FRACTAL

“Lo que se aprende en la vida, lo que se puede enseñar, es la técnica del paso al conocimiento”

Filosofando

LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE EL SER HUMANO

Conozco

La definición más clásica del hombre se debe a Aristóteles. De una manera muy concisa, pero también exacta, definió al hombre como “animal racional”: lo que diferencia al hombre de todos los demás animales, lo propio y específico, es la racionalidad. El conocimiento humano no sólo es sensible, sino también intelectual (o racional).

Por sus características simplemente físicas o corporales, la especie humana podría haber estado destinada a la extinción. Sin embargo, gracias a su inteligencia, el hombre se ha mantenido en la existencia al conocer la realidad o naturaleza y aplicar dicho conocimiento para transformarla de acuerdo con sus propias necesidades.

Nuestro conocimiento también nos permite plantearnos y responder a las cuestiones antropológicas o existenciales acerca del sentido de la vida humana, así como determinar el obrar o modos de acción que se corresponden a nuestra naturaleza o esencia.

¡Quiero!

Parece evidente que quieres. Pero, ¿es tu querer libre? Hay filósofos que consideran que no somos libres, sólo lo parecemos. Son los deterministas. Y sin embargo hay otros que piensan que realmente somos libres.Si te inclinas hacia la segunda postura te encontrarás con otra pregunta:

¿Para qué tu libertad?

¿Te atreves a buscar las respuestas?

Siento

Como ya sabes, los hombres conocemos (sensible e intelectualmente) y tenemos tendencias de atracción o rechazo (que pueden ser sensibles y volitivas).

Así, por ejemplo, podemos conocer, a través de nuestros sentidos, que el agua es una sustancia incolora, inodora e insípida. Nuestra inteligencia nos permite conocer que el agua es H2O. En un día caluroso, después de una larga caminata, muy probablemente tendremos sed (eso es una tendencia sensible). Cuando decidimos beber el vaso de agua que nos ofrecen, o incluso sacrificarnos y cederlo a otro más sediento, eso es un acto de nuestra voluntad.

Ahora bien, el placer que experimentamos al beber el agua y satisfacer nuestra sed, eso ya no es conocimiento, ni tampoco tendencia, sino un “sentimiento” y pertenece a la vertiente o dimensión afectiva del ser humano. Nuestra afectividad incluye los sentimientos y las emociones.

Evidentemente, por carácter o temperamento, algunas personas tienden a ser más racionalistas y priorizan el elemento cognoscitivo; otras se caracterizan por una gran fuerza de voluntad; y otras son más pasionales o afectivas y se dejan llevar más por sus sentimientos o emociones.

Lo ideal es encontrar un adecuado y justo equilibrio entre ambos aspectos: ni racionalismo frío y calculador, ni afectividad ciega o pasión arrolladora.

Lo cierto es que cuando conseguimos conciliar nuestra razón y nuestros sentimientos, nuestra voluntad lo tiene mucho más fácil a la hora de tomar sus decisiones.

Mi cuerpo y yo

Vivimos en la sociedad de la imagen y el cuerpo se nos da como nuestra imagen en el mundo. Es nuestra carta de presentación.

Pero en una sociedad que prima la imagen vivimos “adorando” nuestro cuerpo. Estamos en la época del culto al cuerpo: todo es “bio” o “light”; “sano” o “natural”…

Pero, al mismo tiempo, el culto al cuerpo se ha convertido en negación de él: cirugía estética -hasta la muerte, si es preciso-, trastornos de la alimentación (anorexia, bulimia, bulinorexia, ortorexia)…

¿No te parece que en el fondo no nos hemos parado a pensar qué es nuestro cuerpo y qué relación tiene con nosotros?

Soy persona

 Hasta ahora hemos estado hablando del “hombre” o del “ser humano”. En este momento vamos a introducir el concepto de “persona”:En el lenguaje ordinario utilizamos la palabra persona como sinónima o equivalente a la de hombre.

Este uso del término es correcto, porque la persona humana es el hombre mismo. Sin embargo, con el término persona designamos algo más que con el de hombre, pues se significa no solamente al hombre, sino a éste en cuanto es portador de una dignidad de la que carecen todos los demás seres de la naturaleza (los inertes, los vegetales y los animales).

Así, por ejemplo, cuando alguien recibe malos tratos, o no se le atiende debidamente, es decir, cuando no se tiene en cuenta su valor, no se queja utilizando la expresión “¡Soy un hombre!”, sino la de “¡Soy una persona!”.

Con ello se indica, sin advertirlo plenamente, que se es un hombre pero con una dignidad característica.

Nosotros

Yo, tú, nosotros son palabras que hacen referencia a nuestra dimensión situada.

Estamos unos con otros. Pero, ¿en el fondo estamos condenados a estar solos? o ¿sería mejor que lo estuviéramos?

¿Quizás nos interese estar acompañados? ¿Tal vez, deseamos, anhelamos, buscamos compañía y ésta sea la única forma de crecer como personas? Aquí tienes la cuestiones. Ahora te toca a ti.

¿A dónde voy?

Todos, en algún u otro momento de nuestra existencia, nos hemos preguntado si la vida tiene un sentido o fin y cuál es.

Ésta es una de las preguntas más importantes que podemos formularnosy su respuesta es fundamental para todos y cada uno de nosotros, pues de ella va a depender el modo en que vivamos nuestra vida. Vivir al día sin plantearnos el problema es, como mínimo, una frivolidad que no podemos permitirnos.

La diferencia está en “vivir la vida” o, simplemente, “pasar por la vida” dejándonos llevar. Ciertamente, venimos a la vida sin que nadie nos pregunte si queremos o no nacer. Nadie nos coloca un “manual de instrucciones” debajo del brazo diciéndonos qué debemos o no hacer, y qué podemos o no esperar.

Tal y como dirían los existencialistas, nos encontramos “arrojados”, “implantados” en la existencia. Sin embargo, a pesar de ello, sí que podemos descubrir una serie de “pistas” mirando en nosotros mismos y en los demás.

La vida es algo así como un viaje cuya meta es la felicidad; y hacia ese objetivo vamos.


 

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