo Régimen (…) e instaurar un nuevo tipo de relaciones sociales, económicas y políticas conocido con el nombre de revolución burguesa. Este nuevo orden social precisaba un nuevo orden educativo que le diera legitimidad y apoyo, que distinguiera y clasificara, no según el nacimiento, sino por la educación recibida… Los liberales de las Cortes de Cádiz asociaron los derechos políticos a la educación, puesto que el artículo 25 de la Constitución establecía la necesidad y la obligación de “saber leer y escribir” a partir de 1830 para “el ejercicio de los derechos de ciudadano”, es decir, para ejercer el derecho al voto”. 

cortes_cadiz.jpgEra una Constitución basada en los principios de la Ilustración y muy liberal, lo que puede aumentar nuestra extrañeza ante el papel que otorga a la religión católica en la educación, en consonancia no obstante con lo establecido por el artículo 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra”. Así pues el catolicismo es la única confesión religiosa permitida. La necesidad de contar con la colaboración del clero (con una elevada, aunque variable, presencia en los escaños de Cádiz) en la lucha contra los franceses explica este rasgo intolerante que choca con el espíritu avanzado de la Constitución.  

Pinchando aquí conocerás los seis artículos del Título IX.-  De la Instrucción Pública.

En España quiere ser moderna e ilustrada, de José María Lasalle, encontrarás un buen resumen de elementos importantes de la Constitución gaditana, al tiempo que te sugiere otras interesantes lecturas con las que entrar más a fondo en la hoy recordada Constitución.



El Vaticano exhibe sus secretos

3 03 2012

“Lux in arcana” (Luz sobre el misterio) es el título de una exposición absolutamente excepcional que se inauguró esta semana y que estará abierta hasta el 9 de septiembre en los Museos Capitolinos de Roma, en la plaza del Campidoglio, en la que fuera sede del gobierno de los papas para la ciudad de Roma.

La exposición recoge pergaminos, manuscritos, registros y códices de los últimos doce siglos. Quienes visiten la exposición tendrán la oportunidad de sobrecogerse al ver la firma de Galileo Galilei (1564-1642) al final de un grueso volumen en el que se recoge el proceso seguido contra él por la Congregación del Santo Oficio —la Inquisición— entre 1616 y 1633. El resultado, una frase, de su puño y de su letra temblorosa, las palabras con las que reniega finalmente de que la tierra gire alrededor del sol: “Yo, Galileo Galilei he renegado… “. Los documentos que verán la luz por primera vez, y que están comprendidos entre el siglo VIII y la primera parte del siglo XX, gozan de un buen estado de conservación. La selección se ha realizado pensando en interesar al mayor público posible. Por eso, además de las peripecias de Galileo Galilei y de Giordano Bruno, de la confesión bajo torturas de los templarios o de las angustias financieras de Miguel Ángel, también se ha incluido un guiño a los amantes de lo rosa. Hay hasta una carta de María Antonieta desde la cárcel: “Los sentimientos de quienes participan en mi dolor…” pudimos leer en El País del miércoles en el artículo Luz sobre el misterio de los papas“.

Otros valiososs, y algunos transcendentales, documentos que se muestran son: La Bula Inter-Caetera (1493), “bula de partición” con la que el papa Alejandro VI concedía a los Reyes Católicos en 1493 todas las tierras “descubiertas y por descubrir” al oeste de una línea entre el Polo Norte y el Polo Sur (el resto, para los portugueses); la carta enviada por los lores británicos a Clemente VII solicitándole que anulara cuanto antes el matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón;  la bula “Decet Romanum Pontifice” con la que León X excomulgó a Martín Lutero…  

En total 100 valiosos documentos que se exponen por primera vez al público y que constituyen una parte minúscula de los más de 150.000 documentos custodiados en los 85 kilómetros de estanterías del Archivo Secreto Vaticano, propiedad del Papa (se llama ’secreto’ porque toma el nombre del vocablo latino ’secretum’, que significa privado), considerado una de las fuentes de investigación histórica más importantes del mundo. El archivo fue creado en 1612  por el papa Pablo V Borghese, archivo celosamente conservado y cuidado como algo precioso, especialmente desde que en 1815 volvieron a Roma tras cinco años en París a donde fueron trasladados en 1810 por orden de Napoleón.

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Manuscrito  -pergamino de 60 metros de largo- que recoge el proceso en Francia a los templarios

El Mundo en “Los secretos del Vaticano, al descubierto” pone en boca de Umberto Broccoli, el concejal de cultura de Roma: “Nunca antes esos documentos habían salido del Vaticano, y es probable que nunca vuelvan a hacerlo”.