Rincón literario
Había una vez, un niño que se llamaba Pablo. Tenía 10 años e iba a empezar el quinto curso. Tenía muchas ganas de ver a sus amigos y preguntarles adónde se fueron de vacaciones.
-Eh Marta, ¿adónde te fuiste de vacaciones?
-Me fui a Madrid –respondió Marta.
-¿Dónde está Pedro?
-Está mirando como un loco a una niña nueva que no sé cómo se llama.
Entonces, Pablo fue a ver a Pedro. Cuando le encontró le dijo:
-¡Pedro! ¿Adónde te fuiste de…? ¿Pedro?
Le pasó la mano por delante y… Esto era demasiado. Ni siquiera parpadeaba. Entonces fue a ver a Marta de nuevo, y le dijo:
-¡Qué asco! Se le estaba cayendo la baba.
-¡Ajj! Eso es mucho. Me gusta el amor, pero no me gusta esto -respondió Marta cruzándose los brazos.
De repente, Pablo puso los ojos como platos y dijo:
-¡Tengo una idea!
-¿Cuál es? –preguntó Marta.
-Yo, intentaré que le diga cosas agradables y tú, le dices a la niña lo amable y cariñoso que es Pedro.
Pablo se dirigió a Pedro y le dijo:
-Te ayudaré a que te quiera esa chica.
María, otra amiga de Pablo, vino corriendo y dijo que la niña nueva se llamaba Manuela. Pablo le escribió el texto de una carta decorada con flores que decía así:
“Manuela, Manuela, eres la mas bella.
Eres como un ángel revoloteando
al rededor de mi corazón.”
Pero, Pedro no leía muy bien y cuando se puso a leerla a Manuela sonó así:
“Madreña, Madreña, eres la más fea.
Eres como un ancla revoloteando
al radiador de mi salón.”
Tras escucharle con atención, Manuela dijo:
-Ya sé que eso lo ha escrito Pablo. Pero yo quiero saber cómo eres tú.
Al día siguiente, vieron que Pedro estaba caminando de la mano de Manuela.
Y Pablo dijo:
- ¡Éste es nuestro Pedro!
Sara García, 6º E.P.
18-Noviembre-2008
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